Críticas

Hostilidad en el asfalto

Bicicletas vs. Coches

Bikes vs. Cars. Fredrik Gertten. Suecia, 2015.

Cartel de la película Bicicletas vs. cochesEl periodista sueco Fredrik Gertten es conocido en el mundo del documental por sus anteriores trabajos. En 2005, realizó El socialista, el arquitecto y la torre girada (The Socialist, the Architect ant the Twisted Tower), basada en la construcción por el omnipresente arquitecto, por lo menos por mis tierras, Santiago Calatrava, de una torre girada de viviendas en la ciudad de Malmö. Cuando los años pasan, las obras se retrasan, y los costes se disparan. Bananas (2009) fue su siguiente proyecto, filmado en Nicaragua, denuncia la situación de trabajadores de plantaciones de plátanos de la multinacional Dole Food Company, que atribuían el padecimiento de graves enfermedades por la utilización de ciertos pesticidas. Precisamente, el siguiente film de Gertten, Big Boys Gone Bananas (2011), se centró en la denuncia de la campaña mediática y judicial realizada por la citada multinacional para intentar evitar la difusión del documental anterior. En esta ocasión, con Bicicletas vs. Coches, utilizando un título polémico incluso para algunos ciclistas, al creerlo incitador de mayores conflictos, el director sueco intenta mostrar la situación de convivencia diaria que han de soportar las bicicletas y los coches en distintas ciudades del planeta, reflexionando sobre las ventajas e inconvenientes de fomentar uno u otro modelo de transporte.

Estamos ante una lucha desigual en el intento de ubicación en el espacio. Los poderes, fuerzas y consecuencias de utilizar uno u otro medio para desplazarse son muy diferentes, y el auge e influencia que ha ido alcanzando el automóvil y su industria a lo largo del pasado siglo se presenta difícil de cortar en breve espacio de tiempo. La película nos lleva de viaje a diferentes ciudades, distintos continentes, y en todos ellos, en lugares tan remotos como São Paulo, Los Angeles o Toronto, el panorama es el mismo: ríos y ríos de vehículos a motor en movimiento, ocupando el espacio, en parada forzosa o descansando para poder seguir contaminando al día siguiente. Fredrik Gertten, con una utilización del documental a la manera del cine denominado “de guerrilla”, toma claramente partido por el lado más débil, y mediante sus imágenes, entrevistas, voces en off de los personajes y estadísticas. Recurriendo también a fotos o declaraciones de dirigentes públicos, va sacando a la luz e intentando concienciar del inmenso poder político y económico que poseen las grandes corporaciones automovilísticas. Poder que está llegando a orientar la política municipal y estatal al servicio del señor de cuatro ruedas, mediante la construcción de más autopistas y más carriles en las ya existentes, mayores aparcamientos, y debido al alejamiento de residencias del lugar de trabajo. con el fomento de los centros comerciales. Todo ello para seguir apostando por la necesidad del uso del vehículo a motor. Incluso, hay ciudades, como Los Angeles, en donde el servicio de transporte público ha pasado de ser el mejor del mundo a principios del siglo veinte, a desaparecer completamente en los años sesenta. Resulta igualmente esclarecedor que las dos ciudades más envidiadas por los ciclistas, Copenhague y Amsterdam, no posean industria nacional del automóvil.

FotogramaBicicletasvs.Coches1A nadie se le escapa que el transporte en bicicleta por las urbes es una bendición para el medio ambiente, y que también puede llegar a ser un artefacto muy peligroso para su usuario, un instrumento que puede acabar siendo mortal, que sobrevive a expensas del tráfico rodado de automovilistas con prisa, nerviosos por las retenciones, atrapados en horas punta, con poca pericia en el oficio, sin las capacidades en plenitud por edad o consumo de drogas o medicamentos, y a quienes se les han puesto las instalaciones adecuadas para que no añoren la velocidad en ese itinerario de gases, ruido y anonimato que otorga la carrocería. El director sueco no pasa por alto los recurrentes atropellos a ciclistas, esas cifras frías de fallecidos, esas bicis fantasmas o blancas, que esconden tragedias personales únicas y vidas prematuramente truncadas, por la ocupación en masa de quienes piensan que las calles les pertenecen.

