Críticas

El nuevo Prometeo

Alien: Covenant

Alien: Covenant. Ridley Scott. EUA, 2017.

Cartel de la película Alien CovenantAlien. El nivel 426. La nave Nostromo. La teniente Ripley. Los marines coloniales. Historia del cine, amigos.

Hace ya muchos años que Ridley Scott, un director que comenzó su carrera demasiado alto, quizá, cambió las reglas del cine de horror gracias a la particular visión del género que defendía en esta amalgama de ciencia ficción y cuento de espanto cósmico al estilo Lovecraft. El género slasher estaba en la cumbre, y Scott cambió al repetido asesino de adolescentes chillones por una criatura extirpada de la más infernal de las pesadillas. Tras esas intenciones más o menos simples, el impacto de la imaginería del director convertiría su periplo espacial en una cinta referente, auténtico clásico del cine de la última mitad del siglo veinte.

Por supuesto, no se puede dejar morir a la gallina de los huevos de oro, y de aquel concepto tan claro surgió una saga que nos dejó una fabulosa segunda parte firmada por James Cameron, y una colección de películas entre lo nefasto, lo aberrante o lo delirante. Incluidas dos infrapelículas en las que el xenomorfo favorito de los espectadores se daba bien de jarabe de palo con otro letal visitante espacial, Predator, auténticos insultos cinematográficos.

Hace unos años, los seguidores recibíamos la noticia del regreso del padre de la saga, el señor Ridley Scott, para contar la historia previa a los sucesos de El octavo pasajero. Por un lado, alegría, vuelta a los orígenes, cordura al fin. Al otro lado del ring del corazón del fan, sospecha, desconfianza, falta de fe ante la deriva incontrolable que es la carrera de Scott desde hace años, incapaz de acercarse un poco al maravilloso universo propio que dejó para la posteridad en los primeros pasos de su carrera con tres películas magistrales: Los duelistas (1977), Alien (1979) y Blade Runner(1982).

El resultado de ese retorno al hogar no pudo ser más insatisfactorio. Prometheus (Ridley Scott, 2012) dejaba claras las intenciones de Scott al respecto de su propia obra, que había pasado ya por tantas manos. La idea era contar una historia en el mismo contexto, pero alejada de los parámetros que habían dado identidad a la saga. Un nuevo comienzo con propuestas visuales, narrativas y filosóficas muy lejos de los planteamientos que vimos en las primeras entregas de la colección.

Imagen de Alien: Covenant

El problema, que Prometheus presentaba errores garrafales en puntos vitales, como la construcción de personajes (increíbles y estúpidos a partes iguales) y agujeros de guion del tamaño de un cráter lunar (cortesía de un vendedor de humo como Damon Lindelof). Si bien Scott recuperaba sensaciones en el aspecto visual, la película era un desastre de proporciones cósmicas, que no merecía un lugar en la historia de Alien.

Scott sigue en sus trece, empeñado en estirar la inoperante trama presentada en Prometheus, y volvemos al espacio en busca de respuestas en la nueva entrega de la precuela por episodios que se han montado en Fox.

Alien : Covenant  recupera muchas de las piezas clave que hicieron de Alien el espectáculo referencial que es a día de hoy. Nada más comenzar, el homenaje al comienzo de la primera entrega, contexto musical incluido, se incrusta en la retina del espectador que ha crecido con la saga. Una tripulación inocente en misión colonizadora, una señal perdida en el espacio, un planeta en apariencia apacible y habitable, y la presencia de un viejo conocido de la anterior entrega sirven de ingredientes para este viaje.

