Festivales 

BAFICI 2021 Competencia Argentina

Del 17 al 28 de marzo tuvo lugar la 22º Edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), uno de los festivales más grandes de la región, donde pudimos acercarnos a las producciones del cine independiente nacional e internacional más importante de América Latina.

La continuidad de la pandemia, que el año pasado impidió su realización, este año obligó a adaptarse a circunstancias ya más conocidas, proponiendo un formato presencial y virtual. De esa manera, el mayor número de funciones fueron al aire libre, y luego subidas a una plataforma de visualización para ser vistas de forma online y gratuita en todo el país.

Organizado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y bajo la dirección de Javier Porta Fouz, a lo largo de doce días consecutivos, se pudo disfrutar de películas de diversos orígenes, temáticas y estilos, que nos acercaron a las obras de directores consagrados, junto a las óperas primas de cineastas que integran el panorama audiovisual contemporáneo.

Entre las secciones que componen el Festival, la Competencia Oficial Argentina ofreció un panorama audiovisual muy variado, con algunos puntos altos, como se destacará a continuación, que posibilitó descubrir nuevos referentes de la cinematografía local, así como visualizar los recientes trabajos de cineastas habituales en la programación del Festival.

En el campo del documental, las películas se orientaron a funcionar como retratos biográficos sobre un personaje político e histórico, como el caso de Una casa sin cortinas. El enigma Isabel Perón, de Julián Troksberg; o versaron sobre la trayectoria de un artista, como Marcos López en la película López, de Ulises Rosell; o la personalidad de Sergio De Loof en Copacabana Papers, de Fernando Portabales; y también sobre un personaje, como en Moacir y yo, de Tomás Lipgot. Orientado hacia la crónica y la problemática ambientalista, se sitúa Taranto, de Víctor Cruz. El abordaje de conflictos sociales y el rol institucional del sistema carcelario se desarrolla en Rancho, de Pedro Speroni. La intimidad de los vínculos entre madre e hijo se aborda en Cuando la primavera se escapa, se libera del sueño, de Eugenia Alonso y Josefina Pieres. De corte más político, sobre un caso de femicidio, trata la ópera prima Algo se enciende, de Luciana Gentinetta, y más orientado hacia la denuncia y la investigación de los crímenes de lesa humanidad, Jonathan Perel presenta Responsabilidad empresarial.


 

Una casa sin cortinas. El enigma Isabel Perón, de Julián Troksberg, aborda a una de las personalidades más controvertidas de la historia argentina: María Estela Martínez Cartas de Perón, más conocida como Isabelita, quien pasó de ser la primera dama del expresidente Juan Domingo Perón a transformarse en la primera mujer presidenta en América, durante el período 1974-1976. Su nombre está asociado a la inoperancia para gobernar sin aptitudes y a ser una mujer enigmática y oscura que llevó al país hacia el fatídico golpe de Estado del 76, tras lo cual, fue destituida y encarcelada por la junta militar durante seis años.

Una casa sin cortinas

No se sabe mucho de ella, ¿por qué llegó a ser lo que fue y luego sentenciada al olvido? Tras haber sobrevivido a la cárcel, donde sostuvo un silencio sepulcral, su exilio a España derivó en una condena social por gran parte de la sociedad argentina que, lejos de la autocrítica, prefirieron borrar sus pasos, como si no hubiese existido. El objetivo de la película es ir detrás de ese enigma y acercarse a la verdad.

“Entendí que la figura de Isabel no era solo molesta para mi madre, sino que era incómoda para buena parte del arco político argentino, y para el peronismo, en particular”, expresa su director. Pero lo cierto es que la política argentina está llena de figuras y personajes incómodos, y hasta los políticos más tenebrosos encuentran siempre alguien que los reivindique. Lo que no pasa con Isabel, y eso resulta un enigma. Como lo era también su elección de esconder su historia en las sombras: su cambio de nombre, su vida de bailarina, su encuentro con Perón y, posteriormente, incluso su prisión y su exilio”.

A partir de entrevistas a diversos funcionarios de su gobierno, a militantes peronistas, vecinos, amigos, abogados y artistas, que aportan recuerdos sobre ella, el documental se enriquece con la investigación y recopilación de archivos fílmicos, radiales, como de fotos y cartas pertenecientes a las décadas de los años 60, 70 y 80. Pero la búsqueda y la indagación van más allá, y Julián Troksberg decide ir tras sus pasos para entrevistarla. Las imágenes nos sitúan en Madrid, donde Isabel vive sola y recluida en su casa, sin contacto con el exterior.

