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Series de TV: Fargo (Segunda Temporada)

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Si la primera temporada de Fargo ya dio una lección de cómo recuperar los éxitos del pasado con auténtica maestría, aportando toques frescos y nuevos, pero sin renunciar a la venerada esencia del original, en esta segunda parte, el creador Noah Hawley eleva su producto a unos niveles de perfección y exquisitez que bien merecen un hueco de honor entre las mejores miniseries de los últimos años. Como bien decía Musset, lo realmente difícil no es llegar a la cima, sino mantenerse en ella.

fargo2-4En esta nueva temporada, se nos traslada a 1979, para seguir detalladamente el caso de la matanza de Sioux Falls, a través de las investigaciones de Lou Solverson (Keith Carradine, en la primera temporada, y Patrick Wilson, en la segunda) que junto a su jefe, a la vez que suegro, Hank Larsson (Ted Danson) se verá envuelto en una brutal guerra entre bandas por el control del territorio del Medio Oeste. Por una parte, están los Gerhardt, un clan que llegó a América desde Alemania en los años 30, dejando atrás las cenizas de la República de Weimar y que construyó su propio imperio de transportes desde la absoluta  nada, y por otro lado el grupo criminal de Kansas City, que quiere aprovechar la enfermedad del patriarca de los Gerhardt para hacerse con su territorio y ampliar su campo de actuación.

Desde su mismo inicio, Fargo desvela con sublime inteligencia la esencia de las palabras lapidarias con que se abre cada capítulo. Todo lo que se narra es una historia real, como podemos deducir de la magistral y sutilmente engañosa escena de inicio en blanco y negro, tan real como lo son los acontecimientos históricos escenificados en un set de rodaje, vistos a través del filtro de la cámara y protagonizados por actores cuya relación con los personajes a los que interpretan es la de la pura representación de una realidad que sirve de inspiración para contar una ficción que alcance su mismo rango de autenticidad.

fargo2-6Pero la matanza de Sioux Falls, de la que se ocupa la serie, no es más que un encadenamiento de meteduras de pata que implica a gente sencilla, familiar y mundana, con la que todos podríamos identificarnos, y que vive las consecuencias de sus propios errores sacando a relucir sus temores, deseos y miserias de la forma más humana y natural. Entre estos se encuentran Ed y Peggy Blomquist, un joven matrimonio que irá cavando su propia tumba a la vez que intenta realizarse y cambiar su vida.

Todo un conjunto de historias entretejidas con habilidad arácnida por un guión tan rico, elaborado y lleno de matices como un huevo de Fabergé que poco a poco irán confluyendo y colisionando en el esperado clímax. Pero, además, de un planteamiento original y brillante y una historia bien ligada, Fargo destaca por dos aspectos que, si bien en su primera temporada fueron motivo de admiración por la crítica y el público, en esta segunda parte su calidad se eleva aún más alto: el acertadísimo reparto y la impecable factura técnica y estilística.

fargo2-1Los actores aportan una humanidad y complejidad a sus personajes inmejorable. Patrick Wilson y Ted Danson adoptan el papel de honrados y resolutivos agentes de la ley, marcados por su experiencia en la guerra y por la enfermedad de la que es hija de uno y mujer del otro, dos personajes  homólogos hasta tal punto que uno se muestra como la proyección futura del otro. Aquí también vemos a Molly Solversson, la niña que en la primera temporada será la policía protagonista dispuesta a resolver el caso del triple asesinato de Bemidji. Jesse Plemons y Kirstem Dunst confieren al matrimonio Blomquist el encanto de la complementariedad de opuestos. Él, tradicional y hogareño, ella, moderna y entregada a la aventura y la libertad.

