Viñetas y celuloide 

Los mundos de Neil Gaiman

Hace ya muchos años, Alan Moore cambió para siempre la forma de entender el cómic. Sorprendió a propios y extraños con su sofisticado modo de tratar el medio, dando el salto en calidad que necesitaba la industria para entrar en la edad adulta. Llegado de las Islas Británicas, la elegancia salvaje del autor llevó al mundo de la viñeta al otro lado del Atlántico a costas que jamás se imaginaron para un concepto que no pasaba del mero entretenimiento.

Cuenta la leyenda que un joven periodista, bastante interesado en la escritura en cualquier formato, entrevistó al por entonces emergente Moore. Durante este encuentro, el aspirante preguntó al maestro sobre las líneas generales de su modo de escribir guiones para cómic. La misma leyenda dice que el exótico maestro dibujó sobre una servilleta un sencillo esquema de su modo de trabajo. Aquel joven curioso se llamaba Neil Gaiman. Ni qué decir tiene que pocos años después se convertiría en una estrella.

Ahora toca el momento de presentar a otra persona clave para Gaiman. Y para muchos otros autores, claro. Karen Berger. Puede que su nombre no le suene de nada, querido lector, incluso aunque sea aficionado al cómic. Eso es triste. Esta mujer es tan importante para la viñeta como el más afamado de los artistas implicados en la evolución del medio. Inteligente, atrevida, intuitiva y armada con una sensibilidad especial, vio antes que nadie el talento que se respiraba en toda una generación de escritores británicos, cuya punta de lanza fue Alan Moore. Impresionada por el trabajo del legendario guionista, puso su particular habilidad para encontrar nuevas figuras en Europa.

Entre otros afortunados que contaron con el apoyo de Berger, estaba ese joven curioso que entrevistaba a Alan Moore un par de párrafos hacia arriba. Neil Gaiman había probado suerte en el mundo del cómic, acompañado de otro excéntrico autor, que, por supuesto, también daría la campanada, aunque por derroteros muy distintos. Dave McKean pone el arte en los guiones de Gaiman, y nace Casos Violentos, primera acometida de nuestro protagonista al mundo de la narración secuencial. Aquella extravagancia gráfica y narrativa pone a ambos autores en la órbita de Berger, que los invita a dar el salto a Estados Unidos, para formar parte de un ambicioso proyecto impulsado por la todopoderosa DC. Nace el universo Vertigo, y el cómic ya nunca será igual.

The Sandman: La vida es sueño

En principio, The Sandman nacía como puesta al día de un viejo personaje de la Edad de Oro de los cómics. El proyecto cambió radicalmente cuando entra en el ámbito de DC nuestro despeinado escritor. Ofrece a cambio de esa revisión inicial un universo nuevo, repleto de ideas y conceptos revolucionarios, dirigido a un público adulto y planteado como un desafío literario que explora los límites narrativos del cómic. La intuición de Berger, de nuevo, impulsa el atrevimiento de Gaiman, que acabaría en la cumbre, tras el éxito de crítica y público, rendido ante la magia de las aventuras de Morfeo, protagonista de la historia.

The Sandman cuenta, a modo de resumen, el viaje de un semidiós caprichoso y cegado de orgullo, hacia la redención y aceptación de sus muchos y terribles actos de antaño. A lo largo de los 75 números que duró la colección, conocimos a Los Eternos, la disfuncional familia de Morfeo, señor del reino onírico, y las curiosas relaciones entre sus miembros. Conocimos a todo un ejército de maravillosos personajes secundarios, y recorrimos mundos imposibles en un juego constante entre géneros e intenciones en manos de un escritor en plena efervescencia creativa.

Gaiman se descubría ante el mundo como un escritor inteligente y hábil, exponiendo un relato coherente y sin fisuras. Manejaba con ingenio las tramas principales, mientras recorría su propio universo a base de inolvidables arcos narrativos, demostrando un dominio total de las herramientas de la narración y regalando a los lectores una sensación de cierre poco habitual. Toda una experiencia que, a pesar de los años, todavía ocupa un lugar muy alto en el escalafón de grandes obras del noveno arte.

Además de esas excelencias literarias, Gaiman marcaba el camino para el futuro, dejando claras las líneas de su arte. En el fondo, Gaiman no es el tipo más original del mundo. Sus cuentos e historias son una amalgama magnífica de tradiciones, de clásicos, de referentes básicos de la cultura universal a lo largo de los siglos. Gaiman mete erudición e ingenio en su particular pócima y ofrece las historias que nos han contado decenas de veces en una brillante nueva apariencia. Es la mezcla entre lo rabiosamente moderno y la sensación de regreso al hogar, del frenesí posmoderno al olor de la madera de una vieja cabaña en el bosque. Lo nuevo y lo viejo se dan la mano de manera orgánica y poderosa en las manos de un tipo que recoge el testigo de los cuentacuentos y juglares.

Más allá de Morfeo: Los mundos de Neil Gaiman

El éxito de The Sandman permitió al autor explorar las posibilidades de su estilo. La obra había alcanzado al público general, fuera de los circuitos habituales del cómic, y Gaiman expandió los territorio de sus historias, con el punto de mira puesto en medios y formatos fuera de la viñeta. Aunque nunca abandonó este medio de expresión y ha seguido vinculado a diversas editoriales, el universo de Gaiman creció vinculado a la literatura generalista, los cuentos infantiles ilustrados, el relato corto o la poesía. No hay lugar que el guionista británico no explore, gracias a esa mente inquieta e indomable.