Una casa sin cortinas es un interesante y destacado documental que busca respuestas que, tal vez, no hayan sido suficientes, pero las necesarias para reconstruir un pasado doloroso, al tiempo que indaga en la desmemoria histórica y en los secretos de una figura que continúa tan sigilosa como clandestina.


 

Taranto, de Víctor Cruz (Boxing Club, Kentannos ¡Que vivas 100 años!, Dorados 50) fue presentada por el realizador como una crónica documental; género con raíces en el periodismo y que ha sido difundido de mano de grandes narradores que nos acercaron temas de la realidad. Bajo ese formato discursivo, Cruz construye un relato cercano y comprometido sobre las dramáticas consecuencias de la contaminación ambiental que padecen los pobladores de la isla de Taranto, al sur de Italia, provocada por la industria siderúrgica instalada en la región durante la década del 60.

Taranto

Los testimonios a cámara dan voz a las víctimas, como a la defensa de los ambientalistas, ayudándolos a luchar contra la ausencia del Estado y la falta de una política proteccionista del medio ambiente. Las consecuencias del alto porcentaje de muertes y de enfermedades cancerígenas que padecen son consecuencia del veneno que respiran, de los alimentos que consumen y del agua que toman. Ante ese panorama, el documental expone la otra realidad que se pone en juego, y es la necesidad laboral y el repunte económico de la isla. Cuando se instaló el polo industrial, el progreso de la región y de las familias de la zona se vio altamente favorecido. Actualmente, la fábrica ILVA emplea a 12.000 trabajadores de diferentes zonas, y cerrarla, como es la consigna de los ambientalistas y de algunos habitantes, sería un colapso económico y social. A pesar de las marchas y los reclamos, muchos empleados prefieren enfermarse antes de morir de hambre.

De cara a un futuro distópico en manos de un verdugo sigiloso, Taranto pone en evidencia las contradicciones que conviven alrededor del tema, como las distintas necesidades que expresan los lugareños. Todos ponen el cuerpo y las imágenes parecen ampararlos frente a su desprotección. La mirada de Cruz invita a pensar al hombre en su entorno como un todo indivisible, y el documental es la herramienta indicada tanto para denunciar y visibilizar como para pensar la realidad actual y comprobar que, a pesar de todo, hay esperanza en la gente que lucha por el bien de los otros y de la tierra donde habitan.


 

Luego de Bonanza y el El Etnógrafo, el realizador Ulises Rosell, presenta López, un retrato documental sobre la vida y el trabajo del fotógrafo, cineasta y artista santafesino Marcos López.

López

¿Cómo mirar y hacer un retrato sobre un especialista de la representación? A Rosell le intrigaba la atmósfera especial que López generaba a su alrededor. Desde ese punto intimidatorio, durante un año y medio, el realizador acompañó la vida diaria del artista, se situó de cerca al proceso personal y depresivo que atravesaba tras la muerte de su padre, compartió sus proyectos laborales y nos acercó a la forma tan particular de gestar sus obras.

Con la distancia justa, se va construyendo el detrás de escena de Marcos López, bajo una deconstrucción del relato que lo vuelve más sensible e indefenso ante el espectador, que es invitado a descubrir la intimidad y las luchas internas de uno de los fotógrafos más talentosos de Latinoamérica.

Sin ningún tipo de intervención, la orientación observacional del documental permite un fluir constante y natural del relato, como si la cámara no estuviese presente y todo sucediera con su habitual devenir. Bajo esta modalidad narrativa, las imágenes hacen un repaso de sus obras, de sus proyectos y exposiciones actuales, de sus vínculos familiares y, principalmente, revela el cómo se mira la realidad desde la postura y concepción de López a la hora de crear.

La solidez de Rosell como cineasta y el clima de confianza e intimidad junto a su protagonista le permitieron crear un documental tan vital, fluido y natural como son las pinturas intervenidas o la puesta en escena fotográfica del talentoso y versado Marcos López.


 

La reivindicación de un artista controvertido y excéntrico como fue Sergio de Loof (1952-2020), protagonista indiscutido de la movida del Under porteño en los 80 y 90, se muestra “como un gran acto de justicia poética”. Así lo define el realizador Fernando Portabales al presentarnos su ópera prima Copacabana Papers.

