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Cultura y cine: una simbiosis entre la creatividad y la reactividad

La costilla de Adán

El matrimonio es uno de esos temas esenciales de la sociedad que ha venido experimentando cambios impresionantes desde comienzos del siglo veinte. Cambios asociados con la evolución del rol, no solamente de las mujeres, sino con el de los distintos géneros; con los cambios en las actitudes sociales; con el relajamiento y liberación de los patrones morales; con el mayor entendimiento de las relaciones de pareja y de los asuntos educativos familiares y sociales; con la ampliación del concepto de familia y las distintas regulaciones y marcos culturales que van teniendo en cuenta estas nuevas visiones; con los fenómenos de la globalización y de las migraciones. El cine ha evolucionado de igual forma en todos estos años y se refleja en la forma en que ha tratado el tema del matrimonio, generándose una rica interrelación entre la cultura, la sociedad y el cine.

Desde siempre el matrimonio ha sido tema vital en los cuentos, en las fábulas y en la narrativa popular. Muchas de estas narraciones tradicionales tienen un sentido educativo y cultural, concebidas quizás como formas sutiles de transmitir las creencias y los paradigmas sociales. El cine se ha convertido, me parece, en la nueva forma de transmisión cultural, en la manera actual de hacer fábulas y de contar historias de contenido social, impactando significativamente sobre las formas de pensar de las poblaciones. Se llega a una situación de simbiosis entre las nuevas propuestas que apenas surgen, de forma creativa y sorpresiva para muchos, y las situaciones que ya se dan socialmente, a las cuales el cine responde de modo reactivo, describiendo y afirmando lo que ya es realidad extendida en muchas partes y que, con la misma ayuda del cine, se va convirtiendo en situación normal.

Este es un asunto problemático, ya que el matrimonio es un objeto de crítica y de análisis, que se extiende a los artistas mismos, personajes populares sujetos a escrutinio social, cuyas vidas y cuyos matrimonios y divorcios se constituyen a su vez, en especies de películas que todo el mundo ve y examina. Los medios sociales se encargan de contar estas historias, que van entretejiendo con las historias imaginarias que tales protagonistas viven en el cine. A través de estos cien años largos de historia del matrimonio en el cine hemos visto cómo ha ido cambiando la disposición de los que realizan las películas (los directores, los estudios, los guionistas, los productores, los protagonistas y, en el caso que nos ocupa, Hollywood) hacia la forma de tratar los temas del matrimonio. En sus inicios, el tema se presenta con mucha cautela, dado que no había lugar para grandes variaciones y trucos narrativos, ante una audiencia más bien tradicional, que no estaba muy abierta a ver en el matrimonio un asunto de entretenimiento, dadas sus connotaciones morales y sociales de aquella época. Pero no ha cesado de evolucionar el tratamiento y, a medida que se liberaliza la actitud social, los realizadores de películas se han acoplado perfectamente, hasta llegar al momento actual, en el cual el cine es un hervidero de situaciones e historias familiares, matrimoniales y de relaciones de pareja, sin mayores límites ni convenciones, en un ambiente de total exploración y variabilidad.

En sus comienzos, la industria trataba el cine relacionado con el matrimonio desde el punto de vista de describir situaciones idealizadas, en las cuales se respiraba en el matrimonio un ambiente de orden, de relaciones, algunas felices o, si no, de situaciones conflictivas, las cuales se luchan y se resuelven. En la actualidad, los nuevos cuentos tratan asuntos bastante relacionados con la infidelidad, la intriga, los problemas sicológicos, los rompimientos, la decepción, el abandono, el cambio más bien superficial de parejas. De vez en cuando, aparece alguna historia de amor fiel, de relaciones hermosas y estables, como especie de excepción que confirma la regla moderna de liviandad en el compromiso y libertad extrema individual. Y quizás, con mayor realismo y actualidad, se describen situaciones de parejas que se unen, una o más veces, luego de anteriores intentos y fracasos, trayendo al hogar los hijos, los recuerdos y los traumas del pasado, intentando, una y otra vez, la esquiva felicidad.

