Críticas

La belleza está en el interior

La autopsia de Jane Doe

The Autopsy of Jane Doe . André Øvredal. Reino Unido, 2016.

Cartel de la película La autopsia de Jane DoeJamás en la vida había visto un cadáver tan hermoso, tan fino, tan… ¿lleno de vida? La cuestión es que busco adjetivos fúnebres para dar un aire misterioso a mis palabras, pero con el escultural cuerpo de Olwen Catherine Kelly es imposible. Aunque no se pueda decir que hace el papel de su vida (permítanme el doble sentido de la broma), la verdad es que uno se alza contento de su butaca cuando acaba de ver el filme. A priori, hay un fastidioso ronroneo en la cabeza que hace pensar que todo será como de costumbre; una película discreta, con algún susto más que predecible, y que pasa por tu vida con la misma importancia que se le da a la primera orina de la mañana. Pero si algo bueno tiene el prejuicio, es que subestimas ese “algo” hasta el momento en el que te pone contra las cuerdas. Y no quiero echar balones fuera, sin embargo, esa sensación de estar viviendo un eterno retorno con este género suele ser una verdad incómoda. Así que sin tenerlas todas conmigo me puse mi mejor traje y presté atención a la pantalla, esperando el milagro, dispuesto a pasar una noche a solas con la hermosa Jane Doe. A continuación os cuento cómo fue la cita.

La autopsia de Jane Doe (The Autopsy of Jane Doe, André Ovredal, 2016) cuenta la historia de un padre (Brian Cox) y su hijo (Emile Hirsch). Ambos forenses, heredan el negocio familiar y mantienen una morgue en el sótano de la vivienda. Un día aparentemente normal, reciben el cuerpo sin vida de una hermosa joven que no aparenta señales de haber muerto. En el momento en que Jane Doe se postra ante ellos, se darán cuenta de que están ante algo distinto, pues un oscuro y terrorífico secreto se oculta en ese cuerpo pálido e inerte.

Fotograma La autopsia de Jane Doe

La película de Ovredal está hecha con métodos minimalistas. Toda la acción ocurre entre las paredes de la casa de la familia protagonista, siendo el sótano el lugar de mayor actividad. A efectos visuales, el sótano oscuro e incomunicado, la morgue, los cuerpos sin vida… son alicientes especiales a ser candidatos dignos en un filme de terror, pero a efectos psicoanalíticos, un sótano puede resultar el lenguaje (en cuanto a los personajes) donde se ocultan los miedos, fobias y contenciones que quedan encerrados bajo llave. El sótano como inconsciente, como el (Ello) freudiano, donde los pensamientos permanecen “muertos”, precisamente como los cadáveres que mantienen en las cámaras, pero todo cambia cuando el cuerpo de Jane Doe se posa sobre la fría y respetuosa camilla de metal, como si la joven despertara al padre y al hijo de un largo letargo y les hiciera subir las represiones, asaltando el tranquilo y relajado sentido común. Hablo en términos sobrenaturales y terroríficos, porque la temática se mueve en esas directrices, pero cuando tratamos otros términos más profundos, cuando el sentido común ya no parece tan fiable en escena, es cuando chocamos entonces con la verdadera historia del filme; la compleja, tensa y tortuosa relación que mantienen padre e hijo. La demostración de tales represiones se demuestra en sutiles diálogos, en acciones y decisiones que parecen triviales y en planos y contraplanos llenos de una rabia concluyente.

¿Por otro lado, qué problema hay con la joven? Que no consiguen averiguar la causa de la muerte y eso los enzarza en una investigación posmortem hasta las entrañas (nunca mejor dicho) del asunto. Aún después de desnudar quirúrgicamente a la chica, siguen intrincados en el enigma, quizás, una metáfora de lo misterioso y atrayente que resulta el sexo opuesto. Pero aquí llegamos a una zona un tanto sensible, después de los grandes enigmas que supone el cuerpo de Jane Doe, el thriller baja de revoluciones y se oculta levemente para dejar paso al terror. No es penalizador mencionar que puede escucharse un crack más o menos hacia la mitad de su metraje, pues cuando el suspense desciende y el terror nubla toda la pantalla, la diferencia resulta incluso palpable. El giro tan brusco podría haber significado una muerte segura para la película, sin embargo el director, al contrario que algunos de sus personajes, demuestra tener pulso.

Imagen de La autopsia de Jane Doe

Con una sencillez poco habitual, André Ovredal nos lleva a un thriller sobrenatural que esconde lo difícil de las relaciones paterno-filiales y el miedo del hombre a la soledad. Sin ser una película redonda, La autopsia de Jane Doe llega a ser muy recomendada, así que la próxima vez dejaré el prejuicio a un lado y, por lo tanto, guardo el cortador de costillas para mi próxima víctima. ¿Veis? Nunca os guiéis por un prejuicio, pues como ha quedado demostrado, la belleza está en el interior.

Tráiler:

Ficha técnica:

La autopsia de Jane Doe (The Autopsy of Jane Doe ),  Reino Unido, 2016.

Dirección: André Øvredal
Duración: 99 min. minutos
Guion: Ian B. Goldberg, Richard Naing
Producción: 42 / Goldcrest Films International / Impostor Pictures
Fotografía: Roman Osin
Música: Danny Bensi, Saunder Jurriaans
Reparto: Emile Hirsch, Brian Cox, Ophelia Lovibond, Michael McElhatton, Olwen Catherine Kelly, Jane Perry, Parker Sawyers

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