Críticas

Una odisea fantástica

Coco

Lee Unkrich, Adrián Molina. EUA, 2017.

poster pelicula cocoPara la realización de Coco, la nueva producción de Disney-Pixar, su director Lee Unkrich (Toy Story 3, 2010; Monsters. Inc, 2001) y su equipo de colaboradores viajaron seis años por las principales ciudades de la República Mexicana, en una búsqueda de historias, anécdotas y leyendas que plasmar en la reciente cinta animada que Pixar decidió estrenar en el XV Festival de Cine de Morelia, incluso, y por vez primera, antes de su estreno en Estados Unidos y el resto del mundo.

Coco logra conjuntar elementos ilustrativos, con un relato extraordinario que realza dulcemente la tradición mexicana, iluminando la pantalla de luces y colores, retratando las arraigadas costumbres de la típica celebración del Día de Muertos y haciendo, a la vez, un divertido homenaje a su cultura. Además de dejar claro el papel tan importante que tiene el arte; así, en tiempos en los que la política construye muros, el cine logra levantar puentes. Definitivamente, el arte une y estrecha los lazos que, a veces, la política no logra establecer; nos acerca uno al otro, nos representa y de manera pintoresca, en esta ocasión se convierte en una ventana a los mitos y leyendas de los pueblos de México, para envolver al espectador de momentos en familia y, además, adentrarse en un mundo lleno de fábulas, símbolos y secretos.

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Pixar nos regala una historia de aventuras, ternura y fantasía, a través de su protagonista Miguel, un niño de doce años, que vive en un típico pueblo mágico mexicano (una combinación de varios de los que Unkrich visitó), y es parte de una gran familia de zapateros, que viven todos juntos con la abuela y la bisabuela Coco, y se preparan para la festividad del Día de Muertos.

Miguel quiere ser músico, como el famoso intérprete Ernesto de la Cruz, a pesar de que en su familia la música está prohibida por alguna razón que el niño no comprende y que nadie se atreve a cuestionar, y mientras todos están ocupados con la ofrenda de muertos, el chico decide salir a perseguir su sueño. Así es como, cual héroe épico, hace un largo viaje de crecimiento y transformación, pero este se lleva a cabo, ni más ni menos, que en el animado y alegre mundo de los muertos. La acostumbrada algarabía del pueblo mexicano se mantiene con vida hasta después de la muerte, y el pequeño protagonista debe encontrar a su tatarabuelo, el famoso cantante, para que le otorgue la bendición de ser músico, aún cuando sea en contra de la prohibición familiar.

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Unkrich, junto a los guionistas Adrián Molina y Matthew Aldrich, logra captar con bastante fidelidad detalles importantes de la cultura mexicana para plasmarlos en pantalla con humor y con el toque de emotividad que caracteriza a sus historias. Hacen un retrato de los valores tan enraizados en los mexicanos, sobre el respeto a los finados: muestran puntualmente las características ofrendas y altares con su comida favorita, sus fotos y objetos personales. Asimismo, nos presentan las comilonas para celebrar a los antepasados, las abuelas longevas y fuertes como centro de la familia, las que a veces usan la típica chancla como elemento aleccionador; la tradicional flor de cempasúchil, por la creencia de que con su olor dirige a las almas desde el mundo del más allá para su visita cada año el 2 de noviembre, y por supuesto el simbólico perro Xoloitzcuintle, que acompaña a Miguel en su aventura, un endémico perro mexicano, que los antiguos indígenas tenían la idea de que acompañaba a sus dueños después de la vida, hacia el reino de la muerte.

En cuanto al aspecto visual y estético, se percibe detallista y encantador, el mundo de los muertos aparece cargadísimo de torres y edificios que irradian luces y reflejos encendidos de todas las gamas imaginables. Por su parte, los alebrijes, criaturas fantásticas y míticas de tonalidades brillantes y rebosados de color, comunes en la artesanía mexicana, lo habitan y embellecen; además se encuentra a su vez sobrepoblado por los miles de esqueletos y calaveras de los antepasados, creados con un bello estilo pictórico característico de las ya clásicas catrinas que alguna vez pintara el artista José Guadalupe Posada y que en Coco cobran vida, bailan, cantan, se desarman y se vuelven a armar, ríen y nos hacen reír, también lloran y, definitivamente, nos hacen llorar.

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Por otro lado, personajes icónicos de la historia de México hacen su momentánea aparición para darle un sutil toque de sorpresa y humor, haciendo guiños al espectador de más edad que los reconoce y los aplaude. Así, por ejemplo, se asoman artistas como Frida Kahlo; el héroe de la Revolución, Emiliano Zapata; el cantante Jorge Negrete o el cómico Cantinflas, entre otros.

El soundtrack, a cargo de Michael Giacchino, remarca el importante papel de la música en la cinta, imposible de separar de la cultura y vida diaria mexicana. Seguramente el tema principal, Recuérdame, quedará en la memoria del público.

El argumento ligero y a la vez profundo, deja un lindo y emotivo mensaje que llega a los corazones de chicos y grandes, generando momentos divertidos y especiales en un viaje místico y mágico, cargado de nostalgia y de recuerdos.

 

 

Ficha técnica:

Coco ,  EUA, 2017.

Dirección: Lee Unkrich, Adrián Molina
Duración: 105 minutos
Guion: Adrián Molina, Matthew Aldrich (Historia original: Lee Unkrich, Jason Katz, Matthew Aldrich, Adrián Molina)
Música: Michael Giacchino
Reparto: Anthony Gonzalez, Gael García Bernal, Benjamin Bratt

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