Viñetas y celuloide 

El tesoro del Cisne Negro

Portada de El tesoro del Cisne NegroHabitualmente, esta sección se encarga de encontrar puntos en común entre el cine y el cómic, dos medios con lenguajes muy distintos pero, al mismo tiempo, tan conectados por el uso de la imagen como forma básica de expresión. Sin embargo, hoy dejamos un tanto de lado esas intenciones y centramos la mirada en el mundo de la viñeta, porque, en esta ocasión, me parece que El tesoro del Cisne Negro merece su propio momento de gloria.

El mercado del cómic español siempre es un viaje por la cuerda floja. Incluso en los momentos de gloria, siempre aparecen sombras que enturbian la historia editorial del país, y parece que es poco menos que imposible vivir de este fabuloso arte en el difícil panorama nacional. La mayoría de las ocasiones, los mejores lápices del país han de poner rumbo a pastos más verdes donde su talento se traduzca en rendimiento económico, a mercados mucho más consolidados como el franco-belga o el estadounidense.

Por suerte, hay excepciones. Autores que consiguen el difícil logro de llamar la atención del público generalista, más allá del lector habitual de tebeos (como se conoce de forma popular al medio en España). En esa tesitura se encuentra Paco Roca. Tras años de duro trabajo es, posiblemente, el dibujante más reconocido del panorama patrio. También tuvo que poner pies en polvorosa hacia el mercado francés, pero los muchos éxitos, traducidos en obras con varias ediciones a las espaldas, han conseguido que los libreros españoles apuesten por la indiscutible calidad de Roca.

La última obra en la que se ha visto implicado, El tesoro del Cisne Negro, surge de la colaboración con el diplomático Guillermo Corral, reconvertido en guionista de cómic, envueltos los dos autores en intrigas políticas con espíritu de aventura clásica.

El tesoro del Cisne Negro es una ficción construida alrededor de la historia real del contencioso que enfrentó al gobierno español con la empresa cazatesoros Odyssey, a cuenta del tesoro de un barco español hundido, sobre el que ambas partes reclamaban la propiedad. No es una historia escogida por casualidad; el escritor de El tesoro del Cisne Negro fue testigo de excepción de aquel litigio al formar parte del equipo encargado de recuperar el tesoro para el gobierno español. Con información de primera mano, el equipo conformado por Corral y Roca conciben esta historia a medio camino entre las bambalinas del poder y el relato aventurero con olor a salitre.

A la búsqueda del Cisne Negro

La aventura alrededor del Cisne Negro nos propone un relato que comienza siglos atrás, cuando los mares eran el campo de batalla entre potencias mundiales, que se jugaban el destino de Europa a base de frágiles alianzas y pólvora de cañón. En pleno siglo XXI, los protagonistas corren contrarreloj para encontrar la verdadera identidad del barco hundido, buceando por los documentos y la historia, mientras el duelo se vuelve encarnizado en modernos campos de batalla, los juzgados de los dos países implicados.

En espíritu, El tesoro del Cisne Negro, sin perder la identidad como ficción, tiene mucho de homenaje, de reverencia a las historias de marineros, a la pasión por el pasado y, sin lugar a dudas, a la influencia de Tintin.

Reconozco que no soy un gran fan de las aventuras del eternamente joven periodista belga, como tampoco puedo negar el enorme impacto que la creación de Hergé ha tenido en creadores de todo el mundo, incluido el mismísimo Steven Spielberg. Entre esos admiradores irreductibles, no hay duda que se pueden contar los dos autores de El tesoro del Cisne Negro. La mezcla entre el análisis de la realidad y la fantasía de la aventura de sabor añejo se dan la mano con autoridad, en una lectura que es auténtica delicia para el lector.

Corral y Roca perpetran su obra con la mirada puesta en el lector adulto, quizá veterano, con afinidad por las influencias que recogen en las viñetas. Lo curioso es que consiguen, a través de lo orgánico de la narración, de la sencillez con la que cuentan las cosas y el ritmo equilibrado de la propuesta, trascender las dificultades que, tradicionalmente, se ha encontrado el cómic en España para triunfar con la misma autoridad que, por ejemplo, las novelas. El tesoro del Cisne Negro es de esos cómics tan completos, desarrollados con tanto respeto por el lector, que podrían entrar en esas sempiternas listas, normalmente llenas de clichés, acerca de cómics que se recomendarían a personas que no leen cómics.

Intrigas Marinas

Mención aparte merece el trabajo de Paco Roca. Este señor sí que es un tesoro nacional. No es solo el estilo sencillo, ausente de cualquier artificio innecesario, directo a la retina del lector. El auténtico triunfo del dibujo de Roca es la habilidad maravillosa para narrar, para contar cosas como imágenes, inteligente en la química entre elementos cinematográficos y las herramientas infinitas de un medio como el cómic, el genial uso de los espacios y el intuitivo uso del color. La perfecta selección de viñetas por página, de sentido entre la sucesión de imágenes, hace que los personajes se muevan de forma viva por las sombras del poder. La sencillez convertida en obra de arte.

Lo que empieza como la búsqueda del tesoro, se complica momento a momento por intereses geopolíticos, influencias internacionales y secretos de estado que esconden el turbio presente bajo las nieblas del pasado. De Salgari  a las novelas de Patrick O’Brian, pasando por la crónica política, la mezcla de ingredientes de El tesoro de el Cisne Negro nos da lectura de la buena, de la que se queda en la memoria y en la retina.

Mención especial a Astiberri, la editorial encargada de la publicación de la obra, que siempre tiene el cariño y la profesionalidad para encontrar el mejor formato, convencidos de que el continente ha de hacer justicia al contenido. Para lucir en la librería, sin duda. El tesoro del Cisne Negro ya es un fenómeno editorial; que no se lo cuenten.

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