Críticas

A la tercera va la vencida

Logan

James Mangold. EUA, 2017.

Cartel de la película LoganVuelve el rabioso héroe mutante con la tercera entrega de sus aventuras en solitario. Parece que fue ayer cuando vimos por primera vez a Hugh Jackman enfundado en el uniforme de este popular personaje. Lo cierto es que han pasado la friolera de 17 años, donde el actor consiguió que todo el carisma del célebre X-Men se trasladase a la pantalla. Convertido en la gran estrella de la franquicia, Logan protagonizó dos películas en solitario, de calidad tambaleante. Regresa ahora con una historia redentora, dando validez a ese dicho de “a la tercera va la vencida”.

En esta nueva entrega, los responsables de la producción parece que han tomado como camino la ruptura total con las películas previas. Tanto en tono como en soluciones, Logan muestra un avance exponencial hacia la edad adulta del género de superhéroes, algo que va más allá de la calificación por edades de la película.

El éxito alcanzado por Deadpool  (Tim Miller, 2016) significó un cambio de paradigma. Demostró que una calificación “R” no es un suicidio comercial, y que la taquilla se llena de buenos dólares si se arriesga. Con la lección aprendida, Logan gana identidad como personaje gracias, precisamente, a que se ha deshecho de las cadenas. Sin dinamitar el pasado, Logan da un paso de gigante con el aire torturado y cínico de este incansable mutante.

James Mangold, encargado de la escritura del guion y la dirección de la película, por fin acierta con las teclas adecuadas, gracias al fabuloso contexto en el que ha integrado a su tambaleante héroe. La acción de Logan nos traslada varios años en el futuro, donde la raza mutante está al borde la extinción. Antaño hubo un sueño que motivó a unos cuantos valientes a luchar por la convivencia pacífica entre humanos y la nueva especie, tal como hemos visto a lo largo de la franquicia de Fox. En el escenario presentado por Mangold, los supervivientes deambulan por las cenizas de ese sueño, con la única motivación de llegar al día siguiente de la manera más discreta posible.

Sobre el presente de los mutantes se cierne el “no hay futuro”, hasta que una niña desconocida aparece en la vida de Logan. Más cínico y amargado que nunca, el rabioso mutante lucha contra lo inevitable, puesto que se niega a prestar ayuda a esta fuente de problemas. Pero el futuro de la raza mutante está en juego, y Logan emprende el camino hacia la redención, de la mano de esta joven recién llegada, con demasiados puntos en común con el protagonista para la simple casualidad.

Mangold dibuja un entorno desquiciado, polvoriento y decadente. El ánimo de los protagonistas tiene su fiel reflejo en el mundo donde agonizan, atenazados por el recuerdo de días mejores. Ecos de western, de película de carretera, sazonada con las mejores dosis de acción. El aire del desierto quema la cara, y el perfil bajo de Logan en su relación con el resto de la humanidad demuestra el cansancio vital del personaje. El director muestra la habilidad para hacer del entorno el activo principal de su propuesta, que dota de total credibilidad a la historia. Un mundo en el que los mutantes están empezando a formar parte de la leyenda, al mismo tiempo que afrontan el inevitable final.

Dentro de este excepcional contexto, los creadores de esta aventura crepuscular se han molestado, por fin en la saga de Wolverine, en la creación de personajes, llenos de miserias, pero movidos por la esperanza, ecos distorsionados de esos héroes de brillante armadura que hemos visto en el resto de entregas de los mutantes. Demasiada sangre en las manos, muchos compañeros caídos y una tonelada de desastres sobre las espaldas, han destruido el sueño. La caída se muestra con especial crudeza en la figura de Charles Xavier, interpretado de nuevo por Patrick Stewart. Al borde de la demencia, incapaz de controlar sus poderes, es un anciano de memoria nublosa, sometido a las drogas que impiden su transformación en un arma de destrucción masiva. Gran acierto la evolución de este carácter, pilar sobre el que se sostiene la lucha de los mutantes, aplastado y roto por la realidad.