Copacabana Papers

Entregado hacia una cámara que acompaña y registra la última etapa de vida de Sergio de Loof, envejecido y marginado del circuito artístico actual, Portabales se instala en la suite del Copacabana Palace Hotel de Río de Janeiro, donde el artista se aloja con su pareja para planificar un nuevo proyecto artístico.

Los planos revelan el histrionismo, los excesos y las manías de un artista que se siente marginado por la industria cultural, pero que sigue siendo leal a lo que piensa con relación al arte y el diseño. Acompañado de la música pop de George Michael, Freddy Mercury y Madonna, entre otros, el recorrido artístico de Sergio de Loof se completa con imágenes y filmaciones de archivo, repasando el origen de los clubes nocturnos emblemáticos de aquellas décadas, como fueron Bolivia, El Dorado y El Morocco, espacios abiertos al arte alternativo, los shows transformistas y la diversidad sexual.

El retrato anárquico que ofrece Portabales fusiona la estética kitsch y el ritmo del videoclip con la misma impronta liberal de su protagonista. En sintonía con esa identidad de De Loof, que buscaba trascendencia, Copacabana Papers le rinde un homenaje póstumo, en el que nunca esconde el tono nostálgico y transgresor de un artista que necesitaba seguir brillando.


 

La búsqueda de la trascendencia toma un rumbo distinto en Moacir y yo, de Tomás Lipgot, al ofrecernos un sencillo documental en formato de despedida-homenaje hacia su amigo y protagonista de sus películas.

Moacir y yo

El vínculo con Moacir surge desde su ópera primera Fortalezas (2010), codirigida con Christoph Behl, en la cual registran la vida de los internos del Instituto Psiquiático José T. Borda, entre los que se encontraba Moacir dos Santos, un brasileño que llegó solo a Buenos Aires, deseando ser artista. A partir del vínculo que formaron, Lipgot lo convoca a protagonizar las películas que siguieron registrando el proceso de externación de su protagonista. El resultado fueron Moacir (2011) y Moacir III (2017), que completan la Trilogía de la Libertad.

La reciente pérdida de Moacir generó la necesidad de hacer una película más sobre él, como una forma de elaborar el duelo y transitar la ausencia. Resistiéndose a su pérdida, el realizador apela a hacer un gran trabajo de edición, utilizando el material filmado de sus películas, fotos de Moacir, grabaciones de sus shows y varias entrevistas, al que suma el recuerdo actual de quienes lo conocieron y asistieron a lo largo de su vida.

“Mucha gente suele señalarme todo lo que hice por Moacir, pero nadie habla de todo lo que él hizo por mí”, dice Tomás Lipgot en off, mientras se suceden imágenes que revelan el crecimiento personal y profesional al que pudo acceder gracias a un ser lleno de luz.


 

El recuerdo y el reclamo de justicia son los tópicos de Algo se enciende, ópera prima de la joven directora Luciana Gentinetta, a partir del femicidio de su compañera de colegio Anahí Benitez, el 29 de junio de 2017.

Algo se enciende

El caso trascendió en los medios de comunicación, impactando en la opinión pública, y marcó a la comunidad escolar como a su grupo de pares, quienes con los 16 años se movilizaron durante los seis días de la desaparición de Anahí, reclamando por su vida.

Recién egresados de la Escuela de Arte ENAM, atravesar esa experiencia traumática los modificó para siempre y les cambió la perspectiva sobre la realidad y el rol de la justicia, y así lo manifiestan sus testimonios frente a cámara. Esa misma cámara que, a través de un travelling solitario, recorre los espacios deshabitados del colegio, los bancos vacíos y los carteles con el rostro de Anahí.

Gentinetta recupera el material filmado de esos años, al que suma nuevos registros de la actualidad bajo un formalismo estético y preciso que demuestra su potencial como realizadora.

El caso de Anahí aún muestra las irregularidades y los cabos sueltos que siguen sin resolver en la justicia. Las marchas cesaron, y hay un árbol plantado en su memoria. Algo se enciende expone la concientización de los jóvenes sobre la violencia de género, que los llevó a refugiar su dolor en el arte, ese espacio de libertad y transformación que hallaron para combatir y cambiar la realidad. #NiUnaMenos!


