Críticas

Ausencia Presente

Ausente

Absent. Marco Berger. Argentina, 2011.

cartel ausenteEn el marco de la 61ª edición del Festival Internacional de Berlín, Ausente, el segundo trabajo del argentino Marco Berger, quien causó una magnífica impresión con su ópera prima, Plan B (2009), se hizo acreedora al Teddy Award, reconocimiento que se otorga a las películas que abordan  la temática LGT.

La trama está centrada en dos personajes y la relación que se establece entre ellos, a raíz de un incidente provocado entre Martín, un adolescente de dieciséis años, estudiante en un colegio privado de clase media alta, y Sebastián, su entrenador de natación. Martín observa con particular atención a Sebastián, y aunque no se sabe al principio la razón, hay en su insistente mirada algo lascivo, por lo que aquello que se muestra sugerente al inicio, se explicita a lo largo del film. A partir de esa revelación, nada será igual para ninguno de los dos. La situación se tensa, alternando la postura de cada uno de los personajes, quienes se muestran esquivos un momento y determinantes al momento siguiente; la historia avanza hasta que un hecho inesperado cambia la perspectiva del relato, lo que propicia que el título de la película alcance su  sentido.

ausente5El término “ausente” connota, en el plano físico y emocional, distintas acepciones; en el primer caso se refiere a lo que ya no es, lo que no existe, lo que no está presente, lo que falta; en el otro, alude a lo que es ajeno, a lo que se evade, que es  indiferente, al silencio, y es en entre estos dos parámetros que se desarrolla la narración.

Con un sólido guión del propio director, Ausente relata una historia ambigua, contradictoria y tensa, narrada con recursos que utilizan el enigma y lo velado; un ensayo sobre la atracción, la obsesión, la culpa y la manipulación; un juego de provocación llevado hasta sus últimas consecuencias. A lo largo del film, el acoso y la seducción serán los ejes, siendo la ambigüedad su mayor virtud. La propuesta fílmica analiza la naturaleza del deseo, enfatizando las sensaciones, destacando con prolongados silencios y la mirada, intenciones que dejan entrever inhibiciones y sentimientos reprimidos.

ausente4 Utilizando inteligentemente algunos de los elementos del suspense, muy al estilo de las películas de Hitchcock, Berger narra una historia creíble, que atrapa al espectador desde el inicio, precisamente por la subjetividad con que plantea las situaciones. La película funciona perfectamente como un thriller, con un manejo tensional pocas veces visto en el cine latinoamericano; una equilibrada combinación de suspenso y drama, que deviene tragedia, construye equitativamente la historia.

Película de cámara, pocos personajes, pocos diálogos, casi exclusivamente con los dos protagónicos, Berger construye la historia a base de planos cortos y planos detalle de objetos y cuerpos, retratándolo desde lo masculino, a través de una mirada que se antoja erótica más que sexual, descubriendo los motivos de Martín y encubriendo los de Sebastián, hasta el momento del  desenlace; una  puesta en escena fragmentada en fondo y forma, que coloca la cámara a determinada altura para destacar la genitalidad y los traseros de los personajes, en una clara alusión a la insolencia del Almodóvar de su primera etapa.

ausente1Los recursos para narrar la complejidad de lo que los dos personajes experimentan está en los objetos, los cristales que multiplican y proyectan sus imágenes opacas; nada más ausente que quien ya no está y, a la vez, nada más presente que esa ausencia.

Martín se  mira en cada uno de los espejos que encuentra y se arregla el cabello, pero nada más alejado del narcisismo, por el contrario, el reflejo que arrojan los espejos le propiciarán la confianza que necesita para reconocerse, para poder ser “el otro”, como una forma de autoafirmación. Si la elección del objeto de deseo no responde a la hetero-norma, la manera de expresarse y la identificación se vuelven complejas, lo que justifica la constante indeterminación que expresan ambos personajes.

ausente3El ritmo utiliza una construcción laberíntica del espacio, como una forma de mostrar lo complejo de la situación, son variadas las ocasiones en que los personajes interactúan a través de pasillos, puertas y ventanas que los acercan y los alejan, que los muestran y los ocultan, a semejanza del juego entre el gato y el ratón, la víctima y el victimario, aunque en este caso estos roles se invierten constantemente.

