Críticas

La otra cara del poder

Todo el dinero del mundo

All the money in the world. Ridley Scott. EUA, 2017.

Cartel de la película Todo el dinero del mundoTengo una relación complicada con el cine de Ridley Scott. Hay veces que si me preguntan quién es mi director de cine favorito, y me pilla con la guardia baja, conteste que es el veterano artista. Claro, luego, una vez en frío, se pone en perspectiva la larga carrera de Scott y la cosa se tambalea hasta el derrumbe. Me puede la pasión por alguna de sus primeras obras, y lo mío con Alien (Ridley Scott, 1979) y, sobre todo, con Blade Runner (Ridley Scott, 1982), rebasa las fronteras del fanatismo. Pero, a pesar de este amor incondicional por esas películas, hay que admitir que, en global, la filmografía de Ridley Scott es poco menos que irregular.

Con Todo el dinero del mundo hay que reconocer una cosa a esta leyenda del séptimo arte: Ha conseguido perpetrar una película muy digna a una edad en la que la mayoría está jubilado. Los 80 años a las espaldas de Scott se traducen en este filme en experiencia, control, estilo propio, personalidad y buen hacer. La elegancia marca de la casa es dueña de cada fotograma, y el talento visual que define su obra alcanza un magnífico punto de encuentro entre el sabor clásico y las exigencias narrativas del siglo XXI.

Bien es cierto que el resultado de Todo el dinero del mundo está muy lejos de los alardes visionarios que cambiaron la historia del cine con aquellos trabajos de juventud. A estas alturas, Scott renuncia a los fastos y a la creación de mitologías imperecederas, y apuesta por conceptos más directos. Otra cosa es la envergadura de la puesta en escena, pero Scott ofrece más efectividad que trascendencia. Eso no es malo en principio, por supuesto, y buen ejemplo es Todo el dinero del mundo de lo bueno que es capaz de dar este director.

Atrás quedan sus fangoso retorno a la saga Alien, cuya última entrega Covenant  (Ridley Scott, 2017) daba muestra de la buena forma en la que se encontraba el director en el aspecto visual (que no quita que el resto de componentes de la película sea un cúmulo de despropósitos). En Todo el dinero del mundo regresa a otro formato que también ha generado buenas sensaciones entre director y espectador, el relato con tintes de serie negra. Para la ocasión, Scott hace suyo como ficción el relato real del secuestro del joven Paul Getty, heredero de la inabarcable fortuna familiar acumulada por el siniestro magnate del petroleo John Paul Getty. Compone un vistoso escenario de drama humano donde entran en conflicto las turbias relaciones familiares con la ambición, aderezado con el papel de una sociedad hambrienta de morbo encarnada en los periodistas buitre que sobrevuelan la desgracia.

Todo el dinero del mundo, fotograma

La película partía con polémica extracinematográfica, con el destierro de Kevin Spacey de cada fotograma protagonizado por él, a raíz de los escándalos que han rodeado al actor. Quizá nunca sabremos como fue la encarnación del poderoso John Getty en manos de Spacey, pero, desde luego, la demostración de fuerza por parte de Christopher Plummer es apabullante. Convierte a su personaje en la gran columna vertebral de la propuesta, dotando de matices a la mezcla entre el poder absoluto que parece representar su figura y la debilidad senil de un carácter crepuscular, sumido en un delirio de paranoia, control y sometimiento. Manipulador, obsesivo, moldeado a partir de la perversa visión del mundo que ha movido cada paso hacia la gris cima del éxito, el personaje de Getty hace las veces de fuerza de la naturaleza capaz de pasar por encima de ríos de sangre con tal de que se cumpla su voluntad.

El resto del reparto lo tiene muy complicado para hacer algo de sombra al despliegue de Plummer, pero cabe destacar el contrapunto ofrecido por Michelle Williams como la abnegada madre del secuestrado. La dignidad en el desespero por su relación con el apellido Getty constituye un personaje poderoso, auténtico David contra el Goliat Getty, sometida a la maldición de la sangre y los designios de un hombre acostumbrado a imponer sus designios.

Ridley Scott ha sacado lo mejor de sus autores, deja atrás la polémica y deja un John Paul Getty para el recuerdo: un hombre trastornado por el poder, que ha sustituido el amor por la posesión, misántropo y lleno de indiferencia ante el sufrimiento humano. Además, como decía al principio, el laureado director ofrece alguno de sus momentos inspirados para el aspecto técnico de la película, plagada de aciertos hasta la brillantez de algunos momentos específicos. El aspecto sombrío y gris empuja a la melancolía que sostiene la apuesta visual, e incluso alcanza cierto espíritu gótico cuando entramos en la mansión Guetty, un palacio convertido en la armadura de su señor ante el resto del mundo, un mausoleo adornado de exceso que no camufla el vacío y la falta de alma.

al the money in the world

El retrato de los años 70 constituye un marco estudiado con intuición, y las decisiones de Scott en los cambios de ritmo de aprecian en el cuidado montaje, perfecta traducción del ritmo sosegado pero insistente utilizado por el maestro.

Se puede achacar la falta de algo de emocionalidad en el resultado, pero es que el cine de Scott no es precisamente una muestra de pasión desenfrenada. En su estilo, salvo excepciones, prima lo racional, la naturaleza reflexiva de las imágenes, la puesta en escena cerebral y ordenada, aunque se trate de alucinadas visiones del horror. En un drama de tanta importancia humana, Scott ha decidido delegar en las convincentes actuaciones de los protagonistas esta obligación de conectar con el público, mientras el se hacía cargo de los detalles de la contundente ambientación. El resultado es una gran película. No memorable, pero que se acerca a los grandes aciertos del Scott reciente, en el mismo escalón que American Ganster (Rudley Scott, 2007)

Es un placer comprobar que los grandes siguen manteniendo el tino. Todo el dinero del mundo es la demostración de que ciertos clásicos son incombustibles, a pesar de los traspiés.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

Todo el dinero del mundo (All the money in the world),  EUA, 2017.

Dirección: Ridley Scott
Duración: 132 minutos
Guion: David Scarpa
Producción: Imperative Entertainment / Scott Free Films / TriStar Productions / RedRum Films
Fotografía: Dariusz Wolski
Música: Daniel Pemberton
Reparto: Michelle Williams, Mark Wahlberg, Christopher Plummer, Romain Duris, Charlie Plummer, Timothy Hutton, Charlie Shotwell, Andrea Piedimonte, Marco Leonardi, Roy McCrerey, Kit Cranston, Maya Kelly, Stacy Martin, Olivia Grant, Adam Astill, Andrew Buchan, Charlotte Beckett, Francesca Inaudi, Giulio Base, Olivia Magnani, Maurizio Lombardi

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