Críticas

Acariciando lo áspero

Perdida

Gone Girl. David Fincher. EUA, 2014.

Cartel de la película PerdidaMantengo una relación conflictiva, áspera, casi histérica con el cine de David Fincher. Reniego de su celebrada primera etapa (la que comienza con Alien 3 y concluye con La Habitación Del Pánico/Panic Room, 2002). No me atrevo a poner en discusión su virtuosismo, su dominio en el pulso narrativo, e incluso puedo ceder ante el innegable atractivo estético que se desprende de cada una de las imágenes que conforman ese segmento inicial de su obra. Pero toda esa precisión quirúrgica, esa obsesión casi enfermiza del cineasta por demostrar el control absoluto que ejerce sobre cada aspecto formal en sus primeras películas, me termina repeliendo. Todo lo demostrado en esa etapa inicial me sigue pareciendo efectista, gélido, asfixiante, demasiado dependiente de los golpes de efecto y los timonazos del guion, películas de laboratorio, sobrecargadas de vicios publicitarios y religiosos, casi privadas de lo humano. Por tratar de resumirlo con algún ejemplo tomado de su filmografía, siento que a Fincher no le interesa el personaje de Michael Douglas en Al Filo De La Muerte (The Game, 1997), sino que caiga sobre la gran x negra que le tienen preparada para el final. Creo que fue a partir de Zodiaco (Zodiac, 2007) donde el director empezó a actuar casi por oposición a todo ese primer periodo de su obra, como si nos hubiera estado advirtiendo sobre el camino que pensaba dejar atrás y el que iba a emprender después. En aquella película, Fincher entregó un relato extenso, deliberadamente errático, frustrante, negando todo ese efectismo tan caro a su estilo, pero sin renunciar a su precisión. Los hilos de su mecanismo narrativo pasaban a hacerse menos visibles, sin por ello dejar de existir. En Zodiaco, Fincher entabló un impensado diálogo crítico con sus propias afinidades estéticas, revelando la inutilidad de la obsesión como marca de estilo excluyente. No es de extrañar que su cine haya perdido adeptos a partir de esa película. Quienes lo reverenciaron adolescentemente por Pecados Capitales (Se7en, 1995) y El Club De La Pelea (Fight Club, 1999) no le perdonaron ese repentino giro hacia otras narrativas más inclinadas por el proceso que por los desenlaces. Aun con algún peligroso traspié intermedio (El Curioso Caso de Benjamin Button/The Curious Case of Benjamin Button, 2008), la etapa post-Zodiaco muestra a un director mucho más atento a otros aspectos de su narrativa, más involucrado con sus personajes, más arriesgado y temerario, con menos miedo al error. Fincher había renunciado a ser el Caravaggio de lo audiovisual para intentar ser un auténtico cineasta. Red Social (The Social Network, 2010) y La Chica Del Dragón Tatuado (The Girl with the Dragon Tattoo, 2011) enderezaron el rumbo, pero pecaron de cierta frialdad, de cierta distancia cerebral que atemperó la sobreestilización frívola del pasado, sin todavía expandir las posibilidades de su cine. Hasta que llegamos a Perdida.

Fotograma de Gone GirlPerdida cuenta la historia de Nick Dunne (un muy buen papel de Ben Affleck), un periodista sin horizontes laborales, casado con una exitosa escritora de cuentos infantiles llamada Amy Dunne (Rosamund Pike), con quien se encuentra atravesando una profunda crisis de pareja en vísperas de su quinto aniversario de matrimonio. Al llegar a su casa en el día de la celebración, Nick descubre que su mujer ha desaparecido y advierte algunos rastros de violencia presentes en el lugar. El extraño incidente, sumado a la repercusión mediática del hecho, expone a Nick a una serie de cuestionamientos en torno a su vida privada, económica y sentimental que lo dejan pésimamente posicionado de cara a la investigación policial.

