Series de TV: 

Breaking Bad

Cartel de la serie Breaking Bad

En los últimos años, la ingente producción americana de series televisivas ha demostrado que existe una eficacia conceptual más allá de la exitosa cadena por cable, HBO. De hecho, el formato, la temática (y el contexto) y el impecable desarrollo de Breaking Bad bien podrían imaginarla como producto de la cadena de Time Warner, cuando en realidad pertenece a AMC. Los tiempos cambian y la crisis se hace tan fuerte que es inherente a los argumentos ya que, al revés de lo que ocurre con el cine, está conformando el mejor marco para que la calidad de la televisión norteamericana se multiplique exponencialmente.

La serie creada por Vince Gilligan (Expediente X) constituye un hito premonitorio al haberse estrenado en un insospechado preámbulo de la hecatombe económica, presentando una trama que, de manera inconsciente, se ha solapado con ella. Parte de una premisa sencilla, el tráfico de drogas como solución a la ruina familiar, algo que ya Imagen Breaking Badhabía planteado Weeds dos años y medio antes, pero con algunas reservas. Mientras que en la serie de Jenji Kohan, la venta de marihuana era el mejor vehículo para poder mantener una determinada calidad de vida, en Breaking Bad se trata de una medida desesperada para salvar los muebles de una familia que se va a pique por el tratamiento del cáncer de pulmón del padre (los problemas de salud continúan siendo la principal causa de las ruinas familiares en Norteamérica). Sin embargo, salvo las notables diferencias en el tratamiento del humor -una carcajada mucho más cínica en la serie de Gilligan-, ambas guardan la analogía de aleccionar sobre los riesgos de una actividad que genera una potente adicción tanto en sus perpetradores como en sus consumidores. Incluso, es fácil encontrar un parentesco en sus primeras temporadas, antes de que la familia Botwin emprendiera una huida hacia ninguna parte y de que a Walter White (espectacular Bryan Cranston) le pesara más la ambición y el orgullo profesional que su voluntad original.

No obstante, si escarbamos un poco más allá de la concreción, concluiremos que la realidad más aproximada (comparativamente) de Breaking Bad es una plausible combinación entre la temática de la serie protagonizada por Mary-Louise Parker y el excepcional tratado sobre la evolución psicológica de personajes que conformó Alan Ball en su obra maestra para la televisión, Six Feet Under. Si bien es verdad que Walter nunca tuvo vocación de camello, sus conocimientos químicos (es profesor de instituto) y la certeza del dineral que puede sacarse de la venta de drogas (su cuñado es agente de la DEA), obran en su cabeza un cortocircuito determinante, nada más enterarse de su enfermedad, en el primer capítulo.

Fotograma de la serie Breaking BadTras uno de los mejores arranques que recuerdo en una ficción televisiva, los tiras y aflojas de Walter con su mujer pronto dejan intuir que las buenas intenciones quedarán en un imposible: dedicarse en exclusiva a la ayuda de quien nunca la aceptará por desaprobar los medios. Además, su hijo, Walter Junior, pasa de ser un elemento que da cuenta de la complejidad de la vida del profesor, a servir de nexo indispensable de una pareja que va y viene, sin haber dicho aún su última palabra. Por ello, Walter termina por debatirse entre los trastornos inversamente proporcionales de dos entes incompatibles, su familia y su relación laboral con su exalumno Jesse Pinkman (Aaron Paul).

Walter y Jesse se quieren y se odian. Ora son padre e hijo, ora son perro y gato. Mas, la única constante en su relación es la mutua necesidad. En lo laboral, porque forman el equipo perfecto, capaz de cocinar la metanfetamina más pura del mundo. En lo sentimental, porque cada uno es el único amigo del otro, su verdadero confidente. Los excelentes guiones les hacen ejercer un sano antagonismo recíproco, que se va recrudeciendo por las numerosas trabas que aparecen por el camino. La más invariable está personificada en Hank, el cuñado de Walter, obsesionado con atrapar a un dealer al que no consigue poner cara. Tras cuatro temporadas, esta línea cada vez más delgada que separa a los cuñados, se antoja la más probable para la resolución del serial. A partir del próximo 15 de julio, fecha del estreno de la quinta y última temporada, lo averiguaremos.

Breaking Bad, la seriePero, sin duda, la cicatriz de la que más puede presumir Gilligan está marcada por el atípico capo Gustavo Fring (Giancarlo Esposito). Hombre metódico, imperturbable pero escrupuloso, y muy despiadado, su aparición y su muerte han sido los dos grandes puntos de inflexión de la serie. La quietud de personajes como Fring (que a su vez han dotado de relevancia a otros secundarios como el maravilloso abogado Saul Goodman) y la soberbia puesta en escena de cada temporada, consiguen que apenas se distingan esos capítulos de relleno que incluyen todos los seriales para cohesionar tramas, resultando tanto o más interesantes que aquellos en los que se corta el bacalao. Para muestra, un botón: La mosca (Fly), polémico capítulo -décimo de la tercera temporada- que dividió opiniones, un auténtico ejercicio de estilo que transcurre de manera íntegra en el laboratorio, con Walter y Jesse dejando fluir sus actitudes a través de alegorías concisas.

Breaking Bad, TVLas series de televisión ya han documentado el proceder de las organizaciones criminales (The Wire, estaba creada por el periodista David Simon) y sus relaciones personales y alzamientos de poder (Los Soprano). Breaking Bad recoge estas dos dimensiones y las hace cotidianamente probables, incluyendo una alusión políticamente incorrecta a los tabúes sociales y el sugestivo extra de la disyuntiva moral: a medida que el negocio se vuelve más peligroso, la enfermedad de Walter va remitiendo. Pero ya no hay vuelta de hoja. No se halla en un callejón sin salida, es que no es capaz de dejar algo que funciona, un lugar donde, pese a los riesgos, está atrapado. Así, se produce en él una distorsión del maniqueísmo primario, una trasformación de héroe a villano. Y es que, mientras que en Weeds, la máxima que primaba frente al desastre era “carretera y manta”, en la serie de Gilligan es casi la opuesta, prueba de la frialdad con la que se resuelven sus episodios: yo me lo guiso, yo me lo como.

5 opiniones en “Breaking Bad”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *