Críticas

El orden público

¡… Y a Dios que me perdone!

Angel Muñiz. República Dominicana, 2017.

Cartel de la película ¡...Y Dios que me perdone!Una especie de película manifiesto, con una proyección ideológica bastante evidente,  circula por las redes sociales desde finales de febrero. ¡… Y a Dios que me perdone!, el último filme de Ángel Muñiz se ha convertido en poco tiempo en un éxito de clics, con más de 50.000 visualizaciones, al ofrecerse de forma gratuita online. El filme destaca por estar inserto en esa cantera tan escasa del cine dominicano que se ocupa de problemáticas de orden sociológico de una forma crítica. Estrenada en la televisión nacional el 26 de febrero, a través del canal Color Visión –algo inédito en el país–, la historia complementa, de forma bastante certera, las diversas denuncias que han surgido espontáneamente del pueblo dominicano y que catalizaron en la multitudinaria marcha del 22 de enero.

¡… Y a Dios que me perdone! es una cruda fábula social que retrata de forma bastante verosímil la situación que se vive actualmente –aunque no es nueva– en la isla de Santo Domingo. Los problemas de la filtración de la delincuencia en los estamentos del orden público, la delincuencia organizada desde las clases poderosas, la impunidad de los criminales de cuello blanco, la corrupción, el narcotráfico, la situación de pobreza extrema, las malas condiciones de los sistemas sanitarios, educativos, la precariedad de los servicios básicos; y en consecuencia, la deshumanización que sufre la sociedad y con ella, sus ciudadanos, ante condiciones de vida que ponen a prueba todas las fronteras.

Toribio es un sargento de la policía nacional que vive en condiciones precarias de pobreza. Su esposa padece un cáncer y el tratamiento que requiere es muy costoso, por lo que este policía –en otro contexto hombre de grandes méritos– se ve obligado a cometer delitos de diversas calaña para lograr mantener con vida a su esposa. La ejecución no será problema, ya que vive inmerso en la cotidianidad de un barrio periférico del Gran Santo Domingo, donde las opciones de cometer actos criminales y ganarse la vida deshonradamente son múltiples, casi un mandato social. Conocido fue el reciente caso real del ex raso Dauryn Muñoz, que protestó por las condiciones en que trabaja la policía nacional y fue cancelado por “mala conducta”, para terminar haciéndose más famoso aún, junto al rapero Eduardo Sánchez Tolentino (Piro), en el controversial videoclip Sueldo Cebolla –que se puede ver en el canal de youtube del rapero El Piro RD–, donde expresaba que ser policía en la Isla era un suicido, a la par que denunciaba las condiciones en que viven y trabajan aquellos que están supuestos a defender el orden público.

Y que Dios me perdone, cine dominicano

La estructura del filme responde a una trama central, la historia de Toribio, otro policía en situación de precariedad, aunque en realidad es un entramado de múltiples historias que convergen en una serie de relaciones causales. En el filme se aclara que está basado en hechos reales, aunque al final intenta deslindarse de cualquier parecido con el entorno y el tono en que se encuentra, en clave de acción melodramática, por momentos también pergeña la alienación. No obstante, sus personajes y situaciones están muy cerca de una realidad social que solo es comprensible desde el propio contexto,  llegando en sus diálogos –en ocasiones articulados a modo de alegato– a tener momentos de notable lucidez política y social.

Uno de los grandes aciertos de Muñiz con este filme es lograr la polifonía que está implícita en una situación social de la magnitud de la que se vive hoy en la República Dominicana. Cada ciudadano crea su barrera y detrás de la misma se lanzan las culpas como flechas al bando contrario o quien consideramos el culpable. Dentro del caos, la desunión civil y los intereses personales, ganan la partida en un juego donde todos somos verdugos. Sin embargo, el filme logra mostrar cómo, en realidad, estas situaciones son poliédricas, tienen múltiples rostros y motivaciones, y que las culpas se reparten entre el dominio desatado de la precariedad vital y la ambición de poder de unos pocos que ostentan las riendas de un país que se mal gobierna como un negocio privado.

Y a Dios que me perdone!

¡… Y a Dios que me perdone! es uno de los dramas sociales más interesantes que se han presentado en los últimos tiempos, sobre todo por la pluralidad de situaciones que presenta. Aunque en ocasiones las situaciones tipo se proponen un tanto hieráticas, excediendo el tono dramático y estableciéndose un axiomático interés instructivo, el filme, a grandes rasgos, presenta una buena factura. Las actuaciones encabezadas por la familia protagonista: Toribio (Johnnie Mercedes), Claudia (Clara Luz Lozano) y la hija María (Akhuarella Mercedes), logran sostener el tiempo fílmico, destacando entre los secundarios los personajes del bajo mundo, como Plomo (Gerardo Mercedes), en los que se siente una mayor libertad expresiva, o el singular personaje de Francisco Viau (Jean Jean), un oportunista de la peor calaña.

Con este filme, Ángel Muñiz rompe una inactividad de casi una década. Actor de Un Pasaje de Ida, de Agliberto Meléndez (1988), de los pocos clásicos dominicanos que han sobrevivido el olvido y la negligencia en la conservación y cuidado del patrimonio fílmico nacional, y autor de algunas de las películas más taquilleras del cine nacional, como Nueva Yol (1995) o Perico Ripiao (2003), su regreso es, sin dudas, una excelente noticia dentro de este renacer del cine dominicano que ha venido forjándose desde la entrada en vigor de la Ley de Cine. Nuevos lenguajes, nuevos temas, nuevos y ya consagrados directores para vigorizar una industria que necesita más arte y menos maquinaria.

Ficha técnica:

¡… Y a Dios que me perdone! ,  República Dominicana, 2017.

Dirección: Angel Muñiz
Duración: 104 minutos
Guion: Angel Muñiz
Producción: Estudios Quitasueño
Fotografía: Sebastian Cabrera Chelin y Peyi Guzman
Música: Pin Bencosme
Reparto: Johnnié Mercedes, Clara Luz Lozano, Akuharella Mercedes, Jean Jean, Tony Sanz, Francisco Cruz, Shailyn Sosa, Miguel Ángel Martínez, Yamile Schecker, Pepe Sierra, Geraldo “el cuervo” Mercedes, y Héctor Sierra.

Una respuesta a “¡… Y a Dios que me perdone!”

  1. Muy buena la critica, pese a que prescindes de abundar en elementos técnicos y demás gajes del oficio, sin duda alguna el abordaje empático que haces de la película, su contexto y su director, es muy certero.

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