Especial aniversario 

Pequeños trazos de una cinefilia

Cinco fotos no alcanzan para hablar del cine que más nos gusta o que nos marcó, pero sí para trazar una línea selectiva con algunas imágenes que pasaron por nuestras pupilas. Al convocarlas, aquí y ahora, estas son las primeras que acuden, quedando atrás otras que han dejado huellas más profundas y que serán redimidas en una futura oportunidad.


01 Cuerno de cabra

Cuerno de cabra
Cuerno de cabra (Kozijat rog), Metodi Andonov. Bulgaria, 1972

Padre e hija se entrenarán para vengar a la madre asesinada brutalmente. Violencia de género en mi primera película “para mayores de 18”, vista en la Cinemateca argentina. Pude, después de muchas horas de mi infancia frente a la pantalla de un cine de pueblo, calibrar al autor antes que a la historia. Filmada en blanco y negro fuertemente contrastados y planos secuencia en amplios y escarpados espacios abiertos. La niña que duerme no sabe que crecerá como un varón para que no le suceda lo mismo que a su madre. Las imágenes de Cuerno de cabra se escapan del cuadro, retratando el movimiento de un relato brutal. Marcó mi cinefilia.


02 Gritos y susurros

Gritos y susurros
Gritos y susurros (Viskningar och rop), Ingmar Bergman. Suecia, 1972

Bergman es un infaltable y esta es, de sus películas, la que más me emocionó. Tres hermanas se reúnen ante la próxima muerte de una de ellas. Mientras se autocompadecen por la enfermedad de Agnes, la criada asume el rol de madre y le ofrece consuelo. Recuerdo su composición en rojo, blanco y negro. Rojo como la sangre (la enfermedad), blanco como la pureza (la piedad) y negro como la oscuridad (la muerte). Hermosa imagen que me recordó a La Pietà de Michelangelo. Una historia de mujeres, que nos habla de sentimientos tan terrenales, como el egoísmo o la compasión.


03 El sirviente

El sirviente
El sirviente (The Servant), Joseph Losey. Reino Unido, 1963

De mi etapa en la Cinemateca venezolana, rescato este fotograma. Allí descubrí a Losey y a Dirk Bogarde. La composición de esta escena no puede ser más significativa. Un mayordomo llega al hogar de su acaudalado señor y toma responsabilidades que van más allá de sus obligaciones. Poco a poco, irá invadiendo el espacio de su amo, aislándolo de su novia y amigos, para hacer valer sus reglas de juego. En esta escena  no podemos dejar de advertir un anticipo del desenlace en el reflejo del espejo, donde los roles se verán trastocados. Seguramente, inspiró a Pasolini para su Teorema.


04 Mapa de los sonidos de Tokio

Mapa de los sonidos de Tokio
Mapa de los sonidos de Tokio, Isabel Coixet. España, 2009

Coixet se especializa en contarnos sus historias con delicadeza, aunque lo que nos cuente nos lacere la piel. Desde un plano cenital, Tokio se nos ofrece como un verdadero personaje, con sus luces verdes, grises y azules. Sus calles son recorridas por personas que parecen no saber dónde ir… Ryu trabaja en el mercado, rodeada por la viscosidad de los pescados que descabeza.  En sus momentos de descanso, un hombre graba su relato: ella esconde otro rol en una historia de amor que concluye en tragedia. Y todo, contado mansamente, mientras una daga te rasga la piel.


05 Aniceto

Aniceto
Aniceto, Leonardo Favio. Argentina, 2008

Con su obra póstuma, Leonardo Favio retorna a sus comienzos, volviendo a contarnos la historia de una de las piezas de su admirable trilogía. La propuesta narra el mismo drama de soledad, infidelidad y ruina. Aniceto entrena aves de pelea. Él mismo se cierne sobre Lucía como un pájaro, tan feroz como seductor para atraparla y poseerla. Favio elige el fondo negro y los cuerpos iluminados, porque el amor todo lo ciega. También a Francisca, la ingenua que aún lo espera. La danza, principal protagonista, remueve el polvo de aquella obra primera y le da color y movimiento. Sin embargo, no la eclipsa. La acompaña.

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