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Mario Handler. Retrato de un caminante

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 La realidad me manda, yo simplemente tengo que tener ojo fotográfico y aceptar la realidad tal cual es. Eso es, en mi humilde opinión, lo maravilloso del cine.

Mario Handler

El pasado diciembre, Montevideo asistió al encuentro de dos grandes amigos uruguayos que se conocieron en Venezuela, durante el exilio. Uno de ellos llegó a Caracas con un bagaje cinematográfico importante, en el que se encontraban películas que hoy son clásicos del cine documental, como Carlos, cine-retrato de un caminante en Montevideo (1965), Me gustan los estudiantes (1968)y Liber Arce, liberarse (1970)… El otro, proviene de la crítica cinematográfica y desarrolló su especialidad en revistas como Cine-oja, Encuadre y Programación de la Cinemateca Nacional.

Ambos han continuado con sus pasiones. Mario Handler sigue haciendo cine en Montevideo, encontrándole hoy la riqueza a la cámara digital, después de haber pasado penurias para conseguir filmar y montar sus películas iniciales. Héctor Concari ha publicado sus cuentos y novelas y sigue manteniendo una columna de cine en la querida Caracas, aunque ya no viva allí.

Mario Handler. Retrato de un caminante logra reunirlos en una larga conversación para ofrecernos un panorama que se echaba de menos en el panorama del cine latinoamericano.

Con una introducción del prestigioso investigador, Jorge Ruffinelli,  y prologado por Ronald Melzer, el libro repasa la vida de Handler desde sus comienzos. Indaga en su infancia y en sus frecuentes asistencias al cine, donde consumía entre siete y ocho horas de películas, tiempo que le robaba a la lectura ávida de cuanto libro cayera en sus manos.  Si la pasión por el cine existía en Handler como espectador, no fue sino en 1964, cuando llegó a Praga (en ese entonces “el centro mundial del cine”) a estudiar, que realizó su primera película: En Praga, con una cámara silente y con la mirada de un joven latinoamericano en el Viejo Continente. Su paso por Checoslovaquia lo signó como cineasta.

Carlos de Mario Handler

De regreso a Montevideo realizó su película más famosa, Carlos, cine-retrato de un caminante en Montevideo, para la cual se entrenó físicamente, con el fin de seguir a su particular personaje en una obra de gran compromiso político. A partir de aquí, la conversación entre Concari y Handler se interna en vericuetos que tienen que ver con la experiencia, con la anécdota, con la ideología, con lo propio y lo extraño. Un largo y rico paseo por la vida del cineasta que una vez que sale del Uruguay continuará en Caracas y regresará a su país, cargado con el bagaje que hoy lo convierte en uno de los cineastas más relevantes de Latinoamérica, y no sé, si no, en el más importante del Uruguay. Un documentalista (tiene en su haber una sola ficción, Mestizo) que se centró en el ser humano, inspirado por Drifters (John Grierson) y por Nanook el esquimal (Robert Flaherty) para hacer un cine que vaya más allá, donde se conjuguen dialécticamente política, sociedad y el ser humano individual: “Quiero rescatar al individuo que forma parte de lo que yo pienso filosóficamente. Más que derechos humanos, yo los llamo derechos individuales. Para mí la política se centra en el individuo, frente a todos los poderes del capital y del Estado”.

Aparte de Mario Handler

En Mario Handler. Retrato de un caminante, la conversación entre cineasta y crítico se desarrolla de manera amena, percibiendo el gran conocimiento del entrevistador y la experiencia de vida y profesional del entrevistado. Hay admiración entre los dos hombres que conversan sin prisas, indagando en lo maravilloso y comprometido que es el cine para este cineasta, que casi siempre realiza el guion, la fotografía y el montaje de sus películas. Su obra guarda coherencia desde sus primeros filmes hasta los últimos, destacándose Aparte (2003), del cual dice Concari: “Las dificultades técnicas de Carlos han sido en buena medida disueltas por la tecnología, y las nuevas, livianas y confiables cámaras digitales le permiten al director una flexibilidad visual y creativa que lo liberan de las ataduras técnicas del pasado. El dato no es menor, porque Aparte es, en muy buena medida, un resultado de la capacidad de la cámara de meterse un poco en todas partes y del ojo hábil del director para dirigirla en detalles reveladores y en un montaje tan imaginativo y polimorfo como el material que trata”.

Una vez finalizada Aparte, obra que fue mucho más compleja que el sistema de rodaje que diseñó, ya que tuvo gran éxito de público y resonancias judiciales una vez estrenada, Handler pensó en realizar una película “sencilla” para “descansar”, y filmó Dile a Mario que no vuelva, donde tocó el sensible tema de la dictadura, los perseguidos políticos, los represores y el exilio. Menudo descanso. Esa es una pequeña radiografía del cineasta sujeto del libro.

Al concluir la lectura de la entrevista, cuando ya tenemos ante nosotros la radiografía de un cineasta que no ha dado un paso atrás, a pesar de los vaivenes físicos de su historia, y queremos ver su cine para completar la información adquirida, nos aguarda una segunda parte del libro, donde se expresa el crítico. Concari hace una lectura de cada una de las películas de Handler con esa escritura que lo caracteriza: profunda, sensible y con cierta cuota de humor.

Es un estudio completo y serio de la obra del amigo al que se admira. Por eso, Mario Handler. Retrato de un caminante no tiene desperdicio. Lo dicho, es una obra fundamental para comprender el cine de un Sur que también existe.

 

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