Vamos a hacer un recorrido histórico, resaltando algunos hitos, señalando algunos de los clásicos del cine de Hollywood y cómo se fue configurando el tema del matrimonio en el cine. Debemos empezar por la época del cine mudo. En forma muy natural este tipo de cine está muy basado en lo visual, no tanto en el dramatismo de los diálogos. Por lo tanto, no es de esperar que se trate el tema de las complejidades de la vida matrimonial, casi siempre asociadas con conflictos de comunicaciones y diferencias de opinión, asuntos que no son de fácil transmisión a audiencias globales como las que pretendía atraer el cine mudo en sus comienzos, con los medios que este tiene. En cambio, se distingue el cine mudo por un tema notable, el de la persecución, rico en acción y en expectativas, que se adapta muy bien al de la búsqueda romántica de pareja, en la cual, cuando ocurren caídas, se trata de caer atrapado por el amor. Amor de tintes románticos, que implica permanencia y fidelidad, que si bien se puede matizar con la aventura y con ligeros toques de devaneo, al final prevalece.

Orquídeas salvajesEsta combinación de fidelidad, persecución y devaneos, se aprecia en Wild Orchids (Orquídeas salvajes, Sidney Franklin, 1929, con Greta Garbo, Lewis Stone y Nils Astheris). Es la historia muy bien contada de un hombre maduro y su joven esposa que viajan a Java, donde planean invertir en plantaciones de té. En el viaje en barco, se genera la romántica persecución de un tercer personaje, un príncipe oriental, que enamora a la mujer, aprovechando que se siente frustrada y sola, ya que su marido centra su atención en los negocios. Luego de múltiples intentos, ella cede y se deja besar por el pretendiente. Sin embargo, puede más su sentido de compromiso y, al final, el matrimonio regresa a Estados Unidos y ella reafirma su amor por su esposo. Se aprecia que, para permitir mejor los devaneos extramatrimoniales, estos se llevan a cabo en un ambiente exótico, externo al país, matizados por las danzas, el calor tropical, un príncipe oriental y un esposo descuidado. Y sin embargo, a pesar de las claras amenazas y tentaciones, la pareja regresa a su país y a la normalidad.

SuspicionLa relación de pareja y el hogar no escapan a ninguna de las variaciones de la vida: infidelidad, dinero, aventura, suspenso, incompatibilidad, adicciones, tecnología, crímenes, guerras, cambios sociales, modernismo. Por ello, grandes directores han tratado el tema matrimonial como base para contar historias con su sabor particular. Uno de estos casos es el del suspenso, con Alfred Hitchcock en Suspicion (Sospecha, 1941, protagonizado por Cary Grant y Joan Fontaine). Lina es una mujer joven y distinguida que conoce accidentalmente en un tren a Johnnie, un hombre simpático y atractivo. Se enamoran, se casan y todo parece feliz. Pero el hombre está atrapado por el dinero y el juego y se mete en asuntos extraños, convirtiéndose en un peligroso misterio, quizás en un asesino, y ella, probablemente, en su próxima víctima. Bueno, desde siempre el matrimonio ha sido un sitio peligroso para los desafortunados que caen en poder de parejas violentas y de mente torcida, y el cine, con bastante frecuencia, nos acerca a esas historias.

