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XV Festival Internacional de cine de Morelia

Festival_MoreliaDel 20 al 29 de octubre, la bella ciudad de Morelia se vistió de fiesta y glamour para la celebración de su 15º Festival Internacional de Cine. Sus calles empedradas, sus interesantes edificios, sus animados cafés fueron punto de encuentro entre espectadores cinéfilos, invitados especiales y jóvenes realizadores, unidos todos por su gran amor compartido por el séptimo arte.

Con los años, el Festival ha ido creciendo y ampliando su repertorio y sus secciones. En competencia se presentaron la Sección Michoacana, de cortometraje Mexicano, documental mexicano y largometraje mexicano. Asimismo se suele proyectar desde 2003 lo mejor de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, algunas veces con la presencia de realizadores y protagonistas.

Este año se contó con personalidades reconocidas del medio, entre ellos el aclamado director, guionista y actor húngaro Béla Tarr, quien fungió como presidente del Jurado para la sección de largometraje mexicano, acompañado por Charles Tesson –director de la Semana de la Crítica de Cannes-, y el realizador rumano Cristian Mungiu, entre otros.

Por otro lado, se contó con la participación de Guillermo del Toro, quien presentó su reciente trabajo, La forma del agua, e impartió conferencias magistrales ante estudiantes entusiasmados. Y con el ex vicepresidente Al Gore como invitado especial para presentar su nuevo documental Una verdad incómoda, la secuela, dirigida por Bonni Cohen y Jon Shenk.

De los largometrajes de ficción mexicanos en competencia, se reconoció con el Premio del Público a Los adioses, de Natalia Beristain, una cinta que aborda la problemática de la posición de las mujeres en un mundo de hombres, apoyándose en la figura de la escritora Rosario Castellanos, quien fue capaz de romper paradigmas y propiciar cambios. Este acercamiento se basó en una dedicada investigación por medio de entrevistas a personajes cercanos a la escritora, entre los que se encuentran Elena Poniatowska, Juan Villoro y Samuel Gordon.

the-goodbyes

El mensaje que Beristain desea enviar es el del valor y coraje que las mujeres deben engendrar, para aprender a brillar en un medio ambiente masculino. La imagen que se presenta de Rosario es su lado femenino y su vida como la de cualquier mujer, con sueños, deseos y decepciones, y no como una escritora lejana y famosa.

El Ojo al Mejor Largometraje Mexicano se otorgó al filme Oso polar, de Marcelo Tobar, que causó gran impacto por ser una propuesta novedosa, ya que está filmada en su totalidad mediante un iPhone 5, con una lente anamórfica y una aplicación llamada Filmic Pro, lo cual demuestra que en estos tiempos, cuando hay un buen guion, los medios económicos ya no son pretexto, y que las buenas ideas encuentran el camino para realizarse, a pesar del presupuesto.

La temática que se plantea es la del bullying, relatando el encuentro de unos amigos que viajan juntos hacia una reunión de ex alumnos, y durante el road trip resurgen y se repiten ciertas dinámicas que fueron determinantes para su formación como personas.

Oso_polar

A su vez, la cinta Ayer maravilla fui, de Gabriel Mariño Garza, se galardonó con el Ojo al Mejor Primer o Segundo Largometraje. Una historia romántica filmada en blanco y negro, que retrata a un personaje solitario que habita en la sobrepoblada Ciudad de México, y que cambia de cuerpo de manera constante y sin poder controlarlo. Dejando claro que el amor trasciende el cuerpo físico o el género, y que el enamoramiento implica más la esencia y el espíritu. Es una profunda reflexión sobre la soledad y el desamor.

Sinvivir, de la directora AnaïsPareto Onghena, fue otra cinta en competencia que obtuvo un buen recibimiento. Es un trabajo interesante, que muestra la complejidad de la depresión y el valor de la amistad. Con una muy buena dirección de actores, que significó un Ojo como Mejor Actor para Pedro Hernández por el papel de Jairo, un ebanista que recibe a su amigo en su casa porque se separó de su mujer, y éste viene acompañado de su primo al que debe de cuidar porque acaba de intentar suicidarse.

Sinvivir

Por su parte, Cuadros en la oscuridad, de Paula Markovich, es un homenaje a la obra pictórica de su padre, y la curaduría es el gran mérito del filme. Que habla de las inclemencias y la crudeza de la vida en una comunidad marginada, y del encuentro o comunión entre Luis, un niño y Marcos, un pintor de edad avanzada que unen sus soledades una amistad extraña. Markovich utiliza encuadres cerrados, acercamientos a los rostros desganados del pintor y los ojos traviesos del rebelde joven. También maneja la cámara en movimiento la mayoría del tiempo, denotando inquietud y ansiedad. Todas las pinturas que se muestran son reproducciones de la obra de su padre, ante la reflexión de la realizadora sobre lo que los seres humanos dejamos en el mundo tras nuestra partida.