 

Responsabilidad empresarial, de Jonathan Perel (17 Monumentos) vuelve a abordar la etapa más oscura de la historia argentina durante el golpe de Estado de 1976. La película se basa en el libro Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión de los trabajadores durante el terrorismo de Estado, un texto muy extenso que nunca se imprimió y aún está pendiente de ser publicado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, desde donde se lo puede consultar de forma digital.

REsponsabilidad empresarial

A partir de la exhaustiva investigación sobre la participación y colaboración de ciertos empresarios en la feroz represión cometida por la dictadura, Perel expone el pasado de cara al presente con una cámara detenida en plano fijo sobre los lugares de los hechos, mientras en off narra parte del informe acerca de los crímenes de lesa humanidad cometidos contra los trabajadores entregados por los superiores de las empresas. De esa manera, se nombra la localidad y las actividades que ejercieron empresas como Alpargatas, Ford, Mercedes Benz, Loma Negra, Siderca, Ledesma y Acindar; entre otras.

Al igual que en 17 monumentos, Jonathan Perel, premiado como el Mejor Director de la Competencia Argentina, recurre a un estilo narrativo minimalista, basado en el uso reiterado y sucesivo del plano fijo, desde donde construye el relato. La insistencia de esa mirada detenida, en este caso, desde el interior de un coche con la ventanilla baja, nos permite concentrarnos en la lectura de algunos capítulos del libro.

La transposición del texto escrito al audiovisual no la vuelve más cinematográfica, porque al peso de la palabra sobre la imagen detenida, si bien resignifica los espacios y la información sobre lo que vemos, tampoco se completa ni se agrega otra herramienta discursiva y propia del lenguaje cinematográfico.

La investigación da cuenta de cómo se favorecieron económicamente las empresas durante la dictadura a través de la estatización de sus deudas, de los despidos a gran parte del plantel de obreros sindicalizados, como así también dirigirse a despolitizar el activismo dentro de las fábricas y desarticular la organización gremial generando miedo y muerte.

La importancia de la película radica en la relevancia del tema, a través del cual, el realizador indaga sobre el pasado y propone reemplazar el término “complicidad” por el de “responsabilidad”, a fin de saldar cuentas pendientes con un pasado pendiente de juzgar y castigar.


 

Rancho, de Pedro Speroni, se sitúa dentro de una penitenciaría de máxima seguridad de la Provincia de Buenos Aires, a fin de registrar una realidad ajena a quienes nunca estuvieron privados de la libertad. Para hacerlo, convive con los internos para ganar su confianza y poder generar un vínculo que le permita registrar lo máximo posible. Su acercamiento le abre las puertas a la intimidad de los presos, quienes cuentan sus problemas familiares o judiciales, como en el caso del boxeador; también sus deseos y las actividades que comparten.

Rancho

En la jerga carcelaria, el término “rancho” alude a un sustantivo vocativo: “Che, rancho vení”, o a un verbo que se conjuga como “rancheando”, lo que significa estar en un lugar junto a otros, conviviendo obligatoriamente.

Como en toda comunidad, presenciamos la división de roles y los códigos internos que manejan para organizarse mejor y mantener una buena convivencia. Ellos marcan su territorio, los límites y la forma de vincularse en un espacio temporal limitado entre esos interiores donde todo parece detenerse y perder el flujo constante del afuera.

Bajo la modalidad de documental de observación, el realizador muestra la cotidianidad de los internos sin juzgar ni intervenir en las acciones ni en los diálogos. Su función es visibilizarse lo máximo posible para lograr que lo espontáneo y real suceda delante de la cámara.

Rancho nos permite acceder a un submundo triste, de hacinamiento y opresión, donde somos partícipes de situaciones y personajes pintorescos como Artaza, que le imprimen una picelada de color, más que necesaria.


 

A diferencia de los documentales mencionados hasta el momento, en Cuando la primavera se escapa, se libera del sueño, codirigida por Eugenia Alonso y Josefina Pieres, lo que prevalece es el tono íntimo y cercano que se elabora. La película explora la dificultad de los vínculos entre una madre (la actriz Eugenia Alonso, directora de la película) y su hijo Ulises Langer, quien padece el síndrome de X frágil, una enfermedad genética que provoca deficiencia intelectual.