Perdida - ImagenEl relato retrocede hacia los luminosos primeros tiempos de la pareja, se asoma por los aspectos conflictivos que emergen en la relación, y se sumerge en el inminente descenso que desemboca en la abrupta desaparición de Amy. Unos intermitentes flashbacks revelan la escritura de un diario personal que le otorga voz a la mujer ausente, memorias que se alternan con el oscuro presente de Nick, alguien a quien pareciera sobrarle motivos para tener responsabilidad directa sobre su desaparición. En Perdida, Búsqueda Frenética (Frantic, 1987, Roman Polanski) conoce y se intersecta con Mi Secreto Me Condena (Reversal of Fortune, 1990, Barbet Schroeder). Es cierto que las múltiples aristas de esta historia facilitan ciertos desvíos circundantes que no benefician al relato (especialmente en el tratamiento sobre la fuerte presencia mediática en torno al incidente), pero Fincher mantiene la cámara sobre Nick y concentra el relato donde debe ser. Incluso la investigación policial carece de ese preciosismo detallista que solía ser marca registrada del director. A esto debería sumarse un inesperado y muy conveniente tono de comedia negra (leve, es cierto), que contrarrestan otras lecturas posibles sobre el argumento y lo alejan del terreno del best-seller cinematográfico (Atracción Fatal, Propuesta Indecente), o de cualquier película-debate sobre el matrimonio en crisis o las pasiones apagadas. Digamos que en esta película David Fincher está mucho más cerca de Polanski que de Adrian Lynne. El recurso casi constante del fundido a negro y el permanente conteo de los días de desaparición de Amy presentes en la pantalla muestran a un director atento por desenvolverse con claridad en la contextualización del relato para no desorientar de más al espectador. Esto último, lejos de resultar una concesión o un facilismo, contribuye a no enredar inútilmente una trama de por sí bastante mutante en cuanto a tonos y ritmo. El tratamiento de la sexualidad y la brutalidad (conceptos que Fincher suele ver como parte de una única cosa) sigue los buenos pasos que el director ya había exhibido anteriormente en La Chica Del Dragón Tatuado. Fincher ya no se esmera en delinear aquellas esmeradas postales mortuorias que lo acercaron tan peligrosamente a los terrenos del fascismo estético, como ocurría en cada escena del crimen en Pecados Capitales o en varios tramos de El Club De La Pelea. Los personajes, como hemos dicho, le importan mucho más. Y también debería reconocerse que se ha convertido en un muy buen director de actores, tal como se trasluce en el trabajo realizado con Affleck, que aun en su desconcierto mantiene una austeridad que no embarra jamás el tono de la película. La música de Trent Reznor y Atticus Ross (tercera colaboración entre el dúo de compositores y el director) sabe advertir los cambios de tono de la película, atravesando pasajes que van desde el melodrama hasta el thriller.

Poco interesa el slogan de venta de la película, o el libro en que está basada. Tampoco valen las acusaciones de misoginia, ni las posibles lecturas sobre el matrimonio que posibiliten discusiones televisivas o apuntes sociológicos al paso (como se intenta atribuirle en esta irritada crítica firmada por un crítico argentino al que no le hace nada bien escribir irritado).

Ben Affleck en PerdidaCreo que Perdida, además de marcar un punto de reconciliación personal entre quien esto escribe y la filmografía de su director, es una película donde su autor da rienda suelta a un elemento casi siempre presente en su cine, que es la perversidad, pero entornando la puerta para dejar ingresar una corriente de aire en forma de un adecuado contrapeso humorístico que hasta ahora solo había asomado intermitentemente en algunas, muy pocas, de sus obras previas. Perdida es el equilibrio justo entre la perversidad festiva, la malicia gozosa, el plan perfecto pasional, combinado con el trabajo de un gran director que afina su puntería con cada nueva película.

Trailer:

Ficha técnica:

Perdida (Gone Girl),  EUA, 2014.

Dirección: David Fincher
Guión: Gillian Flynn (sobre su propia novela homónima)
Producción: Ceán Chaffin, Joshua Donen, Arnon Milchan, Reese Whiterspoon
Fotografía: Jeff Cronenweth
Música: Trent Reznor y Atticus Ross
Reparto: Ben Affleck, Rosamund Pike, Neil Patrick Harris, Tyler Perry, Carrie Coon, Kim Dickens, Patrick Fugit

Pablo Castriota

 

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