Críticas

Acoso y soledad

Después de Lucía

Michel Franco. México-Francia, 2012.

Cartel de la nueva película de Michel Franco Desde hace un tiempo, el bullying (también conocido como acoso escolar) se ha convertido en una prioridad para las agendas sociales y escolares, alrededor del planeta. Incluso ha dejado de ser relacionado únicamente con las instituciones educativas, hasta evolucionar en nuevos términos como el mobbing (acoso laboral) o, por supuesto, el tan cada vez más recurrente cyber-bullying.

Reiterados y conocidos son los casos de acoso entres los niños y jóvenes en todo el mundo. Tal como sucedió con el reciente suicido de Amanda Todd, quien después de declarar su historia en YouTube se quitó la vida, en octubre de 2012. Aunque el acoso escolar se ha expandido a las redes sociales, mucho ha sido su impacto en la vida e interacción social de los jóvenes en las instituciones.

Michel Franco, tras hacer su ópera prima, Daniel y Ana (2009), que fue tan galardonada y elogiada como criticada y apedreada por su temática perversa y tratada “con calzador”, toma el revuelo de la publicidad que se le hace al tema del bullying como inspiración para su nueva película, Después de Lucía.

Alejandra (Tessa Ia) es una chica común que se ha mudado a la Ciudad de México con su padre para iniciar una vida nueva tras la muerte de su madre, Lucía. Integrarse a un nuevo estilo de vida implica que ingrese a una escuela y conviva con sus compañeros. El proceso de adaptación no le es difícil, no obstante –como sucede siempre en estos casos- Alejandra tomará la decisión equivocada, empujada por sus circunstancias, y accederá a ser grabada, mientras se divierte en el baño con uno de sus nuevos compañeros. De ahí, el resto será historia, dado que se convertirá en el centro de atención, burla y acoso de su nuevo “círculo de amistades”.

Tessa Ia en Después de LucíaFranco se ocupa de desencajar al espectador, utilizando una narrativa pausada y realista, en la que vamos conociendo lentamente a Alejandra, y junto con ella descubrimos todas las perversiones que sus compañeros traman. A ratos podría pensarse que tanta “inocencia” degenerada es imposible en los jóvenes, pero nuevamente la realidad ha superado a la ficción en pleno siglo XXI.

El personaje interpretado por Ia pasa de las molestias verbales a la violencia física y a la exclusión social, hasta el punto en el que es ignorada, mientras que padece maltrato de diversa índole: es obligada a ingerir sustancias, a dormir en el baño y hasta a mantener relaciones  sexuales con sus compañeros.

El director mexicano ha pulido su estilo, deteniéndose a explorar cada momento en la vida de Alejandra. Deja su cámara fija durante largos períodos, esperando que el personaje se desarrolle y explote de furia contenida. Tessa Ia ha logrado encarnar a una adolescente que está sobreviviendo una de las peores etapas de la forma más cruel: a través del acoso. Así, el personaje se vuelve real a cada escena, volcando al espectador en una ola de emociones, entre las que la turbación y la desesperación son recurrentes.

No obstante lo desagradable de algunas escenas, y la obvia temática que retrata Después de Lucía, hay otro par de temas que se exploran en la cinta. En primer lugar, la relación entre su padre, Roberto, y ella. A pesar de su cercanía y de los lazos tan profundos que los unen, ninguno de los dos es capaz de entablar una conversación certera y honesta. Una serie de capas cubren sus personalidades, impidiendo su comunicación. Los dos esperan que la vida suceda, y que ambos logren adaptarse a sus nuevas circunstancias, sin embargo, no están pendientes ni observantes de lo que realmente está aconteciendo en sus vidas.

Tessa Ia en Después de LucíaDespués de la muerte de Lucía, Alejandra y Roberto han perdido el balance de sus vidas; su estabilidad está supeditada al cambio y a su nueva realidad. Los dos responden a patrones externos, y ambos perderán el control de sus destinos, conforme vaya avanzando la trama.

Aunado a esto, una profunda sensación de soledad se irá creando e incrementando durante la narración. Solo Roberto, sin su mujer, tratando de adaptarse a la capital del país, viendo durante escasas  horas a su hija y sintiendo que su trabajo no se desarrolla ni se respeta. Sola Alejandra, sin amigos, sin padre, sin madre y sin dignidad. Solos y sin comunicación para poder corresponder sus afectos y comprenderse.

El bullying quizá sea el tema más evidente de la cinta de Franco, pero hay mucho más allá que reflexionar ante los 93 minutos de sufrimiento del personaje principal, en los que lucha por fugarse de su realidad y recuperar todo lo que ha perdido. Tal vez, en algunos momentos, el director ha forzado algunas situaciones, pero resulta funcional para transmitir su mensaje primigenio sobre la insensatez y falta de respeto hacia la vida de los demás.

Tessa Ia y Gonzalo Vega Jr en Después de LucíaNo cabe duda que Franco ha logrado exponenciar su nombre en el mundo con su propuesta temática en Después de Lucía, y más aún, conservando su estilo audiovisual: sobrio, inamovible, pausado, reflexivo. Con una iluminación natural y manteniendo la cámara al margen de las circunstancias, únicamente como un testigo más de la cruda realidad de los personajes.

Es incierto lo que hará el director de Después de Lucía; lo que es un hecho es que ésta es una de las películas de exportación que México dio en 2012, y que tal vez remueva la mente de quienes la visionen, tal como otras cintas lo han hecho en su momento, como Todd Solondz con Bienvenido a la casa de muñecas (Wellcome to the Doll House, 1995).

Tráiler:

Ficha técnica:

Después de Lucía ,  México-Francia, 2012.

Dirección: Michel Franco
Guion: Michel Franco
Producción: Billy Rovzar, Fernando Rovzar, Michel Franco
Fotografía: Chuy Chávez
Reparto: Tessa Ia, Gonzalo Vega Jr, Tamara Yazbek, Hernán Mendoza

4 opiniones en “Después de Lucía”

  1. Tengo una hija. No imagino, no me ha tocado, ese espacio. Cuan difícil podría ser para un padre mantenerse como un frío espectador. La película es fuerte en ese sentido, y no se aleja de la verosimilitud.

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