Cuando la primavera se escapa

Excavar en los sentimientos, en las diferencias y en el aprendizaje diario no es una tarea fácil, pero es la dirección correcta que toma una película muy personal y afectiva, que muestra las distintas formas que adopta la mirada: la propia, como mujer, y la de madre, siempre en construcción; pero también está la de un hijo, al que le cuesta sostener esa mirada tan necesaria para relacionarse.

Con filmaciones caseras, fotos familiares y un presente divido entre la rutina diaria de la casa, el colegio y el teatro, el espectador se vuelve testigo del crecimiento de ese niño tan amado, como de algunas de las etapas que atravesó en su proceso de madurez, que tan difícil le resulta para lograr su independencia.

Cuando la primavera se escapa, se libera del sueño. Los pájaros inmóviles, entran en los cantos. Los campos, en las flores, escondidos”, escuchamos recitar en off a Ulises, leyendo su poemario.

Cierta clase de películas se construyen desde el amor, a través del arte y desde la fortaleza de generar un espacio de reflexión y contención. La fluidez y naturalidad de las imágenes no esconden ese halo de nostalgia implícita en los gestos de sus protagonistas o en la confesión de Eugenia cuando revela que le transmitió ese gen hereditario. También, es una reflexión sobre el coraje de asumir las diferencias, aprender a convivir y a generar la dedicación y el incentivo para construir una mejor calidad de vida para Ulises.

 

Las películas de ficción de la Competencia exploraron diversos géneros, entre ellos la comedia y parodia en ¡UPA! Una Pandemia Argentina, de Tamae Garateguy, Santiago Giralt y Camila Toker, y en Palestra, de Juan Pablo Basovih Marinaro y Sofía Jallinsky. Pero los puntos más altos de la sección estuvieron representados por el thriller psicológico Cómo mueren las reinas, de Lucas Turturro, y Qué será del verano, de Ignacio Ceroi, que combina la ficción con el found footage.


 

¡Upa! Una Pandemia Argentina, de Tamae Garateguy, Santiago Giralt, Camila Toker, continúa y profundiza la línea de sus antecesoras, Upa (2007) y Upa, el regreso (2015), en las cuales parodian las formas estilísticas y temáticas de lo que significó el advenimiento del Nuevo Cine Argentino.

Upa, una pandemia argentina

En esta nueva entrega, compuesta de dos partes, Lado A y Lado B, vuelven los mismos personajes: un director, una productora y una actriz, haciendo gala del crecimiento profesional que han tenido en estos años y del nuevo proyecto que los une. Felices de juntarse para planificar la obra de “sus vidas”, el entusiasmo se verá interrumpido por la pandemia.

La primera parte de la película centra su atención en las consecuencias del encierro en cada uno de ellos, diferenciándose según el estereotipo de rol que representan. Hay muchas sesiones de Zoom, muestras de caprichos de grandeza, vicios del medio artístico y la fijación en un megaproyecto fort export sobre una obra con múltiples Evitas. El guiño, en esta primera parte, fue la participación del actor Juna Minujín, como un posible Perón, y el productor Axel Kutchevasky, en su rol de argentino consagrado en el exterior.

La segunda parte se aboca a realizar lo que se pudo hacer en tiempos de pandemia, que no es otra cosa que apuntar a filmar una serie de terror, dentro de una casa, con bajo presupuesto y dos actores.

¡Upa! Una Pandemia Argentina vuelve a mostrar las distintas caras de la representación dentro del cine nacional, demostrando que es posible hacer otro estilo de cine que convive entre las propuestas más convencionales, aquellas que no se permiten reírse de sí mismas.


 

El humor forma parte de Palestra, de Juan Pablo Basovih Marinaro y Sofía Jallinsky. La historia parte de una juntada de tres amigas, en casa de una de ellas, para depilarse. Al lugar llega un fotógrafo para hacer una sesión de fotos con ellas, sin encajar dentro de ese universo feminista. Mientras una de las chicas revuelve la cera en una olla, las pequeñas acciones que se suceden y los diálogos no responden a un sentido, lindan con lo sarcástico y se expresan en un tono monocorde.

Palestra

La ópera prima de la dupla de directores juega con la provocación y el timing del absurdo. La acción de depilar en primer plano la vellosidad de sus vaginas puede incomodar al espectador, rozar lo grotesco y simbolizar una toma de posición con relación al dolor y a la estética a la que deben someterse las mujeres en un mundo sostenido por estereotipos de género.

