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La venganza, en el cine coreano, se cocina en el infierno

Bedevilled

El crecimiento del cine coreano, desde los años ochenta, ha sido uno de los fenómenos más notorios del séptimo arte mundial. Desde un punto de vista local se ha traducido como el éxito en la aparición de géneros que abordan diversas temáticas, incluso aquellas más cercanas a los problemas de la sociedad, sus prejuicios y tabúes, como síntoma de  una sociedad que se encuentra en ciernes de dejar a un lado las controversias morales.

Si nos centramos en el cine coreano que ha sido capaz de salir de las fronteras, gracias al poder de la globalización cultural, hablamos de un fenómeno que se ha dado de forma gradual  y gracias a los grandes festivales de cine internacional que han apostado por el descubrimiento de nuevas cinematografías. Concretando en ejemplos que tenemos cerca, en Argentina, el festival de Mar del Plata o el BAFICI y en España, el festival de San Sebastián y el festival de cine fantástico y terror de Sitges, han sido las muestras donde se han dado a conocer estas pequeñas aportaciones del país asiático, como escenarios indispensables donde el cine más independiente tiene cabida. En mucha menos proporción están aquellas cintas que, pasada la prueba de fuego en estos festivales, se han colado en alguna sala de proyección comercial. Aun más extraño es encontrar alguna película que sin haber sido presentada en los grandes festivales podamos verla como estreno comercial.

El conjunto de películas coreanas que llega a nuestras pantallas no es necesariamente aquel que cosecha mayor éxito entre el público surcoreano. Dentro del cine exportado, que constituye una gran amalgama de registros, existe un pequeño grupo de películas, que situadas en la vanguardia del género fantástico, el thriller de terror psicológico y el film noir, se han ganado el respeto de la crítica y los espectadores por ser propuestas de una factura cinematográfica incuestionable, que cuentan con guiones arriesgados, actores de primera fila y directores que orquestan el conjunto con una solvencia notoria, consiguiendo, ante todo, no dejar nunca indiferente al espectador.

Contextualizando aún más dentro de este código cinematográfico, sin lugar a dudas, la temática más recurrente en las cintas de dicho género es la “venganza”. Tratada desde ángulos diferentes, con motivaciones y personajes que poco o nada tienen que ver entre sí, el perfil psicológico de las víctimas, ya sean vengadores o vengados, posee idéntica naturaleza.

Park Chan Wook es el autor que, dentro de la nueva ola de cine coreano, más ampliamente  ha abordado la vendetta como planteamiento casi obsesivo a lo largo de toda su filmografía. Realizador de la llamada “trilogía de la venganza”, consiguió un gran reconocimiento internacional a partir de la presentación de su película Old Boy (2003) en el festival de Cannes. Este vil sentimiento es el estrato esencial que une a un buen grupo de películas entre las que destacaré principalmente tres.

Jee-woon Kim, director con una trayectoria impecable que ha trabajado diversos registros cinematográficos, ha conseguido, gracias a sus últimos trabajos, una fama internacional muy importante. Tanto es así que su próximo proyecto The Last Stand (2013) estará protagonizado por un reparto sorprendente, encabezado por Arnold Schwarzenegger y Eduardo Noriega.

I saw the devilDos de sus proyectos centrales de su filmografía también están incluidos dentro de este apartado sobre la venganza. Si en A Bittersweet Life (2005) el desquite tiene lugar en el seno de la mafia coreana, I Saw the Devil (2010) es un viaje al aspecto más oscuro de la condición humana, con un entramado juego laberíntico de vertiginosa e impredecible caza, en el que, por momentos, el cazador resulta ser la presa y viceversa. Porque en este film nos encontramos con uno de los personajes antagonistas más extremos que hemos podido ver en la ficción cinematográfica, situado por encima de los convencionalismos al uso. Kyung-chul es un asesino en serie carente de escrúpulos, con infinita sangre fría, que parece encarnar al mismo diablo. No existe en él esbozo de arrepentimiento ni titubeo alguno cuando se trata de llevar a cabo cualquiera de sus atroces asesinatos. Sus víctimas son mujeres jóvenes a las que viola, tortura y asesina, aunque no tiene problema en enfrentarse a cualquiera, aun en situación de desventaja, porque como animal depredador sus movimientos suelen ser inesperados y contundentes. Sin embargo, el film no profundiza en los detalles que le han llevado a convertirse en un monstruo, sabemos muy poco de su procedencia y motivaciones, a pesar de que sí conocemos a sus familiares más directos, que también son, de algún modo, víctimas de su personalidad y juegan una importancia notable a lo largo del film.