Casa Caracol, otro largo en competencia, dirigido por Jean-Marc Rousseau Ruiz, plantea una idea llamativa, sin embargo con ciertas inconsistencias en el guion. El argumento nos presenta a Sofía, una mujer que decide alejarse de la ciudad en busca de paz y descanso en el hotel Casa Caracol, donde trabaja su amigo Nico, con quien se involucra sentimentalmente, y mientras ella está en un proceso de búsqueda interior y autoconocimiento, la adversidad la encuentra primero. La violencia que amenaza a los protagonistas es un reflejo de la situación que vive el país, pero trasladada a un microcosmos en un pequeño hotel de Jilitla, un pueblo de San Luis Potosí. En entrevista con la prensa, Jean-Marc comenta que se siente más cómodo con los personajes femeninos, por lo que la construcción de su protagonista la elaboró minuciosamente. Por cuestiones de presupuesto el proyecto tomó años en realizarse, y estuvo listo apenas unos días antes del festival.

Como Mejor Largometraje Documental se premió a Rush Hour, realizada por Luciana Kaplan, que toma a tres distintas mujeres que pasan horas en el tráfico para llegar a sus trabajos, en ciudades de las más complicadas del mundo: la Ciudad de México, Los Ángeles y Estambul.

El FICM tiene ya una larga tradición en cuanto a ser sede de estrenos internacionales, y asimismo, la de proyectar antes que nadie, en México, filmes que quizá formarán parte de la muestras de cine, y sólo algunas pocas llegarán a salas comerciales.

En esta ocasión pareciera que por coincidencia uno de los temas abordados por varias de las películas, se centró en familias disfuncionales, en las que los niños son las víctimas de los vicios y fallos de los adultos, dejando para la reflexión el cuestionamiento sobre el comportamiento a veces tan infantil, inmaduro e irresponsable de los adultos de nuestro tiempo, dejando a la siguiente generación en una posición sumamente vulnerable, y en algunos casos severamente afectada, física y emocionalmente.

Loveless

Por ejemplo, en este hilo temático se pudo disfrutar en la sección de largometraje internacional de ficción, de la cinta Loveless, de Andrey Zvyagintsev (Elena, 2011; Leviathan, 2014). Un filme desgarrador que nos habla de rupturas, de fractura familiar, de un divorcio violento en el que se descuida el bienestar de un niño, que sin tener la culpa de nada resiente las consecuencias de la falta de compromiso, de la irresponsabilidad y egoísmo de unos padres que le fallan en todos los aspectos de su vida.

De igual forma, como un retrato de los conflictos de una familia burguesa disfuncional, Happy End, de Michael Haneke, fue otro de los estrenos más esperados presentados por el Festival. Una cinta filmada en Francia, que cuenta con la participación de Jean-Louis Trintignant como Georges, el patriarca octogenario y cansado de la vida, y como sus hijos Anne (Isabelle Huppert), y Thomas (Mathieu Kassovitz).

En su tono irónico cargado de sarcasmo, aunque no con la certera puntería de trabajos anteriores, Haneke es capaz de radiografiar a sus personajes y sus vicios más ocultos, mostrando crudamente cómo unos pagan por los descuidos y egoísmo de los otros, dejando en el espectador un aire desalentador ante la falta esperanzas para los más jóvenes, que se sienten decepcionados de sus adultos. Así tenemos a Fantine Harduin en el personaje de Eva, como otra víctima del descuido de sus padres, con una insensibilidad defensora y una personalidad enigmática. Por otro lado, aprovecha Haneke para enviar, en algunos momentos, una sutil crítica al racismo, a los estereotipos y a las diferencias de clases.

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Otro de los estrenos importantes fue el de Yorgos Lanthimos, con su filme The Killing of a Sacred Deer, una historia fuerte y perturbadora sobre la venganza por mano propia. Steven (Colin Farrell), un doctor, su mujer Anna (Nicole Kidman) y sus dos hijos se ven amenazados por Martin, el hijo de uno de sus pacientes que muere en la plancha de cirugías. En una especie de justicia ciega, el muchacho reclama la muerte de un integrante de la familia para estar a mano, como comenta “es lo más parecido a la justicia en que puedo pensar”, valiéndose del argumento del “ojo por ojo”. Mientras, los integrantes de la familia actúan sin emociones, hablan en un mismo tono y se mueven como poseídos por un embrujo que no les permite escapatoria.

