Críticas

¿Alguien abrirá el candado?

Adiós entusiasmo

Vladimir Durán. Argentina / Colombia, 2017.

Cartel de la película Adiós entusiasmoSobre una imagen oscura, oímos la voz de una mujer detrás de una puerta. El cuadro cobra nitidez y vemos un candado en el picaporte de su dormitorio. Ese plano nos impone un límite. Allí, no entraremos. Su voz permanece hasta poder imaginarla. Detrás de esa pared y por un ventana se comunica con el mundo en el que habitan sus hijos, amigos y familiares que la escuchan, conversan con ella y atienden sus reclamos con una naturalidad asombrosa.

Adiós Entusiasmoópera prima del actor y director colombiano Vladimir Durán, fue elegida para dar inicio a la apertura de la Sala Leopoldo Lugones en su temporada 2018. Un espacio emblemático de Buenos Aires para ver buen cine. La película tuvo su estreno en la sección Forum del Festival de cine de Berlín y resultó ganadora del mejor largometraje en la categoría vanguardia y género el Bafici 2017, entre otros premios internacionales.

La voz del inicio pertenece a Margarita. Ella es la madre de Axel, el menor de la casa. Tiene apenas diez años para asumir que su madre vive recluída en su cuarto. Le gusta tocar el piano, colecciona mapas, hace esculturas en arcilla y lo obsesiona la materia negra del universo. Esa riqueza interior lo ayuda a escapar de su realidad, y es estimulada por su hermana Alicia, con quien juega y ensayan una canción en portugués, también por Alejandra y Antonia, sus otras hermanas mayores. El resto de la familia incluye a una tía muy especial, interpretada por la talentosa Verónica Llinás, que los trata de contener emocionalmente, como puede.

Ambientada en Buenos Aires, y rodada mayormente en interiores, la película gira en torno a una psicopatía compleja como núcleo disparador del conflicto. Esa problemática se desarrolla a través de una puesta en escena donde prima el plano anamórfico. La elección del formato de pantalla 2:35:1 se complementa con una cámara que recorre el interior de los ambientes, siguiendo de cerca a los personajes, principalmente en torno al pequeño Axel. Esa fusión en el cómo se cuenta, genera un clima de agobio y claustrofobia, más allá de la ansiedad en la que se inscribe un relato omnisciente. Planos cerrados, luz cálida y espacios reducidos fijan los límites de las escenas, dentro de los cuartos, en un pasillo o en la pared lindante a la voz materna.

Adiós entusiasmo, fotograma

El sonido fuera de campo es otro de los elementos narrativos principales. En términos de Michael Chion, se trata del sonido acusmático, en el cual se oye sin ver la causa de donde proviene. La fuente, que en este caso sería Margarita, nunca se revela. No la vemos más que a través de lo que oímos, lo cual genera mayor expectativa y tensión dentro del campo diegético. Sus palabras circulan por los ambientes; y los invade con una presión que se percibe en los rostros de sus hijas, en el tono de las respuestas o en los síntomas que provoca, como el zumbido en el oído de su hija Antonia, por ejemplo. También tiene un efecto activo en el espectador que se plantea cuestiones en relación a ¿Qué sucede? ¿Cómo es? ¿Qué le pasó?

“La película cuenta doce horas de una familia -comenta el realizador-. Con los actores buscamos hacerlo desde un sistema de investigación en rodaje; permitirnos desvíos y cierta porosidad en las relaciones entre personas de un mismo universo. Porque pienso en la familia como esa cosa cerrada, en donde se despliegan como raíces bajo tierra unas leyes propias y no dichas de intercambio emocional. Quise explorar la particularidad de un universo familiar y su lógica desfasada, corrida no sé bien de qué”.

Durán entiende ese universo familiar disfuncional como un ambiente amoroso, pero a la vez, totalmente desfasado en lo emocional. Precisamente, en ese desfasaje que menciona, el rol materno teje los hilos y manipula al resto de los personajes, quienes se sostienen a partir de la complicidad que formaron, sin eso no sería posible el simulacro de cumpleaños a la madre. Secuencia que linda con lo bizarro, pero que deja entrever los mecanismos de preservación que los mantiene unidos.

Adiós entusiasmo, película

En Adiós Entusiasmo se evita hablar sobre las causas que afectan su presente. Del pasado solo se intercalan imágenes difusas de videos familiares que Bruno (interpretado por Durán), invitado por Antonia, proyecta en el televisor del living. En esas escenas, estaban todos juntos y no existía el encierro actual. Entre aquellos años y la actualidad, mantienen la atmósfera afectiva entre ellos, lo que les permite naturalizar la inversión de roles. Léase una madre (encerrada) al cuidado de sus hijos (afuera). Y resignificar los espacios. El baño, por ejemplo, dejó de tener el uso habitual, para ser un sitio de encuentro familiar, donde pueden hablar con la madre, pasarle una copa de vino, una frazada.

La película explora la complejidad de los vínculos afectivos y la alteración espacial entre el mundo interior-exterior. Ninguno dirá nada más que lo que vemos y oímos. El límite estuvo marcado desde el inicio. ¿Cómo traducimos ese encierro? ¿Alguien abrirá el candado? El espectador no forma parte de ese juego de complicidades, tampoco tiene un rol pasivo. Todo lo contrario, aún quedan preguntas por hacer. Su mirada se inscribe en el relato y lo vuelve testigo de ese laberinto.

Tráiler:

Ficha técnica:

Adiós entusiasmo ,  Argentina / Colombia, 2017.

Dirección: Vladimir Durán
Duración: 79 minutos
Guion: Sacha Amaral y Vladimir Durán
Fotografía: Julián Ledesma
Reparto: Verónica Llinás, Mariel Fernández, Laila Maltz, Martina Juncadella, Vladimir Durán, Jerónimo Quevedo, Victoria Marotta, Alexis Durán, Joyce Ventura

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