De aplauso también es la aparición estelar de Laura, X-23, interpretada con una extraña mezcla de rabia y dulzura por la sorprendente Dafne Keen. La niña salvaje a la búsqueda de un futuro consigue en algunos momentos hacerse con el protagonismo de la entrega, y es su relación con Logan el auténtico baluarte argumental para que la película no caiga en el enésimo intercambio de golpes y mutilaciones varias. Se nota el mimo con el que se ha construido el personaje, armado de grandes momentos y resuelto con tanta contundencia como sensibilidad.

Claro está, el gran protagonista, sin atisbo de duda, es Wolverine. Logan. El héroe camuflado entre el gris de los días y carcomido por los años y el sol del desierto. Sus poderes están muy lejos de lo que fueron. Cada herida, cada golpe, cada bala ya no cicatrizan con esa facilidad de antaño. Cojea. Se duele de los puñetazos y golpes. Sangra. Los años no pasan en balde.

Los protagonistas de Logan

En esa tesitura, añadido el eterno poso de culpabilidad por aquellos caídos en combate, Logan ha de aprender a ser el héroe. Su camino es el de un hombre roto, obligado a tragar con el pasado, arrastrado por el fango del futuro. La última cruzada de un tipo que está muy lejos de la perfección, pero dispuesto a sangrar una vez más por aquello que prometió proteger.

A estas alturas, Hugh Jackman es uno con el personaje. Conoce al dedillo cada mínimo detalle de caracterización. Es puro carisma, y además ha entendido el crecimiento del personaje. El aire de perdedor al límite se luce con elegancia y furia, y el funcionamiento de la película como un sofisticado western sienta de maravilla al vaquero Logan.

Por desgracia, a pesar de esas virtudes, de esos momentos brillantes, de la sensación de que por fin alguien se toma en serio una película de Logan en solitario, el resultado está muy lejos de ser perfecto. El ritmo pausado del filme es un trabajado cambio de parámetros en el que Mangold se encuentra muy cómodo. El problema es el desequilibrio que se produce en los cambios de velocidad, y en el empeño del director y guionista de dar gasolina al fuego de la tragedia. Cuando toca ser valiente de verdad, Logan cae como película en lugares comunes demasiadas veces recorridos. Sí, es cierto que deja atrás el endémico aspecto de película de superhéroes al uso, pero en su huida hacia adelante no deja de ser una película de acción, con tropezones constantes en las clichés del género.

Logan es, en ciertos momentos, excesivamente previsible; incluso en la intensidad del clímax y cierre de la película, a pesar de lo bien manejado de la emoción del momento, no acaba de cerrar el círculo por la falta de sorpresa. Es más, hay instantes en Logan, en la que las intenciones de Mangold son tan visibles y, en cierto modo, ruines, que se arriesga peligrosamente a perder el interés del público.

En todo caso, nos quedaremos con las cosas buenas. Este Logan fronterizo y machacado es un cierre más que digno para una saga que nos ha dado más disgustos que alegrías. Demuestra que la seriedad no está reñida con el buen cine de acción, y que el género de superhéroes ofrece variaciones sobre el mismo tema de interés. Jackman se despide del personaje que le ha dado fama mundial de manera honesta y sobria. A ver qué depara el futuro de la agotada fórmula mutante.

Ficha técnica:

Logan ,  EUA, 2017.

Dirección: James Mangold
Duración: 135 minutos
Guion: Scott Frank, James Mangold, Michael Green (Historia: James Mangold)
Producción: 20th Century Fox / Donners' Company / Marvel Entertainment / TSG Entertainment
Fotografía: John Mathieson
Música: Marco Beltrami
Reparto: Hugh Jackman, Patrick Stewart, Dafne Keen, Boyd Holbrook, Stephen Merchant, Elizabeth Rodriguez, Richard E. Grant, Doris Morgado, Han Soto, Julia Holt, Elise Neal, Al Coronel

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