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Premio Goya al mejor cortometraje de ficción

29_Premios Goya

Sucede de forma más habitual de la que debiera, que los caminos seguidos por el mundo académico, la crítica, el público y hasta los programadores de festivales de cine no coinciden. Aquellos casos en los que se da esta conjunción se suponen raras, aunque no por ello dejan de ser grandes y gloriosas excepciones.

La línea que han mantenido los académicos al seleccionar las cinco piezas seleccionadas este año como finalistas en la categoría de mejor cortometraje de ficción ha sido la habitual, es decir, la ausencia de puntos en común entre los caminos marcados el año pasado en el circuito de festivales por programadores y aquellas obras que han tenido buena acogida de crítica y público.

Partiendo de la premisa anterior y echando un vistazo a los cinco cortos finalistas, encontramos alguna ausencia que, al menos, sí había conseguido llegar a estar entre los quince preseleccionados, pero que finalmente ha sido dejada fuera de la lista.

Así, se han quedado en el camino obras como Pulse o Foley Artist y hasta Sinceridad, de Andrea Casaseca, un cortometraje cargado de mucha más ironía y mucho más incisivo que alguno de los que finalmente han sido seleccionados.

Mientras Pulse trata una historia de denuncia social, en la que tras cometerse el asesinato de una niña, todo el planteamiento se desarrolla a través de un juego de complicidad con el fuera de campo para mostrarnos el proceso de investigación llevado a cabo, Foley Artist se sitúa en el otro extremo. Esta sencilla pieza utiliza como premisa la que reza en su título, es decir, aquellos efectos de sonido que se deben recrear en la sala, porque no fue posible recogerlos durante el rodaje, para convertirse en un guiño a La ventana indiscreta (Rear Window), de Alfred Hitchcock. Pero en este caso, y a diferencia de Café para llevar, comentado a continuación, esto es algo que no se intenta ocultar. Tanto es así, que se manifiesta explícitamente a través del cartel de Vértigo (De entre los muertos) que hay colgado detrás del protagonista durante todo el relato.

Por otra parte, da la impresión de que varios cortos, encuadrados dentro de una determinada temática de denuncia social, pero apuntando hacia otro ámbito, se encuentren un tanto sobrevalorados. Todo un futuro juntos, como ya se indicó en la crónica del Festival de Alcine, por ese giro hacia el final tan desconcertante, y Trato preferente, por su final es un tanto trivial.

Sabido era, tal y como se comentó aquí, que Café para llevar entraría entre los cinco finalistas, no obstante, como ya se ha apuntado es un corto que, estando bien realizado, tiene demasiadas similitudes con aquella historia del reencuentro de Diana, rodada en un supermercado por Rodrigo García, en su película Nueve vidas.

Así las cosas, Safari, de Gerardo Herrero se revela, a priori, como la gran y gloriosa excepción de los cinco finalistas. Esta pieza supone la pieza más potente y mejor provista para conseguir el premio Goya al mejor cortometraje de ficción de este año.

Dejamos aquí un enlace con el detalle de todos los cortos que había preseleccionados y los que han sido seleccionados como finalistas.

Raúl Liébana


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