Críticas

El arte de la guerra oculta

El arma del engaño

Operation Mincemeat. John Madden. Reino Unido, 2021.

Cuando se visiona una película de las características de El arma del engaño (Operation Mincemeat, Reino Unido, 2021), basada en eventos reales, no se sabe a ciencia cierta si el espectador encontrará entre los vericuetos de los hechos verídicos narrados algún factor de sorpresa, visual o estético, que se salga de lo común e imprima un toque  imprevisible. En pocas ocasiones este tipo de trabajo suele asombrar por su inquietud artística. Lo más lógico es encontrar un texto formulario y asequible. Carente de espíritu y personalidad, cuyas claves formales se ajusten según lo esperado al entretejido de acciones y subacciones previsibles.

El resultado de la II Guerra Mundial es por todos conocido, pero a la industria le sigue animando dar a conocer peripecias históricas espectaculares. Contar en imágenes más o menos elaboradas y con el concurso de carismáticos intérpretes hazañas bélicas de toda índole. En el género, han predominado los pormenores de destacadas batallas o campañas cruciales expuestas con arbitrariedad de los guionistas. Una excusa para ilustrar, si es posible con abundantes medios de producción, la estrategia de los mandos militares y la valentía y/o heroicidad de oficiales y soldados para derrotar al enemigo en capítulos puntuales. No hace falta traer aquí los títulos más emblemáticos. Y tampoco es necesario apuntar las diversas reflexiones que el sentido de la guerra ha generado en algunos cineastas de cuajo respecto a su inutilidad y brutalidad.

Es mejor dejarse seducir por el emocionante atractivo de la inopia y entrar en su dispositivo visual sin bagaje alguno. La ilusión y el misterio deben prevalecer y el lenguaje del cine, su materia fílmica, aplicada por el realizador, son los que nos tienen que conducir al conocimiento de un hecho. Facturado con las licencias narrativas más adecuadas según el criterio de su director. En este caso se trata de relatar la osada triquiñuela llevada a cabo por los servicios de inteligencia ingleses para variar el rumbo de los acontecimientos en un momento clave del desarrollo de la II Guerra Mundial.

Dicho esto, dos aspectos considero de cierto gancho para ver el largometraje. Primero, su título original, Operation Mincemeat, cuya traducción es bastante elocuente, operación carne picada. A simple vista, su epígrafe es muy atractivo y revelador de una intriga prometedora, expectante y, por qué no, escalofriante. Segundo, la firma del autor de la novela, Ben Macintyre, todo un especialista en el tema del espionaje. La película está inspirada en su libro El hombre que nunca existió y, recientemente, ha sacado al mercado Agente Sonya, que aborda también desde parámetros reales la dedicación de una mujer a un entramado de espionaje. Por lo tanto, su condición de responsable del relato, tras una vigorosa investigación, otorga valor añadido al filme.

La puesta en escena está a cargo del realizador británico John Madden, que se ganó nombre y fama con Shakespeare enamorado (Shakespeare in Love, Reino Unido, 1998), ganadora del Oscar a la mejor producción. Aunque con el tiempo se ha sabido cómo se movían los hermanos Weinstein entre los académicos. Madden es un realizador con cierta afinidad para cine de acción y consumado dominador, con mucho tacto y sensibilidad, en tareas de dirección de actores. Talento y cualidad afín a la escuela británica, origen de su formación, que acuña trabajos solventes con poco margen para desatar la locura.

El arma del engaño argumenta los quebraderos de cabeza de una sección al margen del servicio de espía y contraespionaje del MI5 para construir una farsa de inteligente picaresca encaminada a hacer creer a los nazis que el desembarco de su fuerza armada se llevaría a cabo en territorio griego y no en las playas de Sicilia,  protegidas fuertemente por los alemanes.