Cuando Kyung-chul se encuentra con Kim Soo-hyeon, tras haber asesinado a su prometida, se enfrenta a una figura que desprende tanto salvajismo, furia y odio como él mismo. Kim Soo-hyeon promete devolver al asesino de su novia el mismo dolor que sufrió ella pero multiplicado por diez mil. Con este juramento se desencadena una espiral de violencia y venganza que alcanza unas cotas de sadismo y dramatismo desbocados. Jee-woon Kim crea una narración explícita de los momentos de mayor truculencia. Nos salpica con los derramamientos de sangre y muestra en primeros planos los momentos más tortuosos. Este descenso a los infiernos cae por momentos en el regodeo de la estética de la burbujeante hemoglobina, por lo que el film queda enmarcado dentro de los códigos  del nuevo cine de terror que potencia la exhibición realista del castigo y la tortura.

BedevilledEntroncando con este registro extremo de la violencia, que se sustenta y resulta coherente con la  justificación de la necesidad de revancha, es destacable Bedevilled (2010), único film del director Chul-soo Jang, que como en Sympathy for Lady Vengenace, (Park Chan Wook, 2009) ensalza a la mujer como protagonista del reguero de venganza que deja tras de sí, después del agravio que comenten contra ella. Aunque muy alejada del cuidado estilo visual y del virtuosismo narrativo de Park Chan Wook, comparte el tratamiento que se le da a la figura femenina, otorgándole un protagonismo absoluto, que difiere de muchas de las propuestas que se sitúan dentro de este apartado sobre la venganza, donde el sexo femenino está asociado con la fragilidad y la necesidad de protección, casi siempre en un segundo plano con papeles irrisorios. La acción de Bedevilled se sitúa en un entorno rural, una pequeña isla poblada por pocas familias y alejada de las grandes ciudades. En este lugar vive Kim Bok-nam (Yeong-hie Seo) con su hija y marido, llevando una vida de la que necesita escapar para poder ser feliz y para dar un futuro de oportunidades a su hija. Es una mujer maltratada, en primer término, por su pareja, pero también por el resto de los vecinos que diariamente la someten al vilipendio. La visita a la isla de su mejor amiga de la infancia con la que no ha tenido contacto durante años, a pesar de sus intentos, incrementa la crispación sostenida, hasta que una inesperada tragedia golpea a Kim Bok-nam. Este punto de inflexión, a partir del cual todo salta por los aires, hace que Kim Bok-nam entre en un estado de enajenación, donde la razón da paso a la necesidad de vengar tanto dolor causado. La exposición de los aspectos psicológicos de las dos amigas durante el primer tercio del film profundiza la idea sobre la infelicidad de ambas, tan distantes y con tan poco en común. Esto juega a favor para que, llegados a este giro en el que la cinta se transforma en una suerte de slasher, la masacre no quede en un ejercicio gore sin contenido.

El hado al que están abocados los protagonistas de I Saw the Devil, su antecesora A Bittersweet Life y Bedevilled, depende de la perpetración final de la venganza, que contiene un sentido redentor y purificador para balancear el daño o vejación que han sufrido. El hecho de que esta vendetta nunca podrá revertir a la situación inicial, causa a los vengadores un sentimiento de vacuidad insoportable. Cuando inician este propósito, se convierte en su única motivación, anteponiéndolo por encima de su propia vida, de tal manera que cuando tiene lugar el duelo final, nada les importa más que ver morir al ser infame que les produjo el daño.