La familia Gerhardt es retratada como un clan tradicional, que lucha por seguir respetando los lazos de sangre, pero cuyos días de esplendor han pasado, aunque se resista a creer lo contrario. Llegan nuevos tiempos y han de decidir si entregar los restos de su imperio a las nuevas bandas criminales en expansión o atrincherarse y defender su legado hasta el último aliento. El patriarca, Otto, sufre de ictus, entonces su mujer (extraordinaria Jean Smart), un ejemplo de dama de hierro en el sentido estricto del término, la personificación femenina de la disciplina prusiana, queda ahora al mando para tomar todas las decisiones y controlar a sus dos retoños, Oso y Dodd Gerhardt. Oso ha perdido a su mujer y quiere que su hijo de diecisiete años estudie y vaya a la universidad. Dodd, en cambio, es todo lo contrario, un matón que se hace servir de un sicario indio, que se ha criado con la familia desde niño y al que trata como un esclavo para sus trabajos sucios.

fargo2-3Como personajes destacados también encontramos a Mike Milligan y a los hermanos Kitchen, los tres enviados de Kansas City, encargados de obtener un trato con los Gerhardt o, en su defecto, acabar con ellos. Mike Milligan recuerda en parte al Hans Landa de Malditos Bastardos (Unglorius Basterds, Quentin Tarantino, 2009), una mezcla de asesino implacable y poeta erudito que ofrece algunas de las reflexiones y citas más reveladoras de las serie (el argumento sobre la inevitabilidad de la llegada del futuro es impagable). Mención aparte merece el entrañable abogado idealista, encarnado por Nick Offerman, como una suerte de opuesto del John Goodman de El Gran Lebowsky (The Big Lebowsky, Joel & Ethan Coen, 1998).

fargo2-7Pero, posiblemente, el personaje más atractivo, mejor definido y contradictorio de toda la temporada sea Hanzee Gerhardt, el indio criado con la peculiar familia. Sicario y esclavo personal de Dodd Gerhardt, Hanzee va descubriendo parte de su personalidad conforme avanza la serie. Más robot que humano y perseguidor inagotable al estilo de un T-1000, vamos adivinando su parte humana, desde su infancia (la escena del mago y el conejo es reveladora) hasta su sentido del autorrechazo en la búsqueda de desprenderse de sus raíces y rasgos culturales para integrarse y ser aceptado en una sociedad racista, que trata a los indios como parias sociales.

Junto a todo esto, el broche de oro de esta joya televisiva lo pone el estilo del montaje, con un tratamiento de la fotografía de los paisajes exquisito y un dinámico juego de planos que dividen la pantalla en diversas partes, en un ejercicio de síntesis narrativa y espacial sobresaliente, que consigue, con un acompañamiento musical de percusión brillante para marcar el ritmo de la acción y la tensión in crescendo, retratar con una elegancia y frescura admirables el desconsuelo y la exaltación hacia lo desconocido del final de los setenta y el atisbo de las puertas de los ochenta, esa entrega al misticismo new age y la percepción del avistamiento de ovnis como una realidad.

fargo2-5Como en la primera temporada, Fargo puede entenderse como una película de diez horas, un encaje perfecto de piezas que funcionan como el mecanismo de un reloj, donde cada una transmite su ritmo y energía frenética a la siguiente hasta llegar, en el noveno capítulo, a un clímax tarantiniano y  apoteósico cual festival de hemoglobina, en el que se cierra la guerra multilateral entre familia, mundo del crimen y autoridades. Si bien el décimo y último capítulo es más relajado, los rayos de luz que asoman entre las nubes después de una tormenta, liberado de toda la tensión acumulada durante los nueve capítulos precedentes, no por ello deja de ser indispensable para comprender perfectamente la historia y cerrar magistralmente el círculo que une esta segunda y genial temporada con su predecesora. Esperamos que la tercera temporada, ya confirmada, consiga mantenerse en la nieve de la cima de este íntimo pero monumental microcosmos de criminalidad rural y humor negro creado por los Coen.

Tráiler:

Álvaro Esteve Ferrer

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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