Críticas

Deshojando las margaritas de la muerte y la vida

Matar a Jesús

Laura Mora Ortega . Colombia, 2017.

Cartel de la película Matar a JesúsLaura Mora, una floreciente y premiada directora de cine, de series y de cortometrajes colombiana, nos ofrece esta pequeña joya del cine. Todo ocurre en la ciudad de Medellín, en Colombia. Es tierra fértil para películas que tratan los temas de la violencia, lo cual naturalmente tiene que ver con realidades criminales que han estado azotando esta hermosa y dinámica ciudad por años, si bien, afortunadamente, cada vez más dominadas y menos prevalentes, dado el empuje de sus gentes y los esfuerzos culturales, educativos, económicos y políticos que se han estado haciendo en forma continua y que van dando sus frutos. Ojalá que el cine referido a la violencia urbana se pudiera referir a thrillers en los cuales la justicia bien aplicada y la investigación judicial se mostraran capaces de encontrar los culpables, venciendo sus desafíos y su malicia con la inteligencia, la legalidad y el heroísmo de la sociedad.

No es este el caso todavía, como podemos apreciar en esta excelente producción colombiana. Sin duda es un verdadero thriller, en el cual la trama nos va llevando por senderos llenos de sorpresas y de trampas hasta un desenlace, que, si bien pudiera parecer inesperado, rinde homenaje al humanismo y al valor de la vida.

La película nos cuenta una historia muchas veces vivida por estos lados del mundo. Un sicario, el parrillero de una moto, acaba con la vida de un buen ser humano, en este caso un profesor universitario que enseña desafiando a sus estudiantes para que profundicen y se hagan preguntas valiosas sobre la realidad social, con la idea de que la inteligencia y el humanismo sean la luz que permita encontrar un mundo mejor. Su hija, universitaria y gran amiga suya, atestigua el crimen y la cara del sicario queda grabada en su mente. Estas historias generalmente terminan en ese mismo instante mortal, ya que casi nunca se sabrá quién ordenó el crimen. El sistema judicial se limitará a levantar el cadáver, a abrir un expediente, intentando recoger pruebas en el sitio, llamar a algunos familiares y conocidos, oír algunos testimonios, si los hay. Poco más va a suceder. La familia sentirá su pena y con alguna frecuencia será objeto de temores y de alguna amenaza en caso de que pretenda profundizar y buscar justicia efectiva. Los periódicos y los noticieros hablarán del tema cuando el personaje es famoso, hasta que lentamente se disuelvan en el olvido la muerte violenta y sus causantes. En los casos excepcionales se escribirán libros y se harán análisis. En la generalidad, la lenta y ciega justicia colombiana no funcionará.

Fotograma de Matar a Jesús

En Matar a Jesús la hija decide convertirse en sujeto investigador y activo, una vez que se convence de que nadie va a hacer nada real con relación al crimen. Ella es una persona de acentos rebeldes, atizados por el ambiente universitario y sus experiencias de fotógrafa ávida que mira las cosas con ojos que enfocan, que enmarcan, que encuentran detalles. Tiene amistades y contactos cercanos a ese mundo que se mueve en la frontera entre la normalidad del buen estudiante, recto y disciplinado y el desorden y el coqueteo con las drogas, el licor y los excesos de algunos otros. Estas cercanías le permiten adentrarse en mundos bajos y peligrosos, dando lugar para que la trama de la película se convierta en una exploración, con frecuencia motorizada y a gran velocidad, por calles empinadas y estrechas, por barrios deprimidos y por mentes extrañas. A medida que nosotros acompañamos esos recorridos, nos maravillamos del buen trabajo fotográfico y de dirección, a la vez que conocemos aspectos íntimos e inesperados de esta ciudad, donde cada rincón es un mirador y una posibilidad de contemplación del paisaje y del alma de sus habitantes.

Es así que nos compenetramos, junto con la protagonista, en la piel y en los razonamientos de un sicario, un ser que se juega la vida en cada instante y en cada espacio, adquiriendo un sexto sentido y una habilidad casi infinita para intuir el peligro; un ser eminentemente profesional en cuanto a su efectividad y su lealtad con el oficio, que aprendió a desprenderse de culpas y de remordimientos desde mucho antes de convertirse en verdugo de los comerciantes de la muerte violenta. Pero es también un ser humano lleno de amenazas e incompletitudes, que no experimenta el amor tranquilo, ya que el que con más frecuencia recibe, que es el de su madre, se mueve entre mentiras y falsas promesas, matizadas por alguna generosidad filial y por las oraciones y cuidados especiales de la madre, que intuye lo peor para su hijo, pero que no pierde la confianza ni la fe.

Matar a Jesús, película colombiana

El filme se enfrenta a la justicia en su forma más antigua, la de la ley del talión y en su moderna forma, la que descubre los motivos ocultos y las justificaciones subyacentes, relativizando los hechos, alejándose del juicio y del castigo. En cualquier caso, pareciera ser que no se logra encontrar el equilibrio, así que el filme, ofreciendo sus puntos de vista y sus desenlaces, nos muestra que el comportamiento humano siempre va a ser misterioso, a veces irrazonable y egoísta, a veces inteligente, a veces solidario y generoso. En verdad no se trata de un asunto sencillo y menos aún en una ciudad y en un ambiente tan agitado en lo social, en lo geográfico, en lo urbano y en lo humano. De todas formas, esta película es una invitación a contemplar al ser humano y a sus vivencias como algo esencial, que no se resuelve bien jugando con la vida y con la muerte, como si se tratara de deshojar margaritas al azar.

Tráiler:

Ficha técnica:

Matar a Jesús ,  Colombia, 2017.

Dirección: Laura Mora Ortega
Duración: 95 minutos
Guion: Laura Mora Ortega, Alonso Torres
Producción: Javier del Pino, Nancy Fernández, Juan Pablo García
Fotografía: James L. Brown
Música: Sebastián Escofet
Reparto: Natasha Jaramillo, Giovanny Rodríguez, Camilo Escobar, Carmenza Cossio, Juan Pablo Trujillo, José David Medina, Juan Camilo Cárdenas

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