Críticas

Un monstruo puede soñar

Beast

Michael Pearce. Reino Unido, 2017.

Cartel de la película BeastBeast es una película extraña. A veces es, incluso, incómoda. En su debut, Michael Pearce nos habla de monstruos. De cadenas, de caretas, de la identidad, del precio que pagamos por nuestro pasado y la losa que significa para el futuro. Juega con elementos de historia detectivesca, pasado por el filtro  neblinoso del ambiente casi onírico que ofrece la opresiva isla que sirve de escenario al drama. Además, casi sobre todo eso, es una historia de amor. Amor turbio, enfermizo, a veces, tan liberador y salvaje como terrorífico, según avanza la compleja relación de los protagonistas. Porque el amor significa, entre otras cosas, encontrar a alguien con quien compartir las taras personales. Con dos personajes límite como los que protagonizan Beast, el descenso a los infiernos está servido.

Michael Pearce mezcla sin miramientos diferentes influencias e intenciones, con el peligro evidente de resultar indigesto en sus pretensiones. Aún así, se descubre como un creativo a tener en cuenta en el futuro, cuando afine su estilo, por otra parte bastante contundente si nos atenemos a los resultados de esta, su primera película. Desde el drama de descubrimiento personal a la esencia criminal de la trama, Pearce apuesta, sobre todo, por los personajes, por el carácter humano de los protagonistas, aunque esa humanidad sea el reflejo de un lado oscuro que resuena en lo más profundo de nuestro inconsciente.

Beast nos cuenta la historia de una mujer sometida a las presiones familiares. algo en su pasado marcó para siempre a la joven, que sufre los efectos del exceso de celo familiar en una comunidad tan cerrada como la isleña. Aparece entonces Pascal, un joven diferente, ajeno a las normas y convenciones, que pone patas arriba la convencional y rutinaria vida de la protagonista. Pero algo terrible ocurre en la isla. Alguien está asesinando a mujeres jóvenes. Y todo parece indicar que el recién llegado tiene mucho que ver con los crímenes.

Bajo esta premisa, Pearce nos propone el viaje interior del personaje interpretado por la magnífica Jessie Buckley. De la apocada muchacha que baja la cabeza ante las imposiciones maternas a un auténtico vendaval de emociones, entre el grito desesperado por la libertad negada y la ira reprimida. La confusión es la nota predominante en este despertar, puesto que, entre otras cosas, se ve obligada a mirarse en el espejo, y quizá no esperaba la oscuridad que devuelve la mirada.

Beast, fotograma

Al otro lado del ring, Pascal, interpretado por Johnny Flynn. Libre, sin ataduras, pero que también lucha contra sus propios demonios. El misterio rodea a este joven al límite, y su forma de ver el mundo provoca rechazo en la mayoría de la gente, excepto en la protagonista, que ve la vía de escape hacia sí misma que siempre se le ha negado.

Las interpretaciones de Flynn y Buckley son una de las grandes bazas de la propuesta. Defienden con algo más que oficio sus complejos ejemplos de humanidad distorsionada. En especial, Jessie Buckley maneja a la perfección las múltiples caras de su personaje, cambiante y poderoso, pilar fundamental de la narración, con una contención dramática de primer orden. Sobresaliente trabajo de la joven actriz, que deja patente la habilidad para el trabajo emocional y dota de crédito a las diferentes máscaras que porta su papel.

Además del fantástico trabajo actoral, Beast se sostiene sobre el magnífico ambiente construido por su director, que saca partido de la luz apagada de la neblinosa isla, imagen que da poder al aparato emocional de la película. Michael Pearce deja para la retina hermosas imágenes, que contrastan con la negrura que acoge el alma de los implicados en este drama de tintes detectivescos. Los silencios se rompen gracias al inteligente uso de la banda sonora, perfecta en intenciones en la envoltura casi minimalista de la partitura compuesta por Jim Williams. Pearce nos introduce en un universo casi onírico, en el que las fantasías más oscuras quieren adueñarse de la realidad, donde los personajes parecen flotar en la fantasía perversa que sobrevuela con maldad a los habitantes de este lugar perdido.

Beast, imagen

A pesar de las buenas sensaciones, Beast está muy lejos de ser perfecta. En ocasiones peca de tramposa, en el juego del engaño que puede resultar impostado, rozando el cliché. También es cierto que la eficaz premisa pierde fuelle en la segunda mitad de la película, y las sorpresas no lo son tanto por el mareo excesivo al que somete al espectador.

Por suerte, los puntos fuertes de la película son lo bastante contundentes como para que esos tropezones no estropeen el visionado de esta personal ópera prima de Michael Pearce. Muestra universo propio, recursos, personalidad y fe en las posibilidades de lo pequeño. Sin ruido, sin excesivos alardes, pero con impronta visual, Pierce nos regala una película diferente. Los monstruos pueden tener cara amable, nos cuenta Beast. Se esconden entre nosotros y sueñan con ser normales (signifique lo que signifique  esa palabra). Y los sueños, como dijo aquel, sueños son.

Tráiler:

Ficha técnica:

Beast ,  Reino Unido, 2017.

Dirección: Michael Pearce
Duración: 107 minutos
Guion: Michael Pearce
Producción: Agile Films / British Film Institute / Film4 Productions / Stray Bear Productions
Fotografía: Benjamin Kracun
Música: Jim Williams
Reparto: Johnny Flynn, Geraldine James, Jessie Buckley, Charley Palmer Rothwell, Hattie Gotobed, Shannon Tarbet, Trystan Gravelle, Emily Taaffe, Tim Woodward, Olwen Fouere, Amanda Smith, Richard Laing, Oliver Maltman, Barry Aird, Joanna Croll, Joshua Squire, Sam Dale, Maria de Lima, Claire Ashton, Djalenga Scott, Lance Hill, Melissa Gotobed

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