Para el recuerdo ha quedado el genial juego narrativo mano a mano con el desaparecido Terry Pratchet en Buenos Presagios, el Apocalipsis más divertido de la historia. Grandes relatos como Neverwhere, Stardust, Coraline, El Océano al final del camino o la multipremiada American Gods, sitúan a Neil Gaiman como uno de los grandes escritores de fantástico de la historia reciente del género.

Como decíamos, Gaiman es una mente inquieta siempre a la búsqueda de nuevas formas de expresión. No podía ser de otra manera, el audiovisual se convirtió en otra frontera a conquistar por este explorador de la narración. Y fuese como inspiración para otros o como creador de sus propias imaginaciones, el universo de Gaiman no ha ignorado los cantos de sirena del cine y la televisión.

Gaiman en la pantalla

En 2005, Gaiman tendría su primer encontronazo con el mundo del cine, acreditado como guionista de Mirrormask (Dave McKean, 2005), acompañado por su viejo compañero de aventuras gráficas, Dave McKean. En origen, esta película nacía como segunda parte de la mítica Labyrinth (Jim Henson, 1986), la divertida fantasía dirigida por Jim Henson y protagonizada por David Bowie. El resultado fue una especie de puesta a punto de la idea original, aderezada por el particular imaginario visual de McKean.

En 2007 probó las mieles de Hollywood en la producción Beowulf (Robert Zemeckis), como guionista de esta fallida intentona de poner al día el poema épico que narra el enfrentamiento entre este héroe del Norte y la bestia Grendel. Además, Gaiman ha participado como guionista de diversas series, incluyendo algunos episodios bastante aplaudidos de Doctor Who. Todo un sueño de infancia cumplido. ¿O acaso existe un escritor británico de fantasía que no sueñe con escribir un episodio de tan vetusto programa?

Muchos de sus relatos han sido llevados al cine, desde que en 2007 Matthew Vaughn adaptase Stardust (Matthew Vaughn, 2007), una vistosa vuelta de tuerca al cuento de hadas tradicional, con el atractivo de un elenco de actores de primer orden. Michelle Pfeiffer, Robert De Niro, Claire Danes y Charlie Cox (elevado a la categoría de icono televisivo, gracias a su papel como defensor de la Cocina del Infierno en Daredevil) protagonizaban la entrañable historia de un joven que parte en busca, nada más y nada menos, que de una estrella caída del cielo.

Desde entonces, hemos disfrutado de la adaptación de Coraline al cine de animación, en las manos de uno de los maestros del género, Henry Selick, y en este año 2017 veremos Cómo hablar con chicas en las fiestas, dirigida por el inclasificable John Cameron Mitchell, basado en uno de los más aclamados cuentos cortos de Neil Gaiman.

American Gods: Los dioses entre nosotros

Estos meses atrás, y con mucha expectación, llegaba a la programación televisiva American Gods, adaptación a formato serie de la galardonada novela de Gaiman. Producida por la cadena Startz, traslada a imágenes la obra de Gaiman, publicada en 2001. En sus páginas, el escritor nos contaba un enfrentamiento secreto entre los dioses de antaño, olvidados y relegados al folclore, y sus sustitutos surgidos de la tecnología y el estilo de vida moderno. Las divinidades de Internet  contra los antiguos y terribles señores de los hombres. Entre medias, Sombra, un ex convicto atrapado en el fuego cruzado, inmerso en su propio camino de descubrimiento.

La serie, todavía en emisión, muestra un respeto reverencial por el material original en el que se inspira, y lo envuelve en un fabuloso aspecto visual, hermoso, terrible, violento y psicodélico que da mayor profundidad mística a su contenido. La presencia de Neil Gaiman como productor y consultor de la serie parece que ha sido una buena idea, puesto que la esencia de la obra parece presente en cada escena de esta agradable sorpresa televisiva. Todavía queda ver el recorrido completo por las conspiraciones divinas de esta serie para una evaluación completa de sus éxitos, pero, en principio, todo parece indicar que le viaje de Sombra llegará a buen puerto en temas de crítica y aceptación por el público.

 

Nunca me canso de Gaiman. Sus libros son hipnóticos, sus cómics, obras maestras del género. Dueño de una obra inspiradora y única, encima es de esos personajes que inspiran más allá de su trabajo impreso. Es amable con el público, con sus personajes, con el mismo arte de contar historias. Si no conocen su universo, ustedes se lo pierden. Leer a Gaiman tiene mucho de esa época en las que nos contaban cuentos antes de ir a dormir, de leer bajo las sábanas con una linterna cuando el resto de la casa se entrega a una sinfonía de ronquidos, de imaginar que un charco es, en realidad, un océano infinito. Es un regreso a la infancia, con las partes terribles de la niñez incluidas en el paquete.

Hay muy pocos autores que nos lleven a ese lugar mágico y terrorífico. Neil Gaiman es maestro de muchos de ellos. Y su universo se extiende, ahora que llega a las pantallas. Espero que, también, a sus corazones.

 

 

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