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Las de la última fila

Las de la última fila

Seis capítulos de menos de una hora de duración son suficientes para demostrar que la unión hace la fuerza y el corazón lo puede todo. Y es que este no es un viaje cualquiera. A la vuelta, las protagonistas no serán las mismas, pero los espectadores, tampoco. Aquellos capaces de vincularse a la historia más allá de su argumento verán una salida, una puerta a la esperanza donde encarar cualquier dificultad desde otra perspectiva.

Encontramos, además de un diálogo fresco y desenfadado, una autenticidad poco habitual en todas las protagonistas principales. Sara (Itsaso Arana), Alma (Mónica Miranda), Carol (María Rodríguez Soto), Leo (Mariona Terés) y Olga (Godeliv Van den Brandt) son las elegidas para representar a este grupo de mujeres, pero podría ser cualquiera de nosotras, simplemente encajando en cada uno de los perfiles propuestos. El elenco que las acompaña también apuntala un argumento que, siendo difícil de por sí, no necesita más miserias, sino todo lo contrario.

Su director Daniel Sánchez Arévalo (Madrid, 1970) lo vuelve a conseguir y, como en sus trabajos anteriores, ya sea en Azul oscuro casi negro (2006) o en Primos (2011), es capaz de adentrarse en estos difíciles terrenos, sacándonos la mejor sonrisa en el peor de los escenarios.

Bondad, compasión, tristeza, complicidad, esperanza, risas y verdades escondidas demasiado tiempo; esto es lo que nos espera si decidimos apostar por esta aventura.

Escenas como las del barco, el momento del bazar, el allanamiento, los trayectos en coche o la búsqueda de una amistad nos ayudan a compartir la experiencia, aliviando sufrimientos y pesares o, al menos, postergándolos durante un tiempo. Un modo original de cargar la batería que todos llevamos dentro.

Nos brinda además un juego de colores en muchos aspectos. Diversas procedencias y distintos estatus se imbrican sin dificultad alguna, brillando con luz propia, cada una en su propia frecuencia. El resultado, un arco iris que trasciende la pantalla.

Inventando nuevas reglas van construyendo su ruta a ritmo de propuestas secretas, modificando los acontecimientos a su través. Este es, sin duda, el mejor de los planes. Un grado de libertad que nos depara sorpresas inesperadas y nos brinda un camino lleno de nuevas experiencias. Aventura intensa que nos acerca a terrenos inexplorados, poniéndonos a prueba a cada instante. Suscitando dudas, preguntas y cuestiones, nos planteamos la vida un poquito más allá. Una nueva realidad descifra el enigma.

La música también juega un papel importante. Cualquiera de sus propuestas invita a dejarlo todo y disfrutar de sus notas. Preparen el Shazam para descubrir o redescubrir todas sus sugerencias. Rigoberta Bandini, Pauline en la playa, La Reina Republicana o Joe Crepúsculo son algunas de sus refrescantes canciones.

Autenticidad en estado puro nos enseña a vivir sin tapujos. Enmendar los errores del pasado y compartir el momento presente sin esconderse, siendo fieles a la verdad y a nosotros mismos. Sin traiciones, engaños o incongruencias, compartiendo nuestros momentos con aquellos que nos den calma, paz y felicidad. Con los que nos quieren, a pesar de todo.

El fondo es inamovible, pero la forma es maleable. Seamos capaces de adaptarla para vislumbrar la luz en cualquiera de las circunstancias que nos toque vivir. Nuestro bienestar depende de ello. Y si para lograrlo debemos tomarnos unas cervezas, bienvenidas sean.

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