Así como arrancan de raíz lo que crece, también lo hacen con la posición dominante del discurso masculino, representado en el papel del fotógrafo, vengando el costo de soportar modelos arcaicos sobre lo bello, la imagen, los roles y las imposiciones de cualquier tipo.

Palestra es una película pequeña que, con pocos elementos, intenta, no siempre de la mejor manera, rebelarse.


 

Cómo mueren las reinas, de Lucas Turturro, es su primera ficción, luego de realizar los documentales Un rey para la Patagonia (2011) e Inconsciente (2017). La película se orienta al thriller psicológico para hablar de los vínculos familiares, las relaciones humanas y el aislamiento.

Cómo mueren las reinas

Inés queda al cuidado de sus sobrinas. Ellas son dos hermanas, Juana, de 20 años, y Mara, de 15 años, que mantienen una relación muy cercana, lidiando con lo posesivo y la sobreprotección. Las tres viven en una casona de campo, dedicándose a la fabricación de miel y aisladas del contacto con el exterior. La llegada de Lucio, un primo lejano, modificará las rutinas diarias, despertará la sexualidad en Mara y los celos en Juana, trastocando los límites de quienes habitan la casa.

La aparente armonía del lugar esconde la tensión que genera el pasado familiar y los secretos que mantienen cada una de ellas. Esos enigmas, expresados en pequeñas acciones o en lo que guardan, generan cierto suspenso y forman un clímax agobiante con relación al deseo, la libertad y lo no dicho.

La historia, que irá tornándose progresivamente más enigmática y violenta, se compone de varias subtramas narrativas, que no terminan de definirse, más bien las resoluciones de ciertos hechos quedan libradas a la construcción del espectador.

Lucas Turturro logra sostener un relato, por momentos, claustrofóbico e inquietante, con un buen manejo de la tensión, destacadas interpretaciones y un estilístico despliegue visual y sonoro acorde a la historia.


 

Qué será del verano, de Ignacio Ceroi, fue premiada como el Mejor Largometraje de la Competencia Oficial Argentina; merecido reconocimiento a una película que ofrece una crónica viajera y experimental entre la Argentina, Francia y Camerún, donde tendrán lugar los reencuentros, la sensibilidad de la historia y el destacado trabajo de edición.

Qué será del verano

Cuando Ceroi presenta su película, comparte los hechos que le dieron origen. Al decidir viajar a Francia para visitar a su novia (y guionista del film), compra una cámara HD usada para filmar el lugar y, al revisar, descubre que conserva material grabado de su anterior dueño. Se contacta con él, y resulta ser un francés llamado Charles, a quien le pedirá permiso para utilizar las imágenes con fines cinematográficos. Charles se interesa en el tema y Ceroi le pide que le transmita un poco de información sobre el material. A partir de allí, el envío de datos, cartas y narraciones por mail darán nacimiento a Qué será del verano.

El relato en off del realizador da vida a las filmaciones caseras de Charles por el campo junto a sus perros, rodeado de su familia, del entorno laboral, como en su viaje al África siendo chofer de la embajada. Pero ¿qué grado de verismo tienen las imágenes? ¿Cuánto hay de ficción y de realidad? La relación que se establece entre Ceroi y Charles permite este desafío, que se comparte con un espectador que duda sobre el verismo que ofrece la película, sin que por eso se vuelva menos interesante.

Bajo las características del documental found footage con mezcla del cine de aventuras (que recuerda a ciertos escenarios de su película anterior Una aventura simple, 2017), también toma lugar la autorreflexión sobre la manipulación y uso del material cinematográfico, junto a ciertos cuestionamientos políticos sobre este francés que se atrevió a filmar en Camerún a la población que su país colonizó.

Qué será del verano dialoga por y en nombre de otro e interviene en las imágenes, apropiándose de un discurso tan ajeno como propio que, de ser verdadero o no, le imprime originalidad, dinamismo y sensibilidad.