Dos hombres íntegros, patriotas y de un ingenio muy persuasor elaboraron una habilidosa trampa tan perfecta que la Abwehr, el aparato de espionaje alemán, se tragó. Ewen Montagu, encarnado con la sobriedad que le caracteriza por Colin Firth, y Matthew Macfayden, como Charles Chulmondeley, en una interpretación correcta, apuntalaron, no sin contratiempos y desconfianza de su superior, una pormenorizada artimaña, no exenta de un humor macabro, que permitió el avance de los aliados en su trayecto de reconquista.

La acción comienza el 10 de julio de 1943, el día señalado para que los combatientes pusieran los pies en las arenas italianas e iniciaran la invasión. Sin embargo, hasta instantes antes de abalanzarse sobre los enemigos, los inquietos guerreros ignoran si van a encontrarse con una firme oposición o una pobre defensa de la zona. A la par, en Londres, desde el sótano donde está instalada la sala de coordinación de la operación carne picada, sus competentes pero atribulados muñidores carecen de información fiable que avale su triquiñuela. La línea de incertidumbre, que mide el éxito o el fracaso, es la misma en las catacumbas que en el frente.  Un prólogo de manual, con su poco imaginativo rasgo de misterio que se deja apuntado para abrir, en estilo novelesco, un largo flashback que hace retroceder la historia a seis meses atrás para ceñirse a una estructura canónica para construir los episodios al detalle del engaño.

El modelo de guion de El arma del engaño se asemeja a un patrón de narración y dispositivo fílmico estético/visual usado con decoro y eficacia en innumerables piezas de corte parecido. Si se conocen con más o menos exactitud los hechos contados en la película, el resultado, por su frialdad en la puesta en escena, se me antoja discreto. Al contrario, si el espectador entra en la sala sin tener conocimiento de la ingeniosa bravata, la obra puede satisfacer en las exigencias de intriga, suspense y alivio en el minuto final.

Las diversas subtramas, sobre todo la acometida en clave romántica, que atañe a los dos hombres por estar interesados en la misma mujer, Jean Leslie (Kelly MacDonald), abre una perspectiva amorosa que pulula sin nada meritorio que reseñar. Del mismo modo, la parte del argumento que se desarrolla en España con la intervención de actores locales, forma parte del engranaje de conjunto, funciona, pero en el plano anecdótico.

Sin embargo, el aporte integrado que me resulta revelador y apasionante viene de la mano del narrador omnisciente. Escuchamos una voz en off. Un personaje reflexiona sobre los avatares de la guerra mientras teclea una máquina de escribir. Se trata de uno de los militares asesores de la operación carne picada. Habla del conflicto bélico y de lo que la gente recuerda de su barbarie. Se refiere, resumiendo, a la destrucción provocada por las bombas y el recuento de muertos. Pero, según sus palabras, «se ignora que detrás de esas estampas se libra, con claroscuros, otro tipo de conflagración donde entran en juego el engaño, la seducción y la mala fe. Los participantes son extraños y rara vez aparentan lo que son; y la ficción se confunde con la realidad. Una barrera de mentiras eclipsa la verdad». Toda esta acertada consideración está mecanografiada por un personaje que responde al nombre Ian Fleming (Johnny Flynn), que está aprendiendo el oficio de escritor y acumulando experiencia para más adelante alumbrar a su legendaria figura, James Bond.

Tráiler de la película:

Ficha técnica:

El arma del engaño (Operation Mincemeat),  Reino Unido, 2021.

Dirección: John Madden
Duración: 128 minutos
Guion: Michelle Ashford
Producción: Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; See-Saw Films, Cohen Media Group, Filmnation Entertainment, Archery Pictures. Distribuidora: Warner Bros.
Fotografía: Sebastian Blankov
Música: Thomas Newman
Reparto: Colin Firth, Matthew Macfadyen, Mark Gatiss, Kelly MacDonald, Johnny Flynn, Penelope Wilton, Hattie Morahan, Simon Russell Beale, Paul Ritter.

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