The man from nowhereThe Man from Nowhere (2010), segundo trabajo de Jeong-beom Lee contiene matices diferentes en cuanto a la treta vengativa. Se centra en la historia de Cha tae-sik, presentado como un personaje que parece llevar una vida tranquila en soledad, ocupado en su discreto trabajo en una tienda de empeños, donde entabla una extraña relación con una niña del barrio con la que evita involucrarse demasiado. Según discurre la película, conocemos el pasado del que es víctima, a través de pequeños flashbacks, a la vez que se ve arrastrado en un peligroso embrollo al que hará frente con una soltura inusitada. El leitmotiv que impulsa a Tae-sik comienza siendo el rescate de su pequeña vecina que se ve envuelta en los asuntos turbios de su madre. Debido al tormento que le producen sus recuerdos del pasado, la misión adquiere un cariz de venganza, llevada hasta sus últimos términos. El terreno pantanoso en el que se mueven los personajes de esta trama está cimentado en las mafias de drogas y tráfico de órganos, por lo que el tono general resulta oscuro, asfixiante y desalentador. No es casual que este film supusiera un gran éxito comercial en Corea del Sur, llegando a alcanzar la cifra de seis millones de espectadores, ya que a pesar de la dureza del trasfondo social que retrata y la carga de  violencia de algunas escenas, el cierre conclusivo no resulta tan incendiario ni trágico como las anteriores películas citadas.

La ironía, casi omnipresente en el cine coreano, también se encuentra aquí en grandes dosis, en contraposición al melodrama que impregna cada una de estas tres películas. Remarcada en los giros argumentales, presentes en mayor medida en I Saw the Devil, también es utilizada en ocasiones para reprobar aspectos sociales o políticos. La mordacidad con que es retratado el trabajo policial, en ocasiones de soslayo y otras de manera más evidente, queda plasmada como parodia y recreada en situaciones que roza el surrealismo y el patetismo. Esto es fiel reflejo de la preocupación de la sociedad coreana, ante la ineficacia y corrupción que sustenta el sistema policial y judicial. A propósito de esta cuestión, cabe mencionar otros tres films que desarrollan este tema  con multitud de matices: Memories of  Murder (Joon-ho Bong, 2003),  The Chaser (Hong-jin Na, 2008) y The Unjust (Seung- wan Ryoo, 2010).

BedevilledComo observación final, es curioso apreciar la diferencia en el perfil de los tres protagonistas. Los personajes masculinos son introvertidos, enigmáticos y con muy buena forma física, lo que les va a facilitar llevar a buen término la venganza en los planos físico y psicológico. Por contra, Kim Bok-nam (Bedevilled) tiene una personalidad alegre y extrovertida que contrasta mucho con el entorno en el que vive. Su venganza es fruto del impulso irracional por el dolor y frustración que siente en ese momento de colapso emocional. Todo se nubla ante el hostigamiento del que ha sido víctima, y la acción que emprende, sin estar preparada para ello, resulta absolutamente improvisada. Por contra, Kim Soo-hyeon (I Saw the Devil) urde un plan con premeditación, se toma su tiempo para llegar al culpable y crea una milimétrica estrategia  para asegurar que el castigo impartido sea tal y como lo tiene pensado.

Uno de los logros mejor conseguidos de estos films es ganarse la empatía del  espectador, situado al lado del personaje que necesita vengarse, a pesar de que sus acciones sean extremas y trasciendan lo racional.

Como decía el escritor británico Walter Scott, “la venganza es el manjar más sabroso condimentado en el infierno”. Seguro que  Jee-woon Kim y sus colegas de venganza estarán muy de acuerdo con esta sentencia.

 

Trailer de I Saw the Devil

 

Trailer de Bedevilled

 

Trailer de The Man from Nowhere

 

2 opiniones en “La venganza, en el cine coreano, se cocina en el infierno”

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