Críticas

Las cosas de la mente

El hipnotista

Hypnotisören. Lasse Hallströmvon. Suecia, 2013.

Cartel de la película El hipnotistaEl cine es ideal para tratar las cosas de la mente. Con su capacidad para utilizar y combinar imágenes, es capaz de transmitir las sutilezas de los pensamientos de los personajes de una historia en una forma muy sensorial, que amplifica las posibilidades de los lenguajes escrito y verbal, acercándose a la transmisión mágica, aquella en la cual podemos leer los pensamientos del otro. Esto ocurre puesto que los vemos, no solamente imaginativamente, sino vívidamente, enriquecidos con escenarios, colores, sonidos, referencias y actuaciones deliberadas.

El cine crea de esta forma una especie de hipnosis colectiva, en la cual centenares, quizás miles de mentes se alinean tras las sugestiones de la trama, hábilmente canalizadas por el director y su compañía de actores, efectos, imágenes y diálogos. Naturalmente que se mantiene viva la individualidad y la capacidad propia de reacción y de análisis de los espectadores, pero en medio del impacto de fuerzas sugestivas y sutiles que  condicionan.

Fotograma de El hipnotistaSegún lo propuesto por Harry Canon, en los mecanismos de la hipnosis intervienen cuatro aspectos: un foco de atención, un sobresalto o cambio súbito, la presencia de una sugestión y una renuncia del individuo a ejercer crítica hacia las sugestiones recibidas. En el cine se facilita el tránsito por estos cuatro estados, con su riqueza de imágenes que se constituyen en focos de atención, con sus giros inesperados y sobresaltos, que desvían la atención, con la trama y los diálogos, siempre sugestivos y con el estado somnoliento, especie de trance, que se produce y que muchos experimentamos al ver cine, no necesariamente porque nos duerma la película.

El cine nórdico de alta calidad, en general despojado de intenciones excesivamente comerciales y populistas, más enfocado en lo artístico, en lo sicológico, en lo antropológico, tiende a crear situaciones que me atrevo a llamar hipnóticas, aún más que el cine de otras latitudes, ya que se enfoca en la mente y, en este sentido, el espectador contempla su propia mente cuando ve una de estas buenas películas y se entretiene siguiendo las sugerencias de la trama. Si se deja llevar, puede navegar por terrenos extraños y quizás penetrar en el mundo de los descubrimientos personales, por lo cual este tipo de cine tiene cierta capacidad de transformación personal y terapéutica.

Imagen de El hipnotistaEl hipnotista es una de estas películas. En una pequeña ciudad, se ha cometido un horrendo crimen. Un profesor de deportes ha sido asesinado en el coliseo de su colegio a punta de cuchilladas. No hay explicaciones, no hay pistas. En nuestras mentes, cuando se comete un crimen, y este hace parte de la vida real, en algún país de América Latina, nos imaginamos que va a quedar impune, que la investigación simplemente va a consistir en llenar unos papeles, hacer una autopsia, registrar y buscar los datos del muerto, recoger algunos testimonios, y ya está. Ocasionalmente, alguna denuncia, alguna coincidencia o alguna imprudencia del asesino hará que sea atrapado, pero esto sucederá solamente en un pequeño porcentaje de los casos. Pero estamos en el cine y se trata de un crimen en un culto país nórdico, así que nos preparamos para un gran episodio de investigación criminal creativa, seguramente pleno de sorpresas y giros, en el cual se va a hacer todo lo necesario para resolver el crimen. Y así es, tanto que entra en acción un famoso doctor experto en hipnosis para respaldar el trabajo de un par de investigadores de corte tradicional. Todo se vuelve extremadamente personal para el hipnotista, que se convierte también en una víctima que debe resolver el caso, pues en ello reside su propia estabilidad personal y familiar.

En esta película, la hipnosis es empleada por el protagonista a su pesar, como una pesada carga que debe sobrellevar y que lo conduce a las oscuridades del alma criminal. No son excursiones divertidas ni espectáculos de feria, como los que asociamos con los ambientes en los cuales se practican estas técnicas, en su momento, sorprendentes, hoy bastante entendidas y aceptadas como terapias de tratamiento para diversos problemas de salud y comportamiento. Acá es meramente un punto de partida hacia el thriller, un título atractivo. De poca utilidad será la hipnosis para atrapar al criminal.

HypnotisörenMás bien la idea subyacente es que el trabajo con criminales es difícil de ejecutar quirúrgicamente, que va a requerir de un profundo involucramiento personal, que se requiere una gran dosis no de hipnosis a otros, sino de auto-hipnosis y compromiso. En general, en las películas en las que se resuelven crímenes hay dos estilos de trabajo. Uno, el del héroe inteligente y persistente que va venciendo al criminal a través de pequeñas batallas, en la cuales pierde y gana, hasta vencer y resolver la situación, ya sea por la fuerza o por la inteligencia. Otro, en el que el héroe se mete en la cosa criminal, ya sea por decisión propia o en forma circunstancial, quedando resuelto el caso con base en las leyes de la interferencia, el criminal encerrado y atrapado, más que conquistado. También queda atrancado el investigador y de ahí el riesgo personal que se corre, sea de muerte, de frustración o de desilusión con las cosas de la vida, capaces de generar circunstancias tan oscuras y degradadas como las del crimen.

De todas formas, con o sin hipnosis, todo se reduce a las cosas de la mente, esa misteriosa protagonista de la vida, que es también la protagonista de El hipnotista, una buena invitación para recorrer algunos de sus inesperados recovecos, guiados por las similares sugestiones del cine.

Tráiler:

Ficha técnica:

El hipnotista (Hypnotisören),  Suecia, 2013.

Dirección: Lasse Hallströmvon
Guion: Paolo Vacirca (basado en una novela de Lars Kepler)
Producción: Filmpool Nord/Sonet Film/Svensk Filmindustri (SF)
Fotografía: Mattias Montero
Música: Oscar Fogelström
Reparto: Tobias Zilliacus, Mikael Persbrandt, Lena Olin, Helena af Sandeberg, Jonatan Bökman, Oscar Pettersson, Eva Melander, Anna Azcarate, Emma Mehonic, Gustav Levin

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