Se trata de un trabajo impecable, una historia oscura que suma el terror a la tragedia griega, y mantiene en completo suspenso al espectador, martirizándolo con la estridente y cada vez más enérgica música, y llevándolo a través de tomas imposibles y planos descabellados, para incrementar la atmósfera irreal que rodea la película.

Continuando con familias realmente trastornadas, Suburbicon, dirigida por George Clooney, pero con la impronta inconfundible de un guion de los hermanos Coen, nos transporta a los años cincuenta para urdir una fuerte crítica contra las familias acomodadas, que se agrupan en el lujoso y paradisiaco vecindario Suburbicon, que se dan golpes de pecho y no aceptan a los nuevos vecinos por ser de color, pero demuestran que ellos son los incivilizados a niveles bestiales.

Nos regala, aparte de momentos de humor negro cargado de sarcasmo, unas muy buenas actuaciones tanto de Matt Damon como de Julianne Moore, pero sobre todo del pequeño actor Noah Jupe, un niño más, víctima de los mayores, quien con su sola mirada transmite la angustia y la afectación a la que se ve expuesto por las tomas de decisiones de su padre.

Otra de las realidades actuales reflejadas en el Festival, es la de los inmigrantes sirios, que cargados de esperanzas buscan un refugio y una vida mejor en cualquier parte que les brinde alguna oportunidad. Esto se pinta claramente en la cinta The Other Side of Hope, del director finlandés Aki Kaurismäki, quien con su ojo crítico y a la vez con toques de humor negro, nos presenta este problema latente a través de la historia de Khaled, un joven sirio que llega a Finlandia escondido en un barco, con la intención de pedir asilo. Cuando se le niega, se ve obligado a escapar y trabajar de ilegal en el restaurante de Wikström, un personaje entrañable que apoya a Khaled en la busca de su hermana.

En cuanto a los recursos estilísticos que imprime Kaurismäki, vemos que colma la pantalla de llamativos colores, su paleta es estridente, viva y excéntrica; además llena los espacios con música típica, con cantantes callejeros que entonan canciones pegajosas; y su cámara acentúa con nitidez el primer plano, mientras lo de atrás se queda fuera de foco. Por otro lado, la simetría y las diagonales se utilizan constantemente a lo largo de la película, haciendo todo esto en conjunto un filme muy atractivo para ver.

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Rondando nuevamente el tema de los adultos sin rumbo ni dirección en su vida, la crisis de mediana edad cargada de conflictos emocionales y existenciales, se presentó la cinta Un Beau Soleil Intérieur, protagonizada por Juliete Binoche. Una cinta realizada especialmente por mujeres, en un tenor muy femenino, dirigida por Claire Denis, escrita por ella y su coguionista Christine Angot. Es un retrato sobre lo complicado de las relaciones íntimas y sociales, la dificultad de la comunicación personal, de la tremenda soledad que se puede sentir aún viviendo en una ciudad tan poblada y con tanto movimiento como París. Binoche es Isabelle, una artista divorciada, que no logra establecer una relación formal y duradera, y está en una constante búsqueda de amor, de cariño y compañía, tropezando una y otra vez con malas experiencias.

Denis construye un personaje complejo, lleno de cambios y altibajos, que lo mismo causa risa, compasión o enojo ante su ingenuidad, y Binoche sin duda fue la mejor apuesta para llevarlo a cabo, ya que lo hace estupendamente bien. La aparición de Gérard Depardieu en tan singular personaje es uno de los grandes aciertos del filme.

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Por último, una de las cintas más disfrutables del festival (mi favorita), la entrañable Call Me by Your Name, del director Luca Guadagnino. Es una historia que narra un amor de verano, mostrando la inocencia, la pasión y el juego, en un despertar del primer amor entre Elio Perlman (Timothée Chalamet), un joven adolescente de 17 años, y Oliver (Armie Hammer), un estudiante de 24, invitado a la casa familiar a trabajar con su padre, el reconocido profesor Perlman (Michael Stuhlbarg).

La construcción del argumento y cómo se presenta visualmente es un verdadero agasajo, y los paisajes de la Riviera italiana bellamente fotografiados, un deleite. La música ochentera, de acuerdo a la época que se presenta, acompaña el desarrollo de los acontecimientos de manera certera y emotiva. Todo se conjuga para que el resultado sea poderoso, conmovedor hasta las lágrimas e imborrable.

 

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