Críticas

Estado gaseoso

Uno, dos, tres

One, Two, Three. Billy Wilder. EUA, 1961.

Cartel de la película Uno, dos, tresMil destellos de risas y carcajadas. El Big Bang de optimismo e ironía, donde la seriedad está vetada frente a una vorágine de comicidad absoluta. Es una vuelta de tuerca, una idea magistral, una refrescante bocanada de oxígeno, nitrógeno y gases nobles, capaz de indagar y explicar en el miedo, la confusión y los cambios que se produjeron en una Europa compungida tras las catástrofes de la Segunda Guerra Mundial.

Un vistazo reflexivo lleno de una valentía coronada por la imaginación y la sinceridad. Una cinta que narra sin narrar, una especie de perro del hortelano pero “haute couture” creado en las tierras desérticas de Hollywood. Un, dos, tres es una historia perfectamente orquestada, cargada de una genialidad de locura tras locura, contradicciones simbólicas, que multiplican al cuadrado las puntadas de cinismo de esta cinta. Una obra en blanco y negro, tan ácida y magnífica que sólo podía estar firmada por Billy Wilder.

Un material exitoso, original, un ejemplo claro del poder cinematográfico de la comedia. Una cinta alocada, tremenda, ¡sin descanso dominical!, pues escena tras escena y taconazo tras taconazo, las escenas se suceden siguiendo las campanas de un simpático e impasible reloj de cuco. El film tiene una estructura que está compuesta por actos sin aliento, imposibles sesiones de locura que aunque provienen de experiencias humanas reales, están decoradas con el hechizo de la genialidad de la abstracción; es el summun de la imaginación, pero supeditado siempre a la pureza de la vida.

On, Two, ThreeEl verdadero motor de esta película es el humor, pues con precisión germánica, Wilder ha sido capaz de esconder todos sus chistes tras una velada cortina satinada. Todos los elementos trascendentales de humor (frases como cuchillas de afeitar, secuencias disparatas, situaciones absurdas pero simbólicas) están destinados a originar acontecimientos narrativos que impulsan la acción. Con una ambientación dual, donde el humor está compaginado con elementos serios y de importancia vital, el largometraje consigue una naturaleza aún más desvergonzada, pues los golpes de efecto son agudas explosiones que se mofan de la realidad. Una estructura estudiada al máximo para conseguir un desenfreno total y trastornar las emociones, y así lograr torbellinos de alegría en un mundo recluido entre muros de ideología opacos.

Magistrales moléculas de temperamento y comicidad son las únicas capaces de acabar con una sociedad velada, donde el amor y los sentimientos parecen estar prisioneros frente al poder opresor de creencias políticas. Una buena dosis de extravagancias, un dulce caos y un desenfreno alocado, muestran que la comedia puede adentrarse en las sombras de las normas y los deberes. La potencia de las casualidades de este género ocasionan una marcha gloriosa sobre la opresión de las convecciones y los valores positivos producen una corriente sensacional directa al corazón del espectador. Un himno de desahogo y de euforia, una forma diferente de evidenciar la opresión a la que está sometida el ser humano.

Fotograma de Uno, dos, tresLa composición del guión, sus diálogos y sus significados ocultos están moldeados para que produzcan la auténtica revolución en la vida de los personajes. La creación de obstáculos, tan creíbles como imposibles, está medida con precisión para estar a la altura de la fuerza de los momentos chistosos. De esta manera, la lucha entre lo positivo y lo negativo produce una reacción en cadena donde resaltan las explicaciones y las soluciones. Siempre en tono jocoso, el esquema orquestado va más allá de la propia comedia, pues todas las tramas subyacentes son como una sombra incansable que muestra los diferentes niveles de desasosiego por los que tiene que pasar cada figura. Por todo esto, es importante que la sucesión de hechos se precipite velozmente, ya que de esta forma se consigue la auténtica explosión de esta película. Un enredo histórico, un espejo parabólico de la sociedad, un diario íntimo; un largometraje apetecible por todas las capas sustanciales que se esconden en su interior. Una narración que, a pesar de navegar por aguar turbulentas, obtiene su recompensa en brazos de un happy ending de alta alcurnia.

Un “in crescendo” absoluto que se sustenta bajo los parámetros de un diseño clásico, donde el protagonista debe aguantar el peso de la historia. Con unos diálogos rápidos y ocurrentes, cargados de acidez, el personaje principal se desarrolla de forma armoniosa hasta encontrarse frente a la resolución de todos sus problemas. Un boceto armonioso, que logra un todo perfecto que se sucede de manera espontánea, gracias a la potencia de la personalidad del protagonista. Un ser activo, una fuerza gravitatoria, que lucha incansablemente contra sus propios molinos manchegos; fuerzas antagónicas que se multiplican como los panes y los peces, cuyo fin es mostrar el verdadero camino hacia la ansiada resolución final. Es una lucha escondida tras las barras, las estrellas, los martillos y las hoces, ya que en realidad es la odisea del protagonista, que se expande sigilosa por la hilaridad de los acontecimientos. Un romance excéntrico y sin precedentes sobre la Guerra Fría, el consumismo y la ambición. Una historia profética. Una película inimitable y original, que marcó el principio de un nuevo comienzo para el género de la comedia. Una forma audaz y enloquecedora de mostrar al mundo la riqueza audiovisual y formal de este impresionante género cinematográfico. Sólo alguien como Wilder podía crear una nueva criatura, tan especial, tan sincera, tan soberbia.

Un, dos, tres, de Billy WilderUno, el equilibrio de las fuerzas positivas y negativas de esta película resulta claramente evidente, una cualidad indispensable para crear el final deseado. Dos, la atmósfera y los problemas crecientes de esta cinta son moléculas imperativas para que se produzca la ascensión simbólica del protagonista. Tres, el clímax y la resolución final están repletos de significado, una revolución profunda que arrebata las emociones y produce empatía.

A veces no es oro todo lo que reluce, pero otras veces es nitrato de plata de ley. Una pureza absoluta, sin baños de color ni simulados revestimientos marmóreos. Una joya atemporal, un chiste ingenioso, puro e inmejorable. Es la vida misma, vista desde la sagacidad, con un ligero tañido de agresividad ideológica y plagada de una exaltación seductora.

Tráiler:

Ficha técnica:

Uno, dos, tres (One, Two, Three),  EUA, 1961.

Dirección: Billy Wilder
Guión: Billy Wilder & I.A.L. Diamond
Fotografía: Daniel L. Fapp (B&W)
Música: André Previn
Reparto: James Cagney, Pamela Tiffin, Horst Buchholz, Arlene Francis, Liselotte Pulver, Howard St. John, Hanns Lothar, Leon Askin, Ralf Walter, Karl Lieffen, Hubert von Meyernick

Cus Blesa Portela

 

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