Made for each otherEn Made for Each Other (Lazo sagrado, John Cromwell, 1939) se produce una juiciosa mezcla entre matrimonio, amor y tecnología, lo cual no deja de ser un reflejo de los cambios que ocurren en el medio, notablemente en las comunicaciones y en el transporte. John Mason (James Stewart), un joven abogado de Nueva York, se casa por amor a primera vista con Jane (Carole Lombard), arriesgando así su futuro en la empresa de abogados donde trabaja, ya que su jefe lo tenía todo para él si se casaba con su hija. Vienen la depresión y la estrechez para la nueva pareja, que con un bebé recién nacido y bajos salarios, entra a la zona de conflicto. Todo se complica aún más cuando el bebé es llevado al hospital con neumonía. Morirá en cuestión de horas… a menos que un suero milagroso llegue por avión desde Salt Lake City, algo imposible, dada la lejanía y las condiciones de ventiscas y tormentas que impiden el vuelo. Inesperados milagros de comunicaciones y de heroísmo suceden para que el suero llegue a tiempo y el bebé se salve. Y con ello, también, el matrimonio y el trabajo de John en la firma de abogados. La película es también un buen ejemplo de lo que podría llamarse una historia de la vida doméstica, en sí misma un tema no muy glamoroso. Y quizás por ello se adorna con lo inesperado, con las circunstancias de un imposible vuelo milagroso, a través de todo un país, para que se conforme una historia de alcances comerciales. Lo cual no siempre es garantía de éxito, como lo muestra el caso de esta película.

Adam's RibHablando de éxitos comerciales en temas de parejas, vienen a la mente Katharine Hepburn y Spencer Tracy, el eterno y exitoso dúo del cine de Hollywood. Tracy, actor de compleja personalidad, tanto en sus películas como en su propia vida, católico, parco, apasionado y alcohólico, prefirió la infidelidad al divorcio. Casado desde 1923 hasta su muerte en 1967 con Louise Treadwell, tuvo entre sus romances públicos, una larga relación personal y profesional con Hepburn, desde 1941 hasta su muerte. Por otra parte, Katharine Hepburn se hizo célebre por su inteligencia, independencia y belleza; fue actriz protagonista en Hollywood durante 60 años, señalada por el American Film Institute como la mayor estrella femenina en la historia de Hollywood. La costilla de Adán (Adam’s Rib, George Cukor, 1949) los tiene a ambos como protagonistas. En un historia retorcidamente hollywoodense, los dos, que está casados y son abogados, se ven enfrentados cuando Amanda (Hepburn) asume la defensa de una mujer (Judy Holliday), acusada del intento de asesinato de su infiel marido, mientras que Adam (Spencer Tracy) ha sido escogido como fiscal para el juicio. Amanda, con gran habilidad, convierte el caso en una causa feminista de gran resonancia pública. Naturalmente, todo esto afecta el hogar de Amanda y Adán, creándose divertidas situaciones, cuyo fondo, bastante más serio, es el de la doble moral existente en la sociedad, que incluso llega a los hogares de personas inteligentes y divertidas, como ellos. En dos escenas de hogar se refleja bien, con todo el humor del que son capaces estos dos actores, el mensaje. Él sale de la casa, ofuscado; ella le dice: “No tires la puerta”. Él la tira con más fuerza y ello desata una secuencia de cosas que se caen, incluyendo la delicadeza misma de la mujer, que patea la puerta, una y otra vez. En otra, él, tratando de contentar a su mujer, le dice, repetidamente: “¿Quieres algo?”. Finalmente, ella dice: “Sí…”, y le da un femenino puntapié, que él no espera. Cuando crece el conflicto, surgen los celos y aparece el correspondiente intento de divorcio, pero algún asunto práctico se atraviesa y hace que esta inteligente y divertida pareja caiga en cuenta del amor subyacente, todavía vivo.