 

Dentro de la Competencia, presenciamos largometrajes que fusionaron la ficción y el documental, permitiendo un diálogo entre ambos registros, como es caso del relato dramático basado en hechos reales que dio origen a Implosión, de Javier Van der Couter. Canal 54, de Lucas Larriera, parte de la investigación sobre una grabación hallada sobre el alunizaje. El retrato de la vida campestre toma lugar en Tornquist, de Mariano Paz. La solidaridad puesta en juego forma parte de El baldío, de Liliana Polinelli y, por último, la parodia cinéfila Los visionadores, de Néstor Frenkel, fue otra de las perlitas que ofreció el Festival


 

Basada en hecho reales, Implosión, de De Javier van de Couter, es una coproducción argentino-chilena que pone en diálogo el pasado con el presente, al volver sobre la tragedia ocurrida en 2004, en una escuela de Carmen de Patagones (al sur de la provincia de Buenos Aires). Allí, un joven de quince años entró con un arma, mató a tres de sus compañeros e hirió a varios de ellos.

Implosión

Dos de los sobrevivientes, Rodrigo Torres y Pablo Saldías, son los protagonistas de una película que se construye como un viaje hacia el pasado para saldar deudas pendientes con el dolor y la pérdida. Tal vez, esta búsqueda tan personal como íntima intente reparar los hechos traumáticos que los cambió para siempre.

Implosión parte de un objetivo ficcional, que es ir en busca del agresor, viajando más de mil kilómetros para encontrarlo. Durante el viaje, al mejor estilo de una road movie, los dos amigos se enfrentan a sentimientos encontrados en relación al tema y a la “venganza” que se proponen. Los datos para hallarlo los conducirán a un recorrido incierto que los vinculó a otros jóvenes dispuestos a ayudarlos para alcanzar el objetivo.

“Pablo, Rodrigo y yo somos oriundos de Carmen de Patagones, la pequeña ciudad en donde ocurrió la tragedia escolar», comenta el realizador. Ese día, todos implosionamos, un chico de quince años disparaba a quemarropa a sus compañeros. La realidad del pueblo se había resquebrajado. La adolescencia allí nunca sería igual. Ir de la mano de ellos dos fue una experiencia que superó lo cinematográfico”.

De cerca a sus protagonistas, los planos traducen la naturalidad con la que se mueven y la angustia que abrazan, la tensión aumenta a medida que se acercan a lo que buscan, convirtiendo el resentimiento en acción y en puesta a prueba de sus principios.

Implosión resultó ganadora del Gran Premio en la Competencia Argentina, una distinción que destaca el buen resultado de combinar adecuadamente elementos del documental con la ficción, reflexionando sobre las marcas que deja la violencia.


 

El baldío, la nueva propuesta de la realizadora cordobesa Liliana Polinelli (Por sus propios ojos, Lengua materna, Amar es bendito y Margen de error), es una historia pequeña de observación, amor y diálogo entre gatos y mujeres.

El baldío

En un terreno baldío del barrio de Colegiales, una comunidad de gatos salvajes habita el lugar. Las vecinas pasan a verlos, les dan comida, agua, los curan si están heridos y hasta se los llevan para castrarlos. Ellos responden a los nombres que les han puesto, al cariño que les ofrecen y a la dedicación que les brindan

La cámara de Polinelli los espía por debajo del portón, por el orificio de una pared, desde la casa aledaña donde vive una de sus cuidadoras y capta sus movimientos, los peligros que corren, la libertad que disfrutan.

Rodada en tiempos de pandemia, con pocos elementos, la película transmite la solidaridad que se presenta en un barrio de la ciudad hacia los pequeños animales. La convivencia adquiere un equilibrio natural dentro del ecosistema, respetando el hábitat natural donde se encuentran. Así de libre y natural, las imágenes fluyen inspiradas por esas bellas criaturas que tanto amor nos despiertan.


 

Canal 54, de Lucas Arriera, parte de una obsesión personal sobre la luna, que se profundizó a partir de la llegada al satélite de los astronautas estadounidenses, un hecho que siempre despertó polémica.

Canal 54

Luego de codirigir Alunizar (2013) junto a Pepa Astellara, su afición lo llevó a investigar una grabación televisiva paralela al registro clásico del alunizaje que fue visto por millones de espectadores, captada por un hombre llamado Norberto Otero, en 1969, un radioaficionado que logró sintonizar a través de un Canal 54 una escena distinta a la ya conocida del Apollo 11. A fin de registrar el hecho, Otero saca una foto de dicha imagen. La noticia fue publicada en el diario y tratada en diversos programas televisivos, a lo que fue invitado para brindar su testimonio. Sin embargo, tras el hecho, el hombre fue perseguido por personal de la Nasa y la embajada de Estado Unidos.

