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Festival Internacional de Cortometrajes ALCINE

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Sin duda alguna, el certamen de cortometrajes ALCINE debe estar considerado, si es que no lo está ya, como uno de los grandes referentes del circuito de cortometrajes nacional e internacional anual. Este año, el Festival ha cumplido su cuadragésimo cuarta edición.

Dentro del certamen nacional, cuyo jurado ha estado compuesto por Belén Macías, Mario Madueño y Diego San José, hemos podido ver cómo el gran triunfador, Todo un futuro juntos, de Pablo Remón, se alzaba con tres premios: Primer Premio del certamen, Premio a la Mejor Interpretación Masculina (Luis Bermejo) y Mejor Guion. Take Me the Moon, de Oriol Martínez y Enric Ribes, se ha alzado con el Segundo Premio y Café para llevar, de Patricia Font, con el Tercero.

Todo un futuro juntos, de Pablo Remón, se afianza, por tanto, como uno de los firmes candidatos en la carrera por los Goya, junto con Café para llevar, cortometrajes que seguramente formarán parte de esa lista de cinco candidatos finalistas. Todo un futuro juntos recrea una conversación entre dos altos directivos de banca, que comienza como una preocupación en torno a la situación de crisis que se atraviesa y que terminará dando un giro desconcertante, ya que terminarán hablando de amor.

Fotograma_Café para llevarLo cierto es que el nivel de los cortos presentados en el certamen nacional es elevado, de una bella factura muchos de ellos y que, de alguna forma, se podrían agrupar en determinadas temáticas. Así , por ejemplo, se debería poner el acento en un conjunto de cortometrajes que se mueven entre el documental y el cine experimental. Ser y volver,de Xacio Baño; Los invencibles, de Javier Barbero y Martín Guerra, ambos proyectados en Locarno;  (Re)construcción, de José Manuel Carrasco Fuentes, y Memorándum, de Juan Millares Alonso, una propuesta arriesgada donde las haya, que con la excusa de revisitar y revisar los orígenes del cine mudo, da una vuelta de tuerca y se termina convirtiendo en todo un análisis de la ruptura de una pareja, temática en la que aparentemente el corto centra su historia, pero cuyo contenido es mucho más denso, ya que se ha construido a base de muchas capas.

Fotograma_MemorándumDentro de los encuentros y desencuentros entre parejas que ya lo dejaron de ser o, incluso, de personas que pudieron llegar a ser pareja, pero no lo fueron y ahora se les presenta una oportunidad, encontramos varios cortos.

En primer lugar, Café para llevar, de Patricia Font, ya citado, que remite irremediablemente a la historia de Diana, una de aquellas nueve historias que componían el poema que rodó Rodrigo García, titulado Nueve vidas y cuyo desarrollo acontecía en el supermercado. En este caso, el encuentro se produce en un bar y todo termina convirtiéndose en un retrato doloroso de una pareja que dejó de serlo y para la que hubiese podido haber motivos para retomarlo, pero la distancia, el paso del tiempo y unas vidas rehechas actúan como elementos determinantes para hacernos ver que si pudo haber esperanza para ellos, ya nunca la habrá.

Nena,  ganadora del Premio Canal Plus y del Premio al Mejor Montaje, es una pieza todavía más íntima que la anterior, que retoma en un momento determinado de la vida de la protagonista, un trauma de su infancia, para lo que tendrá que luchar consigo misma, enseñándonos que nunca es conveniente cerrar ninguna puerta y que la vida está llena de segundas oportunidades.                                             Fotograma_El iluso

El iluso, de Rodrigo Sorogoyen (Stockhom) es una pieza que es una delicia. Rodada en blanco y negro y tomando como excusa el tema del reciclaje y con la intención de concienciar su importancia, este corto nos termina hablando del afán de superación, del amor y hasta de cierta inocencia en la que nos escondemos para convencernos a nosotros mismos de que podemos conseguir lo que queremos.

Por último, en Serori, de Pedro Collantes, Premio a la Mejor Producción Madrileña, encontramos un agudo retrato de la soledad en la tercera edad. Una mujer anciana recuerda con nostalgia el tiempo pasado en el interior de un coche, acompañada de un joven. Todo desencadenará en una situación un tanto embarazosa que nos permitirá ver a su protagonista de un modo diferente al que se la retrata al principio de la historia.

Como retratos de ciertos males, o quizás sería más acertado decir enfermedades, se han podido ver: Un día cualquiera, de Nayra Sanz Fuentes, y Soy tan feliz, de Juan Gautier. El primero, un retrato realista acerca de la anorexia que indaga en el entorno de la protagonista y en aquellas causas que la han conducido a esa situación. El segundo, el retrato de una MIR que trabaja en un hospital y que vive con su madre, enferma de Alzheimer.  Esta situación supone para ella una presión que la ahoga y de la que es difícil desprenderse.

Reseñas:

Café para llevar

El iluso

Memorándum

Raúl Liébana

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