Ridley Scott demuestra la recobrada forma tras la cámara, y da una lección de estética, recuperando el espeluznante ambiente gótico cósmico que tan bien ha lucido en sus manos en mejores tiempos. Los tonos apagados y la melancolía reinante en su propuesta visual traen buenos recuerdos de la imaginería con nombre propio del mejor Scott. Además, ha rescata algo que no pudo demostrar en Prometheus: ritmo. Sensación de claustrofobia y amenaza constante, incluso en campo abierto. Espacios magistrales, tan bellos como terroríficos, sirven de sobrecogedor escenario para las desventuras de los tripulantes de la Covenant. En este sentido, es genial la recuperación de sensaciones que ofrece una película que tiene cierto respeto por la coherencia interna como historia única, y con la globalidad de la saga.

Los personajes tienen algo más de contenido que sus contrapartidas de Prometheus, y aunque muchos no pasan de carne de cañón, sí importa que les pasen cosas malas y las consecuencias devastadoras que tiene su pérdida para el resto de la tripulación. Son creíbles. Son humanos. No son la colección de tarados o fracasos del sistema escolar que vimos en su poco ilustre predecesora. En ese ámbito, las cosas también han mejorado considerablemente.

El enfrentamiento entre los dos seres artificiales, encarnados por un magistral Michael Fassbender, es el punto fuerte de la película. El corpus filosófico de esta entrega es todo lo prometeico que no fue, irónicamente, Prometheus, y la rebelión de la creación contra sus creadores se torna virulenta y destructiva, dando las pistas de los derroteros hacia los que se dirige la renovada saga. En ese sentido, la de la criatura contra sus dadores de vida entronca con muchos de los pensamientos incluidos en Blade Runner, que a su vez nos llevan, cómo no, al viejo/nuevo Prometeo que nos describió Mary Shelley en Frankenstein.

El problema es que, a pesar de estos aciertos, de la mejora considerable de los supuestos de esta renovada saga Alien, la película está muy lejos de la excelencia exigida a estas alturas. Sí, Alien:Covenant es mejor que Prometheus, pero es que ese objetivo no era muy difícil de cumplir. El envoltorio visual es magnífico, y tenemos sensación de amenaza, condimentada con algunas sorpresas agradables (y entiéndase el contexto de agradable en las bestialidades de la saga, claro). La película baja enteros en la percepción que puede tener el espectador en cuanto a que la película es una enorme disculpa, que pretende dinamitar todos los agujeros negros  y dar al fan lo que quiere. El resultado es tan artificial en muchos de sus pasajes que parece una película sin alma, dispuesta en todo momento a hacer las paces con todo el mundo.

Hay demasiada fórmula en la resolución de Alien: Covenant. Agradable, confortable y entrañable, pero fórmula al fin y al cabo. No hay derivas impracticables, como en Prometheus, pero sí un toque de innovación. Además, es imposible quitarse de encima la losa de los malabarismos argumentales de la anterior entrega, y la aparición de los xenomorfos obedece a un planteamiento del que no estoy muy seguro de que el señor Scott y su tropa conozcan el final. En todo caso, eso queda para el futuro. El presente nos deja una película en la que prima la redención y examen de conciencia de un equipo conocedor de los muchos tropezones de la anterior entrega. No es tarde para arreglar el desaguisado, pero las prisas no son buenas. Quedar bien con todo el mundo es imposible, claro. Aunque se agradece el intento. Yo pasé un buen/mal rato en el cine, las sensaciones fueron buenas. Eso me permite aceptar algunas zancadillas. Y no es poco.

Tráiler:

Ficha técnica:

Alien: Covenant (Alien: Covenant),  EUA, 2017.

Dirección: Ridley Scott
Duración: 123 minutos
Guion: John Logan, Dante Harper (Historia: Jack Paglen, Michael Green)
Producción: Twentieth Century Fox Film Corporation / Scott Free Productions / Brandywine Productions
Fotografía: Dariusz Wolski
Música: Jed Kurzel
Reparto: Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Demián Bichir, Danny McBride, Carmen Ejogo, Jussie Smollett, Amy Seimetz, Callie Hernandez, Benjamin Rigby, Alexander England, Uli Latukefu, Tess Haubrich, Guy Pearce, Noomi Rapace, James Franco

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