Críticas

La danza del aquelarre

Suspiria

Luca Guadagnino. Italia, 2018.

Cartel de la película Suspiria (2018)Suspiria (Darío Argento, 1978), la obra original de Argento, es algo más que una simple película. Es la búsqueda de la estética de la violencia, psicodélico descenso a los infiernos que ponía en la vanguardia del cine de horror a su director. Por supuesto, no es una película perfecta, pero el poder de fascinación que ejerce sobre el espectador hace que se obvien los tropezones, a cambio de la hipnótica experiencia que es el visionado de esta película, incluso tantos años después.

Luca Guadagnino afronta el reto de la puesta al día de este clásico de culto, armado con una nueva visión, a priori, tan obsesiva y malsana como la que nos propuso Argento en el original. Volvemos, bajo las garras del aquelarre, a los secretos ocultos en los susurros de un mal que acecha desde el principio de los tiempos. ¿Ha conseguido el director italiano una obra a la altura de la ilustre predecesora?

Guadagnino ha conseguido el complicado consenso de crítica y público gracias a la aceptación masiva de su atrevido anterior proyecto, Call me by your name (2017). Dotado de prestigio como director, se gana el derecho a la osadía, a lanzarse a la aventura, incluso de sorprender al espectador por este giro inesperado en su carrera, adentrándose sin ningún  tipo de complejo en los procelosos y, en ocasiones, desagradecidos, caminos del horror.

Tilda Swinton en Suspiria

La nueva Suspiria juega con elementos muy similares a los que hicieran famosa aquellos juegos entre luz y oscuridad plasmados por Argento en la pantalla. Los espacios, la intensidad del trabajo de contrastes, personajes como títeres en manos de un director obsesionado con el movimiento, ambiente de malignidad respirable en cada grieta de la escuela de danza, una especie de mansión gótica urbana, a medio camino entre el recuerdo mohoso y la modernidad luminosa.

Se nota que hay respeto reverencial por el origen de esta historia de brujería moderna. Guadagnino conoce los recovecos de la escuela como la palma de su mano, y plantea la reescritura de Suspiria bajo sus propias reglas, con un ojo puesto en el pasado. El director se mueve con elegancia entre el homenaje y la ruptura. Reconozco la valentía del creativo italiano, admito que ha construido su propia visión, su película, sin medias tintas, caiga quien caiga. El problema es que el resultado está muy lejos de las intenciones, y Guadagnino deja para el recuerdo una película desequilibrada, confusa y falta de ritmo, a pesar del imponente ejercicio de estilo que es en esencia el encontronazo con el clásico de Argento.

Fotograma de Suspiria

Es curioso, porque uno de los argumentos esgrimidos por Guadagnino y su equipo a la hora de afrontar Suspiria es la queja por la falta de coherencia, de sentido, de gran parte de la acción de la original. En parte, hay que dar la razón al director italiano. La Suspiria de los 70 es, en general, de una simplicidad que asusta, pero esto no es novedad en la globalidad del cine de Argento, pendiente de la estética por encima  del contenido.

Es terrible, entonces, que el acabado de la Suspiria de Guadagnino sea tan abracadabrante, tramposo y neblinoso, tan falto de sentido, más allá de la orgiástica explosión de movimiento y hemoglobina que es el final de la película. Guadagnino cae en los mismos agujeros, en los mismos tropezones que su ilustre predecesor. Lejos de aclarar nada, Guadagnino presenta un mejunje en ocasiones indigesto, donde no queda nada claro qué nos quiere contar el director. Los cambios introducidos quedan en nada, puesto que algunas subtramas están incrustadas en la historia sin mucho fuste. El Berlín fantasmal previo a la caída del Muro es un escenario desaprovechado, al igual que la tensa situación política que se nos muestra como parte esencial de la construcción de Guadagnino, aunque queda como una excusa, una necesidad de ambientación , no como parte indeleble del conjunto.

Estos bailes en la cuerda floja quedan a la vista por la excesiva duración de la película, un chicle estirado hasta el aburrimiento, por culpa de un director incapaz de medir los tiempos, obsesionado consigo mismo y las posibilidades visuales de su estilo. La belleza de la propuesta se diluye por el exceso de confianza de Guadagnino. Del movimiento y el buen gusto, incluso en los momentos de violencia explícita y salvaje, pasamos a lo pretencioso y aburrido. El segundo acto es, directamente, soporífero y, a pesar de la aceleración del clímax, no es suficiente para recuperar al espectador. El baile, el recuerdo de la parte primitiva, esencial y mágica de la espiritualidad humana, de fuerte carácter femenino, es el vacío de un director encantado de conocerse.

Suspiria 2018

Ni siquiera la banda sonora de Thom Yorke, líder de Radiohead, sirve de acomodo para el espectador. A pesar de sus virtudes, de su excelente toque ambiental y la elegancia de su propuesta, tampoco hace olvidar la excelsa partitura de Goblin para la versión de los 70, agobiante, legendaria, seña de identidad del film.

Argento, con todos sus clichés y tics como director, construyó un clásico inmortal. Guadagnino se ahoga en el reflejo, a pesar de sus buenas formas, de las intenciones. El camino no conduce a ninguna parte, y la hermosa simbología en el movimiento queda sepultada por la pirotecnia.

Tenía muchas expectativas, muy buena disposición para este, de primeras, excitante proyecto. Guadagnino ha pagado cara su osadía.Nadie recordará esta Suspiria, me temo. Así que larga vida a Suspiria. 

Tráiler:

Ficha técnica:

Suspiria ,  Italia, 2018.

Dirección: Luca Guadagnino
Duración: 152 minutos
Guion: Dave Kajganich, basado en personaje Dario Argento y Daria Nicolodi)
Producción: First Sun / Frenesy Film Company / MeMo Films / Amazon Studios / Mythology Entertainment / K Period Media / Muskat Filmed Properties / Vega Baby Releasing.
Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom
Música: Thom Yorke
Reparto: Dakota Johnson, Tilda Swinton, Chloë Grace Moretz, Mia Goth, Jessica Harper, Sylvie Testud, Angela Winkler, Malgorzata Bela, Renée Soutendijk, Ingrid Caven, Lutz Ebersdorf, Vanda Capriolo, Toby Ashraf, Fabrizia Sacchi, Elena Fokina, Christine Leboutte, Olivia Ancona

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