Mención aparte merecen los aspectos cualitativos de las interpretaciones, sobre los que descansa el total de la historia, y que hacen pensar en una puesta en escena puntillosamente planeada y una excepcional dirección de actores; en este sentido, destacan la interpretación de Carlos Echevarría, en el rol del profesor natación, y Javier de Pietro, quien  hace suyo el personaje del adolescente. Sin embargo, es Echevarría el que tiene mayor peso, en especial cuando el relato lo ubica en primer plano; la solidez de su interpretación permite una construcción veraz que se sostiene  por el buen uso de abundantes planos cortos. Lo que se dice no es tan importante como lo que se expresa a través de movimientos o miradas, la mínima expresividad de ambos actores permite atisbar los sentimientos y las sensaciones sugeridas.

ausente2En la primera parte de la película, el interés está centrado alrededor de Martín, el adolescente; en la segunda mitad, la balanza se inclina hacia el segundo personaje masculino, Sebastián. Martín no posee la tradicional ingenuidad o inocencia atribuida a los adolescentes, por el contrario, la certeza con la que  juega con su profesor hacen pensar que el estudiante está perfectamente consciente de lo que busca y desea, que su juego es para dar lugar a su iniciación sexual; se trata de un personaje perfectamente consciente de su orientación, dispuesto a experimentar con el objeto de su deseo.

Mientras que  Martín parece inicialmente el manipulador, Sebastián transmite, a través de sus gestos, la incomodidad que le produce la realidad de sus deseos reprimidos, atrapándolo en sus impulsos, en sus prejuicios, hechos patentes de una manera sutil, a través de un uso continuo del fuera de campo, y manifiesto con actitudes cuestionadoras y silenciosamente reprobatorias del portero del edificio, la vecina, las maestras en la escuela, etcétera.

Da la profunda impresión de que el profesor de natación está ausente a lo largo de toda la narración, siempre en un estado de aletargamiento, poco se sabe de su vida anterior, de las razones de su miedo, de la paranoia que le provocan aquellos que le rodean, como si supieran algo que el espectador desconoce.

La red de mentiras que Martín teje alrededor de la figura del profesor ubica al espectador en una posición de testigo, aquí no importa si hay culpables, o no, se trata de un retrato  interno de los sentimientos de los personajes; tanto uno como el otro actúan con la prudencia que la realidad y el contexto social imponen, por temor a lo que pueda suceder, por incertidumbre y también por miedo a lo que ellos puedan desvelar de sí mismos, a raíz de experimentar con lo prohibido.

Los planos cerrados, fijos o de detalle se utilizan de acuerdo a lo que se desea narrar, como una forma de descubrir los aspectos velados de los personajes, para que sean estos lo que muestren lo que no puede expresarse por temor, pudor o dudas, simplemente distintas formas del miedo. Encuadres que, a pesar de su aparente sencillez, dicen más de lo que muestran.

Hacia el final,  el eje ya no está en los impulsos sexuales, su lugar lo toman la duda y el dolor que someten a Sebastián, porque Ausente habla de faltas, de negaciones, de pérdidas, del reconociendo tardío de lo que pudo ser. Para Sebastián, la ausencia de Martín es la revelación de una verdad que no supo identificar y una culpa que no puede evitar, pasando desde el cuestionamiento inicial del deseo hasta el dolor de la ausencia.

La música, a base de acordes fuertes, acentúa magníficamente el tono de suspenso que las escenas requieren, la fotografía neutra, con una paleta que se inclina por  los colores fríos, propicia el alejamiento que la historia demanda. Poco espacio para la expresión de los personajes femeninos, se les deja abiertamente de lado, en una manifestación que podría parecer misógina. Ausente es un film de atmósferas, emotivo, honesto y directo.

Ficha técnica:

Ausente (Absent),  Argentina, 2011.

Dirección: Marco Berger
Guion: Marco Berger
Producción: Mariano Contreras
Fotografía: Tomás Pérez Silva
Reparto: Carlos Echevarría, Javier De Pietro, Antonella Acosta

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