Críticas

La responsabilidad de la maternidad

Cinco lobitos

Alauda Ruiz de Azúa. España, 2022.

Desde que la tendencia sobre el empoderamiento de la mujer se instaló en la pantalla grande para quedarse de manera longeva, estamos viendo en el último lustro y desde el patio de butacas cómo la figura femenina no solo ha crecido exponencialmente, sino que su caleidoscópico paradigma es motivo de inspiración en toda sala máquinas de los guionistas.

Su papel y presencia configuran muchos de los argumentos que se redactan hoy. Hasta hace bien poco su tanto por ciento de soberanía, no de incidencia, en la historia era pírrico. Su estatus ha pasado de mero objeto ornamental a ser motivo y parte fundamental de la ficción en la actualidad. De ocupar unas páginas en las mentes de los creadores a aplicar el género femenino en muchos trances, aunque sean anecdóticos. Su imagen es tan decidida y respetable que se ha canonizado para transformarse. Las armas de mujer han dejado de ser contemplativas para emerger con una autoridad aplastante. El rol se ha transmutado, irrumpe la transversalidad, y la jerarquía incontestable de su versatilidad fragua muchas páginas de los libretos.

Ahora mismo, la multiplicidad de las funciones de las chicas es más amplía y menos reductora. Las gamas y capas de sus prestaciones son muy parecidas a las de hace unas décadas, las mujeres siguen haciendo lo mismo, pero han ganado terreno desde términos de respeto y siguen peleando por la igualdad de género. El feminismo plural es una conquista y se nota en las producciones que cada semana llegan a la cartelera comercial que los relatos abren perspectivas con más ramales para apuntalar el rol de la mujer en todo tipo de derroteros.

Por lo tanto, retornan a la sala oscura ingredientes que siempre han estado ahí, variando el perfil bajo y dotando la predisposición de una fuerza sin paragón. Contribuye, también, a esta ola de intentar igualar condiciones y ecos la llegada, al menos en el mercado español, de una nueva y lozana hornada de mujeres cineastas que alumbran, desde postulados personales, hermosos planteamientos que ojalá no sean coyunturales.

De este panorama generacional, una de las firmas que ha logrado hacerse un hueco con su ópera prima es la realizadora vizcaína Alauda Ruiz de Azúa, que sorprende con su trabajo, Cinco lobitos (España, 2022), una apuesta agridulce sobre la maternidad, un tema mirado desde la individualidad.

La directora se formó en el campo de la comunicación audiovisual y amplió estudios de filología inglesa en Deusto (País Vasco). Una trayectoria exitosa en el cortometraje y subsistencia en la publicidad la llevan a un primer trabajo acometido desde la intimidad y abordando un tema, con raíces autobiográficas, desde el enfoque personal. Cualidades que afloran durante el metraje y desnudan sensaciones vívidas que solo parecen brotar cuando eres conocedora de un hecho como el narrado por Alauda.


La película pasó por la sección Panorama de la Berlinale y estuvo en la sección competitiva del festival de Málaga. En este certamen, Cinco lobitos arrasó en el palmarés, consiguiendo cinco premios, entre ellos el de mejor película, guion y reconocimiento del público. Por lo tanto, junto a Alcarrás (España 2022), de Carla Simón, vencedora en Berlín, y esperando otros títulos también rodados por realizadoras, es un placer constatar la riqueza y emotividad de estas cineastas por hablar de un material que conocen.
Los cinco lobitos a los que alude el largometraje hace referencia a un motivo musical infantil tarareado por los padres y parientes de un recién nacido cuando tratan de amortiguar su llanto, entonando, mientras mueven la mano, una canción tradicional, a modo de llamar su atención y conseguir su apaciguamiento.

El verdadero vector de la historia es Amaia, interpretada con naturalidad y cierta antipatía por la actriz Laia Costa. No hace mucho, la intérprete catalana asombraba a la audiencia por el descaro e intensidad mostrado en la pieza Victoria (Alemania, 2015), de Sebastian Schipper, sobre el vagabundeo nocturno de una muchacha por Berlín y rodada en tiempo real. Ahora, dominando las emociones y mostrando su catálogo de angustias e inseguridades, encarna a una chica que acaba de tener un bebé. Es decir, primeriza y atacada por la responsabilidad. Es como si pasara un huracán en un día soleado.


Su pareja, Javier (Mikel Bustamante), tiene que ausentarse por asuntos laborales y necesidades económicas. Pese a los esfuerzos disuasorios de Amaia, Javier hace la maleta y deja a su compañera desprotegida y a merced de los elementos y el destino. Empieza una odisea que lleva en el mundo desde los albores de la humanidad, pero cada caso es aparte y cada progenitor encara desde cero una tesitura impredecible, aplicando, en una primera toma de contacto, el aporte aprendido de sus precedentes.

Alauda dibuja un drama desde el punto de vista de la sufridora Amaia, su alter ego, para trazar una tarea natural, una etapa de la vida, fácil o complicada, según las circunstancias.

El ambiente socioeconómico de Amaia es acogedor. Proviene de un entorno con posibilidades en caso de emergencia. Ama la independencia y con su pareja, de trabajo inestable, procuran sobrevivir. La llegada del bebé provoca un socavón y enciende las alarmas.


Cinco lobitos funciona como retrato sociológico de una mujer y un hombre que deciden ser padres y la llegada del nuevo miembro desarticula el equilibrio, abriendo un brete en el dominio de la mujer. Amaia se queda sola en el nido y ve peligrar su condición profesional. Trabaja como traductora y la exclusiva atención a la niña perjudica su agenda. Está incómoda, fastidiada y se vuelve antipática.

La idea de Alauda también picotea en el lado generacional. La angustia de la maternidad y la soledad de Amaia enlazan con su escapatoria a la casa de sus padres, como refugio y ayuda, y sobreviene una tesis que no siempre es agradable. A pesar de los vínculos sanguíneos, la independencia es la mejor fórmula. La coexistencia, en este caso, aviva, en plan agridulce, episodios de cariño pero también de desafectos. La agresividad estalla y el desencanto se apodera del clima crispado. Y otra ley vital, formulada en los últimos compases del relato, nos dice que llega un momento en que estamos más para cuidar a nuestros padres que a nuestros hijos.

Cinco lobitos es una película emotiva, sincera, dulce, también agreste, que habla de la responsabilidad con personajes contradictorios, de carne y hueso. Peripecias cotidianas y sentimientos a flor de piel mostrados con franqueza. Se advierte el talento de una realizadora atenta a los detalles y a los imprevisibles cambios de humor de sus figuras. Lo que vemos y sentimos es transparente, porque seguramente su autora los ha vivido y sufrido.

Tráiler de la película:

Ficha técnica:

Cinco lobitos ,  España, 2022.

Dirección: Alauda Ruiz de Azúa
Duración: 104 minutos
Guion: Alauda Ruiz de Azúa
Producción: Encanta Films, Sayaka Producciones Audiovisuales, Buena Pinta Media, RTVE.
Fotografía: Jon D. Domínguez
Música: Aránzazu Calleja
Reparto: Laia Costa, Susi Sánchez, Ramón Barea, Mikel Bustamante, José Ramón Soroiz, Amber Williams, Lorena López.

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