Críticas

Más allá del placer

Hellraiser

Clive Barker. Reino Unido, 1987.

El placer sexual se basa en dos elementos interdependientes: por un lado está la presencia de lo físico, de lo corporal, mientras que por el otro se insinúa la cuestión del cerebro, el elemento que nos lleva hacia el estímulo de carácter intelectual. El sexo, entonces, no se limita a la simple acción mecánica del encuentro de dos cuerpos (o tan solo uno, como también de tres o más), sino que instaura un discurso textual biológico que abre paso a una lectura de este factor humano en relación con las diferentes maneras de conseguir el orgasmo. Hay que notar, además, que el sexo es también una necesidad pura de los hombres y de las mujeres (y de toda la gama de diferencias de género) capaz de generar una serie de movimientos de atracción y de repulsión que manifiestan las diversas tendencias de cada uno de nosotros. Sin embargo, sean lo que fueren nuestra afición y nuestros gustos (lo importante es no generar daño y respetarse), el objetivo final sigue siendo siempre el placer, aquella pizca de hedonismo personal con la que se ponen en marcha muchas de las aventuras de la raza humana.

Basada en la novela de Clive Barker y rodada por el mismo autor, Hellraiser es una película que nos invita a entrar en contacto con universos paralelos, en los cuales la búsqueda loca por el placer físico termina con un orgasmo infinito del cual las víctimas intentan escapar. Este placer no se basa, de todas formas, en el simple acto sexual, sino que aumenta desmedidamente el significado de cuerpo (elemento biológico, hecho de carne, piel y huesos, además de sangre) y la conexión entre placer y dolor; de hecho, el dolor es el punto más alto de este juego orgásmico, y las susodichas víctimas estarían obligadas a seguir sintiendo los dos elementos hasta un punto de goce que va más allá de lo soportable. Metáfora quizás bastante obvia de los actos de sadomasoquismo (más que metáfora habría que hablar de símbolo), lo interesante no estaría en el contacto que se establece entre placer y dolor, sino en la voluntad de vida.

Efectivamente, el principio sobre el cual se basa el cuento que Barker nos narra es el de renacimiento y de vuelta a la vida. El antagonista de nuestra película estaría luchando por escapar de aquel mundo de placer infinito en el que ha llegado para así volver a la realidad humana (la de nuestro cosmos) a través del sacrificio de otros seres humanos (sacrificios no voluntarios, por supuesto). Lo que deriva de esta perspectiva sería el cambio radical de un segundo nacimiento, del acto de recobrar nuestro cuerpo, reconstruyéndolo hasta la perfección de los detalles. Es una acción, como podemos descubrir analizando el texto fílmico, que va más allá de lo natural y que, por esto, se deshace de las simples reglas naturales según las cuales la vida puede crearse solo a través del encuentro de dos cuerpos (uno femenino y uno masculino), y solo abriendo paso a una criatura que necesita tiempo para crecer.

La presencia de la mujer en la estructura narrativa nos llevaría además a tener una situación de duplicidad en relación a su simbología. Por un lado, nuestra protagonista encarnaría la juventud (con su carga reproductiva y su placer por una sexualidad todavía nueva) y el amor real (por su padre, por ejemplo), mientras que la ayudante de nuestro antagonista se muestra capaz de matar para devolverle el cuerpo a su amante, desnaturalizando así el carácter de la mujer en tanto creadora de vida. Los niveles de lectura se cargan por estas razones de una serie de interdependencias capaces de aumentar el juego estructural de una película que, en su arquitectura narrativa, funciona perfectamente en lo que a sus engranajes se refiere. El resultado final es una iconicidad no solo de los seres extradimensionales que se mueven de su mundo al nuestro gracias a una caja de carácter mágico, sino también de una narración clara y con un ritmo espléndido.

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Ficha técnica:

Hellraiser ,  Reino Unido, 1987.

Dirección: Clive Barker
Duración: 93 minutos
Guion: Clive Barker
Producción: Christopher Figg
Fotografía: Robin Vidgeon
Música: Christopher Young
Reparto: Ashley Laurence, Andrew Robinson, Clare Higgins, Sean Chapman, Doug Bradley

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