Críticas

La montaña sanadora

La cima

Ibon Comerzana. España, 2022.

La escalada de alta montaña es un deporte extremo que exige rigurosa preparación, buen estado físico y disciplina mental excelente. Pasión y equilibrio fundamentales. Factores que contribuyen, junto a la profesionalización del alpinista, a encarar retos muy exigentes. Hollar una cima es una proeza colosal. Si la altura del pico, además, supera los ocho mil metros la hazaña es impresionante. La vida real tiene héroes que han contado sus aventuras. Relatos que entusiasman por los logros conquistados. Aunque la tragedia y el luto son fenómenos inseparables a este ejercicio de temperamento y alma robusta, el cine ha mirado con delectación las increíbles gestas para visualizar el eco de su grandeza y dramatismo. Pero también ha utilizado la vistosidad de la naturaleza y su escarpado escenario para ubicar historias de diverso registro. Desde el puro cine de acción y entretenimiento contado en clave de thriller a experiencias de mucha tensión inspiradas en hechos reales. Incluso peripecias íntimas encaminadas a reflejar un duelo entre el coloso, la montaña, y el ser humano, en busca de respuesta o solución a tormentos personales.

La cima (España, 2022), de Ibon Comerzana, gira alrededor de la última opción antedicha. El responsable de trabajos como, Culpa (España, 2022) y Alegría tristeza (España, 2018), acomete un guion escrito por Nerea Castro Andreu para narrar una experiencia obsesiva emprendida por un escalador febril por taponar una herida de conciencia. Un dolor de corazón y sentimiento de culpa que si no se restaña con prontitud queda instalado en la cabeza con incómoda fijación.

Comerzana y su guionista plantean un drama sobre un hombre intranquilo y apesadumbrado por un recuerdo del pasado que le impide disfrutar de la vida. Tiempo atrás tuvo una experiencia de las que te dejan tocado y todavía no ha superado el trauma. El personaje se llama Mateo (Javier Rey) y su existencia ha llegado a un punto de prioridad por superar su desazón. En caso contrario, la angustia y el ensimismamiento dominarán su personalidad. Ante esta amarga tesitura lo mejor es dar un paso al frente y afrontar la trascendental tarea encarándose con un enemigo incólume, la montaña. Un macizo silencioso que no pregunta al invasor por sus motivaciones e infiernos ni se preocupa por su condición moral. La estructura de piedra y nieve exhibe con ferocidad su bravura y el alpinista se enfrenta a su agreste orografía empujado por su determinación y vapuleado por las duras inclemencias del tiempo. Mateo lo tiene claro y para él ha llegado el momento.<

La secuencia que abre la acción deja bien anotado el vigor y preparación del protagonista. Valor y tenacidad se le supone. La intriga por la cual va a arriesgar su vida se sabrá más adelante. Ahora, en los primeros compases, importa matizar que emprende un desafío en solitario porque es la mejor manera de cauterizar el desvelo. El cine, a lo largo de su historia, ha contado en imágenes cómo la mente perpetra maquinaciones que arrastran al ser humano hacia la inconsciencia. La cima, en un estrato menor, merodea esa fase de enajenación que lanza a Mateo a radicalizar una postura irreflexiva.

Mateo viaja hasta la cordillera del Himalaya, en la parte del Nepal, a Narchyang. Aquí se reencontrará con su aflicción y tratará de vencerla. En el libreto, ortodoxo y plano, se yuxtapone aventura con drama personal en medio de una zona inhóspita. No es nuevo el formato de exorcismo elegido para superar agobios emocionales. El paraje/paisaje es inmenso y la soledad enorme. Pero el acontecimiento no genera suficiente emoción con este punto de partida. Es necesario tensar la cuerda para que fluyan otras ideas y otras perspectivas.

Mateo tiene un accidente, queda varado en medio de la nada y listo para morir. En esa área purga sinsabores, descontentos y desconfianza en el ser humano una mujer, Ione (Patricia López Arnaiz), una chica de origen vasco. El papel de Ione está libremente inspirado en la escaladora española Edurne Pasabán. La misántropa habita en un refugio sin más compañía que su perra Lurra, que en vasco quiere decir Tierra, que le rescata. Dos seres antitéticos coincidentes en porfiar por el aislamiento y buscar las claves existencialistas para salir del agujero que les atenaza y les aprisiona.

La película vuelve a la casilla de salida pero ahora con dos personajes apesadumbrados. Doble drama. Primero, Mateo, ofuscado en su melancolía. Ione, que se siente ingrata por la intromisión, prefiere no empatizar y evitar cualquier vínculo. La recuperación del baqueteado Mateo es pausada e Ione se acostumbra a la compañía. Cada uno es oscuro y celoso de sus sentimientos más privados. Es cuestión de tiempo; el muro se derrumba y la resistencia se hace añicos. Dos seres enredados con sus heridas se abren a la sinceridad y asumen sus desgracias. Pero la causa del problema persiste. Y al director no le queda otra que darle otra vuelta de tuerca a un relato que se viene abajo por mustio e indolente. La expiación tiene que provocar un clímax para reenganchar al espectador que da por sentado que la función la conoce de sobra.

En este tipo de cine, lleno de clichés, lugares comunes y diálogos de manual, es necesario aumentar la presión para ponderar el trance. La radio satelital informa de una tormenta perfecta en la cumbre y Mateo desoye la advertencia y se expone a la intemperie. Es la ruta del salvamento personal pero también una empresa suicida. Puede que la sensaciones caminen juntas. En el ascenso, la embestida de la nieve y la inclemencia del viento castigan a Mateo, otra vez perjudicado por el esfuerzo. El peligro extremo es acuciante. Lo esperado. Ione es áspera pero humana. Y, por experiencia, dotes de ángel de la guarda. Se precipita al torbellino de la ventisca y en la tenaz pelea contra los elementos adversos se cierra el pesaroso capítulo del pasado que ha replicado en el presente.

La conclusión es diáfana. Personajes castigados por suplicios humanos empecinados en arreglar sus conflictos encaramados a la ladera de una roca resolviendo sus cuitas. La terapia de pareja funciona antes que la individualidad. Para expresar visualmente la odisea nada como un dispositivo fílmico y estético mezcla de intimismo y espectacularidad. La producción es humilde pero los efectos digitales logran crear ambiente funcional. Suficiente en líneas generales pero la materia y su discurso transcurren con excesiva cautela. La densidad dramática es prefabricada y la evolución de situaciones previsible.

Tráiler de la película:

Ficha técnica:

La cima ,  España, 2022.

Dirección: Ibon Comerzana
Duración: 85 minutos
Guion: Nerea Castro Andreu
Producción: Coproducción España-Francia; Arcadia Motion Pictures, Aixerrota Films, Dorothy Films, Noodles Production, Lazona Producciones
Fotografía: Albert Pascual
Música: Paula Olaz
Reparto: Javier Rey, Patricia López Arnaiz, Blanca Apilánez y Kándido Uranga

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