Críticas

El poder del deseo

Sangre de mi sangre

Sangue del mio sangue. Marco Bellocchio. Italia, 2015.

Sangre de mi sangre, cartelUn film, dos historias y un tema en común: el abuso de poder en relación al deseo. Sangre de mi sangre es la penúltima película del maestro italiano Marco Bellocchio luego de sus últimos éxitos Bella Attormentata y Vincere. Formada por un díptico que une los siglos diecisiete y veintiuno, la película plantea, desde una sólida estructura narrativa, un relato lúcido que se aleja de todo convencionalismo cinematográfico.

El primer episodio transcurre en el Convento de Santa Ana, ubicado en la ciudad de Bobbio. Bajo la aparente bonanza del entorno, una monja llamada Benedetta (Alba Rohrwacher) es acusada de brujería, al seducir a un sacerdote que ante la tentación se suicida. Para evitar la deshonra familiar, su hermano mellizo, Federico (Pier Giorgio Bellochio), se encargará de investigar esa muerte que lo unirá apasionadamente a la enigmática prisionera. El segundo episodio transcurre en el mismo convento, pero en la actualidad. Allí se presentan un inspector municipal, también llamado Federico (e interpretado por el mismo actor), acompañado de un excéntrico ruso que desea comprar la propiedad para transformarla en un hotel de lujo. En el lugar vive un viejo conde (Robert Herlizka) que es vampiro y no se adapta a los cambios de la modernidad.

Tras un epílogo que unirá ambas historias, en Sangre de mi sangre se desprenden los tópicos de la filmografía de su autor: el abuso de poder a través de la religión, la política y la familia; el deseo y la represión; el sexo y el rol de la mujer.

Como en su primera película, I pugni in tasca (1965), su nuevo filme no sólo fue rodado en Bobbio, ciudad natal del realizador, sino que también comparte y aborda el tema de la filiación con gran frontalidad. Ese lugar donde transcurrió su infancia lo acercó a la historia de una monja que vivió en el Convento desde muy pequeña. Allí se enamoró de un sacerdote y dio a luz una hija. El argumento sirvió como punto de partida para transformarse en un cortometraje, filmado junto con sus alumnos del taller de cine. Ese material integra la primera parte y el epílogo del filme, lo que da cuenta de la libertad formal con la que fue armándose la película.

Sangue del mio sangue, BellocchioBellocchio guía la mirada del espectador y le permite espiar, a través del ojo de la cerradura, una zona prohibida y oculta tras los muros. Desde la puesta en escena, el juego de contrastes se da entre el jardín luminoso del Convento -donde canta un coro de niños- y la oscuridad de los claustros húmedos, donde es torturada Benedetta por los miembros de la Inquisición. En esa zona de sombras, donde las pulsiones son la contracara del catolicismo, se ejerce el poder eclesiástico en nombre de Dios.

En relación al rol femenino, y al igual que las protagonistas de sus películas El diablo en el cuerpo, La nodriza, Bella attormentata y Vincere, las mujeres se caracterizan por ser fuertes, seductoras y pasionales. Ellas tienen un peso clave en el discurso y en los tópicos que se desprenden de su imagen en relación al erotismo. En el film lo vemos, principalmente, en Benedetta y, en menor medida, en Elena.

Desde su primera película, el director italiano observa los lazos familiares y los vínculos que se van (de)formando por los condicionamientos sociales. En este caso, y en relación al título, opta por un relato autorreferencial sobre su familia y sus raíces. En ambos, los lazos de sangre se muestran a través de los mellizos y el vampirismo. También en el reparto incluye a uno de sus hermanos y a sus dos hijos: Pier Giorgio Bellochio (que participa de los dos episodios como Federico) y Elena Bellocchio, la joven que despierta los deseos del conde.

Sangre de mi sangre, fotograma“La idea era narrar una historia y un tema que me interesaban con la mayor libertad -dice el realizador-. Sin atarme a la clase de linealidad a la que el cine de Hollywood se esclaviza voluntariamente”. Y sobre esa libertad, a la que hace referencia, desde lo estilístico y formal, la película se tiñe de una extrañeza visual difícil de clasificar pero, no por eso, menos enigmática. Tal vez, lo enigmático se relacione con el secreto y el silencio perpetuo de Benedetta, o con el motivo que llevó al conde a dejar a su esposa e internarse en el convento para vivir de la sangre que la actualidad no le provee. Y en relación a esto último, es magistral la escena del viejo vampiro cuando visita al odontólogo, porque le duele un colmillo. El humor, los personajes absurdos y la sátira en los diálogos profundizan una lectura crítica sobre los tiempos que corren, en relación a la política, los valores y los cambios sociales. “La solidaridad es una costumbre añeja”, dice el personaje, mientras charla con otros.

Desde el tema Nothing Else Matters de Metallica, interpretado por un coro de niños en el siglo diecisiete, al desfile de personajes insólitos frente al empleado municipal, o los primeros planos de Benedetta evocando a Juana de Arco, hacen que Sangre de mi sangre sea un film más que interesante. Sin duda, la mirada madura y reflexiva de Bellocchio vuelve a hacer del deseo la condición más anárquica de libertad.

Ficha técnica:

Sangre de mi sangre (Sangue del mio sangue),  Italia, 2015.

Dirección: Marco Bellocchio
Guión: Marco Bellocchio
Fotografía: Daniele Ciprì
Música: Carlo Crivelli
Reparto: Alba Rohrwacher, Filippo Timi, Toni Bertorelli, Ivan Franek, Roberto Herlitzka, Pier Giorgio Bellocchio

Marcela Barbaro

Profesora de AULA CRÍTICA, Escuela de Crítica Cinematográfica

 

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