Críticas

La poesía de lo pequeño

Aguas tranquilas

Futatsume no mado. Naomi Kawase. Japón, 2014.

Cartel de la película Aguas tranquilasAguas tranquilas certifica a Naomi Kawase como una de las miradas más personales del cine actual. Su carrera se ha centrado en el documental como forma básica de expresión, con escasos acercamientos a la ficción, pero esta película demuestra la capacidad todoterreno de la directora japonesa como narradora. Su paso por el festival de Cannes la ha puesto en el ojo de la crítica internacional, y su nombre ha trascendido las fronteras, tanto físicas como las impuestas por su propio cine, poco convencional y en absoluto complaciente.

Kawase presenta un hermoso ejercicio de cine sin maquillaje, que deja clara la idea obsesiva que mueve toda la obra de esta autora: captar la realidad con toda su fuerza. Para ello, crea sus propias reglas, y juega en la línea de su cine documental y el dramatismo ficcional. Construye un mundo lleno de lirismo, de poesía de las cosas pequeñas. La belleza de sus imágenes ofrece al espectador alguno de los pasajes más atractivos que han pasado por una sala cinematográfica en años, gracias al magistral manejo del tiempo y el espacio de una directora tan meticulosa como libre en sus planteamientos.

Aguas tranquilas es una historia de contrastes, centrada en el inevitable camino de dos adolescentes hacia la vida adulta. El paso, lleno de contradicciones y miedos, como los de cualquier ser humano, es conducido con una sinceridad brutal por Kawase, enfrascada en un viaje por las sensaciones humanas en todo su esplendor. Lo cotidiano se transforma en un hermoso mosaico de vidas, desarmadas por el ojo implacable de la autora, que desnuda sin miramientos el pequeño mundo de los dos protagonistas.

Fotograma de Aguas tranquilasKawase se hace dueña del espacio, una pequeña isla que parece atrapada en su calma. La aparición de un cadáver que flota sobre las olas significará el punto de partida de esta aventura a través del alma humana. La naturaleza se despliega sin artificios ante los sentidos del espectador. El susurro de los arroyos, los golpes del mar sobre las rocas o los hipnóticos sonidos del bosque tienen tal presencia en el planteamiento de Kawase que parecen un personaje más. La isla cobra vida y envuelve a los protagonistas que se sienten parte de su entorno, elementos de un escenario vivo y vibrante. A pesar de la aparente sencillez de la cámara de Kawase, cada plano, cada giro, cada mínimo detalle visual, sirve para que el espectador entienda el modo de vida de esas gentes, la belleza mítica de un lugar que parece alejado del tiempo, o lo terrible que puede ser esa misma naturaleza evocadora cuando ruge la tormenta; la isla se transforma en el nexo entre lo físico y lo espiritual.

El tiempo de Kawase es el presente, el instante; incluso parece que la directora renuncia a contar una historia. En ocasiones, da la sensación de que delega en sus personajes esa tarea, ensimismada por el momento, por los rayos de sol o los árboles mecidos por el viento. Lo cierto es que en Aguas tranquilas sucede la vida, como tal, presentada como un equilibrio de contrastes. Los dos adolescentes de esta película se encuentran con el amor y la muerte; con el sexo, la familia y la soledad. Miran con respeto lo antiguo, mientras que ambos representan lo nuevo, y viven en un entorno rural de plenitud natural mientras sueñan con ciudades de acero y cristal. Los segundos se escabullen entre los silencios y las miradas, las palabras y el susurro de la propia isla.

Aguas tranquilas, de Naomi KawaseKawase no presenta estos contrarios como motivo de conflicto, si no como parte de un todo, de piezas inevitables que forman una vida. Elementos que construyen el ciclo vital presentados con una universalidad conmovedora. Aguas tranquilas queda en el espíritu del espectador como hermoso todo, no exento de crueldad en ocasiones.

Quizá, lo único que se le puede achacar a la propuesta de Kawase es su naturaleza caótica, lo atropellado de los acontecimientos que se suceden sin mucha lógica narrativa. Pero no olvidemos las pretensiones de la directora, que se aferra a su idea con valentía: La realidad no tiene guión.

Kawase nos regala cine artesano, hecho con alma y sin aditivos ridículos. Sobrecogedora, pequeña y emocionante, Aguas tranquilas es una rara avis en tiempos de prisas y esquizofrenia visual. Aprovechemos este bálsamo para el alma.

Tráiler:

Ficha técnica:

Aguas tranquilas (Futatsume no mado),  Japón, 2014.

Dirección: Naomi Kawase
Guión: Naomi Kawase
Fotografía: Yutaka Yamazaki
Música: Hasiken
Reparto: Nijiro Murakami, Jun Yoshinaga, Makiko Watanabe, Hideo Sakaki, Tetta Sugimoto, Miyuki Matsuda, Jun Murakami, Fujio Tokita

Santiago Negro

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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