El odio hacia el ciclista está encarnado en la película por personajes tan dispares como un taxista de Copenhague o el ex-alcalde de Toronto, Rob Ford. Entrevistados, en declaraciones públicas o imágenes de archivo, llegan a llamar a la situación como una guerra; del taxista, que considera a las bicis como insectos revoloteando, destacamos esta frase: “… Entiéndame, no odio a los ciclistas, tengo algunos amigos ciclistas y son bastante majos…”; el alcalde, que consiguió alcanzar el puesto de mando en el año 2010, tomó como primera medida suprimir la tasa de matriculación de los coches, eliminó carriles de bicis ya construidos, y manifestó: “… Cuando un ciclista muere, me da mucha pena, pero en el fondo es su culpa…”. La hostilidad hacia el usuario de dos ruedas sin motor es evidente, y la podemos detectar en conversaciones en la peluquería, con los taxistas, en la cola del cine o de la panadería. ¿Pero todo el mundo puede ser conductor? ¿Cualquiera podría ser juez, arquitecto, ingeniero, albañil o vendedor? ¿No se estarán “regalando” licencias de conducir a incompetentes ante el volante, para mayor gloria de los intereses de empresas automovilísticas y regocijo de las arcas municipales por tasas, tributos o multas?

FotogramaBicicletasvs.Coches2El director, a través de planos generales, nos coloca en las vivencias diarias de las autopistas de Brasil, Estados Unidos, Europa o China, y lo contrasta con planos secuencia que siguen a los ciclistas, todo ello con una fotografía intensa, de fuerte colorido, y sin tratar de evitar la asociación del asfalto con el coche y del verde con la bicicleta, destacando la sensación de libertad y espíritu libre que produce esta última. Tampoco renuncia Fredrik Gertten a expresar su punto de vista o búsqueda de la realidad, mediante los elementos que le ofrece este medio audiovisual que es el documental: combina tanto tomas actuales como materiales de archivo, testimonios personales, fotos en blanco y negro de instituciones públicas, voces en off que sacan a la luz el pensamiento de los protagonistas, todo ello con un montaje atractivo y vigoroso, y utilizando músicas clásicas tan conocidas como la Jazz Suite No. 2 de Shostakovich o el Bolero de Ravel.

Hay dos circunstancias que echamos en falta en la película, al debatir la coexistencia de los dos vehículos. El primero se trataría sobre el grado de conocimiento que el conductor posee sobre los derechos y obligaciones de los ciclistas: ¿Pueden ir en paralelo? ¿Qué distancia mínima hay que mantener para adelantarlos? ¿Como debe resolverse la preferencia en las rotondas? El segundo tema, y no por ello menos importante, consistiría en insistir en la propia conciencia del ciclista sobre su seguridad: la necesidad de llevar “siempre” (siempre es en todo momento) casco, la búsqueda de las rutas menos conflictivas, de tener prudencia constantemente, del respeto a las normas de tráfico, de huir de la circulación por la oscuridad, y de tener en todo momento en consideración, a su vez, al más débil de la cadena, el peatón.

El film intenta buscar respuestas sobre quién y por qué se toman las decisiones en materia de tráfico urbano, con qué criterios, quién financia, y la conclusión a la que se llega (dando mayor protagonismo en metraje, datos y opiniones a los partidarios de los velocípedos), es que, con una intensa movilización de las compañías económicamente interesadas, a través de la influencia política y la publicidad, se está consiguiendo la equiparación del automóvil con la riqueza, como un símbolo de estatus social superior al que se aspira, haciendo caso omiso o engañándose sobre el cada vez mayor número de horas que se soportan en colapsos circulatorios, la carencia de aparcamientos en las urbes, en relación con el incremento del número de turismos, el ruido insoportable que generan en algunos puntos, la contaminación del medio ambiente, que ya está provocando enfermedades respiratorias en muchos ciudadanos, y sin olvidar que el modelo que propone no puede ser eterno, los espacios y recursos en petróleo son limitados, y ya únicamente por necesidad, se debería contemplar otras alternativas más sostenibles.

FotogramaBicicletasvs.Coches3

Dice la canción que cuando un amigo se va, algo se muere en el alma, pero cuando quitan un carril bici, pensando en los sudores, manifestaciones, movilizaciones e incluso muertes que cuesta su instalación, hace que se quiebre cualquier confianza hacia el destino del planeta.

Tráiler:

Ficha técnica:

Bicicletas vs. Coches (Bikes vs. Cars),  Suecia, 2015.

Dirección: Fredrik Gertten
Guión: Fredrik Gertten
Producción: WG Film. Margarete Jangard. Elin Kamlert
Fotografía: Kiki Allegier. Janice D'Avila
Música: Florencia Di Concilio

Pilar Roldán Usó

Graduada del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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