Tras las pistas de ese sujeto misterioso y solitario, ya fallecido, Lucas Larriera interviene personalmente en el documental, entrevistando a radioaficionados, vecinos y expertos en la materia para acercarse a la verdad de los hechos. ¿Fue cierto lo que vio Otero o fue producto del fenómeno de la pareidolia?

El relato en off se fusiona con la reconstrucción ficcional de los hechos para dar forma al personaje y a los distintos sucesos por los que atravesó el hecho en sí. Lucas Arriera mantiene el suspenso y la intriga a lo largo de un relato bien llevado, en el que profundiza su pasión hacia un tema que sigue generando distintas hipótesis sobre la veracidad y el poder de las imágenes.


 

Tornquist, de Mariano Paz, lleva por título el nombre de la localidad situada al sudoeste de la Provincia de Buenos Aires, caracterizada por la belleza natural que brinda su paisaje como por la actividad agrícola ganadera que se realiza en la zona.

Tornquist

Desde el inicio, un plano fijo transmite la armonía de ese paraíso enmarcado por la exuberante vegetación, el sonido de los pájaros y del agua de una cascada que invita a contemplarla.

El ritmo pausado y silencioso de las imágenes muestra la vida en el entorno campestre, donde una mujer y un hombre comparten la vecindad del lugar, como la dedicación hacia distintas tareas rurales.

La cámara de Paz registra de cerca la rutina diaria, la compañía que logran entre ellos, refleja la crudeza del frío o del descuido de un animal salvaje sobre el rebaño; un estilo de vida muy distinto al ritmo y las demandas de la ciudad.

Con pocos diálogos y una detallista observación, Tornquist es una bocanada de aire fresco y límpido frente al encierro obligado de la pandemia.

 

La perlita del festival fue Los visionadores, del realizador Néstor Frenkel (El gran simulador, Los ganadores, Todo el año es Navidad), al revisar y seleccionar, en tono de parodia, el material fílmico grabado en VHS durante los 80 y 90. Una videoteca que nutrió a la cinefilia de muchos espectadores y amantes del policial argentino.

Durante la época de oro del cineclub y la llegada de Blockbuster, el mediometraje narra la experiencia de dos amigos, Federico Rotsein y Santiago Calori, que al alquilar una película extranjera, se encontraron con una cinta argentina, que despertará su curiosidad por el cine nacional. El consumo de esas películas despertó un interés inusitado del que no pudieron escapar, convirtiéndose en visionadores seriales y adictos a todo tipo de cine policial clase B que los condujo al mal camino.

Narrada en off por el reconocible tono de voz de Damián Dreizik, quien le imprime mayor intensidad dramática a la vorágine de las imágenes provenientes de una veintena de films. La selección, a partir de un gran trabajo de montaje, muestra breves escenas en las que prevalecen las actuaciones exageradas a cámara, el uso indiscriminado del zoom, los gritos, las “puteadas” características de los actores argentinos, los excesos, el consumo y las escenas más bizarras de películas que fueron directo a vídeo. La experiencia vivida por los protagonistas, frente a dicho flagelo, los cambiará para siempre.

El rescate, la cita y el homenaje a largometrajes emblemáticos de Enrique Carreras, Emilio Vieyra, Carlos Borcosque, Juan Carlos Desanzo y tantos otros permiten revisar aquellas obras que marcaron la cinematografía nacional, que han quedado en la memoria colectiva a través de las interpretaciones memorables de los actores que formaron parte de esa alianza: Rodolfo Ranni, Gerardo Romano, Federico Luppi, Salo Pasik, Ulises Dumont.

Detrás de un arduo trabajo de edición, Frenkel logra una obra divertida y coherente al estilo de las películas que refleja. Como demostró en sus films anteriores, la mirada filosa y detallista que lo caracteriza se combina con el sarcasmo y el humor absurdo que emplea para rememorar, en esta oportunidad, aquellas películas que nos han marcado como espectadores y a las que seguiremos recordando, a pesar de todo.

Una respuesta a «BAFICI 2021 Competencia Argentina»

  1. Con respeto a la pelicula de Isabelita – «la casa sin cortina», es un personaje que por si misma nada puede aportar y los personajes que pudieran armar su figura, dos han muerto y el otro no se lo entrevisto o no hablaron (Peron, Lopez Rega y Montoneros.-

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