Cortometrajes 

La casa de los cubos

Cartel de La casa de los cubos

Construyendo recuerdos con persistente actividad   

Este cortometraje, de apenas doce minutos de duración, trata de un abuelo solitario que vive en una ciudad cuyas casas están cubiertas por agua que sube y sube. El hombre, dotado de una paciencia infinita, va añadiendo nuevos niveles, a modo de pequeños cubos superpuestos y comunicados por trampillas. Un día se viste de buzo y viaja entre piso y piso, enfrentándose así a la cadena de melancólicos recuerdos en que se ha convertido su vida.

Se trata de una pequeña joya del dibujo y del diseño que fue ganadora del Premio Cristal del Festival Internacional de Películas Animadas de Annecy en 2008 y del Oscar al mejor cortometraje animado en 2009. En una entrevista concedida por Katō, este se refiere a su obra como “relacionada con la vida y la memoria… sobre cuestiones de la familia y cuestiones personales, cómo debemos vivir, el poder de la memoria”.

La maison des cubesComo generalmente sucede con cualquier obra, los espectadores encuentran otras cosas, además de las que tiene en mente el creador. Por ejemplo, ven una parábola sobre el amenazante calentamiento global que va derretir los casquetes polares y a inundar irremediablemente muchas de las ciudades costeras. Vale la pena, amigos lectores, apreciarlo una, dos, tres veces, aprovechando que se trata de un trabajo bello y corto, para ver qué le dice a nuestros ojos abiertos y curiosos, desde puntos de vista diferentes.

Por una parte, está la historia evidente que nos cuenta, la de un hombre viejo recorriendo sus recuerdos, completamente asociados con la casa en la cual vive, la cual ha ido adquiriendo niveles con el tiempo, especies de cajas de memoria, cada una, a la vez, vívida y olvidada. Son memorias familiares, este es un hombre que ha tenido una vida de hogar muy rica, simbolizada por la multitud de cuadros y retratos que adornan los muros de su casa, colocados ahora en el último de los cubos superpuestos; simbolizada también por su persistente permanencia en esta casa, en la cual, de forma paciente, ha permanecido, construyendo una y otra vez hechos hogareños, sin importar las circunstancias que ya han derrotado a muchos de sus vecinos.

La casa de los cubos, de Kunio KatōPero, ¿cómo dejar de lado el exquisito trabajo que hace Katō con las formas y los objetos? Las formas dominantes son las del cubo y la del rectángulo, elementos que conforman el hábitat en que se mueve el anciano, a modo de marcos de referencia. Inicialmente todo era plano, adquiriendo su entorno formas cúbicas que se van estructurando con su propio esfuerzo, llenándose su vida de cuadros, recuerdos enmarcados que adornan los muros cúbicos de su existencia. Cuatro formas circulares o curvadas rompen la regularidad: la mesa, la cama, su pipa y dos copas de vino, elementos que lo acompañan como protagonistas de su vida de recuerdos. Ella se inicia con una dulce danza circular de la mano de su novia joven, alrededor de un árbol, vetusto y sagrado, que ya ha muerto, inundado por las aguas en su avance inevitable. Una vieja copa ha permanecido y de la mano de los recuerdos acompaña a la del anciano en un brindis final sentado a manteles al pie de su cama, como si estuviera presente su amante esposa. La pipa ha sido el elemento que ha utilizado Katō para desatar la cadena de recuerdos, como objeto imperdible asociado con los distintos momentos.

la-casa-de-los-cubos-1La música es digna compañera de estos recorridos por el trabajo de Katō. Es suave, paciente, evocadora, anuncia los momentos claves del cortometraje sin irrumpir ni interrumpir el flujo de pensamientos que surgen. Los colores son pasteles, abundan en tonos amarillentos y verdosos, con algunos azules asociados con luces, a modo de evidencias de actividad humana en estos tierras-aguas-aires desolados. Los otros aparecen en forma de ocasionales aves blancas que surcan el cielo, alguna de ellas nos recuerda la paloma que anunció a Noé en fin del diluvio, y de pececillos que pasan ligeros dando vida a las aguas. Un viejo marinero nos indica que este anciano está vivo y conectado con el mundo. Es que no es meramente simbólica la historia que se nos cuenta: hay realismo en las aguas que avanzan, en los barcos que traen suministros y materiales de construcción, en las edificaciones humanas que se mantienen, indicando que no todo está vencido por las aguas, que no solo de recuerdos vive el hombre, sino también de los que va construyendo y viviendo con su persistente actividad.

Ficha técnica:

 LA CASA DE LOS CUBOS,  (La Maison en Petits Cubes), Japón, 2008

Dirección: Kunio Katō

Música: Kenji Kondô

Narración: Masami Nagasawa

Duración : 12 minutos

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