The Marrying KindEventualmente, Hollywood fue renunciando a tratar el tema matrimonial desde la conservación de las relaciones, a pesar de los conflictos. El asunto de los divorcios y las consiguiente demandas y episodios ante la Corte es algo que todos asociamos con la vida norteamericana, y el cine, no solamente comenzó a considerarlo, sino que eventualmente lo ha popularizado, contribuyendo a formar las imágenes que tenemos. En The Marrying Kind (Chica para matrimonio, George Cukor, 1952), los altibajos del matrimonio de una pareja (Florende y Chester, personificados por Judy Holliday y Aldo Ray) son expuestos ante los espectadores en su juicio de divorcio. La jueza nos lleva a lo que ya se ha vuelto una nueva característica de la modernidad, utilizar los recuerdos dolorosos como herramienta terapéutica y llevar la esfera privada a la luz pública. Todos se preguntan, junto con el juez, si sus amores en verdad se han ido o se los puede revivir a medida que la pareja los recuerda, en un ambiente entre melodramático y divertido, muy del sello del cine de Hollywood. La escena fundamental es un gran ejemplo de melodrama: Mientras están en un clásico día familiar de campo, típicamente americano, y Judy canta con el ukelele una canción desenfadada sobre el amor, ante Aldo y la hija de la pareja, que escuchan con ternura, sucede la tragedia. El hijo se ahoga y con él, quizás, el matrimonio también.

HeartburnOtra pareja excepcional de Hollywood, Meryl Streep y Jack Nicholson también intervienen en un par de películas, una de ellas claramente relacionada con el matrimonio. En este caso, no hay encanto ni insistencia que pueda salvar la relación. Estamos en la vida moderna y el divorcio y la separación son prácticamente la norma. En Heartburn (Se acabó el pastel, Mike Nichols, 1986), se da un matrimonio entre dos seres distintos, una escritora sobre temas de culinaria y un columnista político, ambos apasionados, inteligentes y muy enamorados, que incluso llegan a tener hijos. Pero la tendencia a la infidelidad y al engaño del hombre hace que al final nada funcione y que ocurra la separación. Es la dura realidad.

La guerra de los RoseLlega el momento en que para Hollywood, literalmente, el matrimonio se puede convertir en una guerra feroz. En The War of the Roses (La guerra de los Rose, Danny DeVito, 1989, con Michael Douglas, Kathleen Turner y el mismo DeVito), cuyo título se refiere no solamente al apellido familiar de la pareja, Rose, sino que en el fondo es una alusión a las históricas batallas entre las Casas de York y de Lancaster en la Inglaterra de finales de la Edad Media. Sin embargo, la trágica historia de la pareja, en la cual la relación se deteriora hasta extremos insospechados de odio y de malicia, es en realidad anecdótica, algo que ha pasado, una especie de película, que el abogado DeVIto narra a uno de sus clientes para disuadirlo que se deje arrastrar por el conflicto en su relación de pareja. Es el uso de las historias de guerra con fines morales.

BoyhoodPara terminar esta visión, me parece que vale la pena mencionar a Boyhood (Momentos de una vida, Richard Linklater, 2013), la preciosa película que lleva el matrimonio al cine con toda su complejidad moderna. Nos cuenta la historia hogareña de una pareja de dos jóvenes hermanos, centrada en la narración secuencial, simple, sin grandes comentarios, de la vida de muchacho, Mason (Ellar Coltrane) desde sus seis a los dieciocho años. Su vida ha transcurrido en medio de la inestabilidad, con su madre y su padre, ambos seres de gran calidad humana, cada uno por aparte intentando el logro de relaciones felices, no siempre exitoso, y sujetando a los jóvenes, quizás sin ser muy conscientes de ello, a una mezcla de momentos, casi siempre sorprendentes, a veces maravillosos, otras veces agobiantes. Se acerca así Hollywood, y nos acerca también, a la realidad actual, en la cual, en el hogar, están mis hijos, tus hijos, nuestros hijos; tus recuerdos, mis recuerdos y nuestros recuerdos.

Referencias y notas

Para elaborar este trabajo se han consultado distintas fuentes, notablemente el material del curso de Coursera Marriage and the Movies, dictado por Jeanine Basinger de la Wesleyan University (ver https://www.coursera.org/course/marriageandmovies).

Enrique Posada

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

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