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We don’t Need Another Hero (Sobre Private Snafu, cortometrajes de animación producidos durante la Segunda Guerra Mundial)

Private_SNAFU_cabecera

En el mes de julio del año 1942, un decreto oficial firmado por el presidente de los Estados Unidos de América, Franklin D. Roosevelt, ordenó la creación de la Oficina de Información de Guerra, un ente que regularía y promovería la actividad de los medios de comunicación y la prensa para persuadir e informar a la ciudadanía norteamericana sobre los esfuerzos bélicos implícitos en la intervención militar estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. La Oficina de Información de Guerra decidió concentrar su atención en aquellos medios que más facilitaran la tarea de llegar a sus receptores de manera clara e inmediata. Ateniéndose a este criterio, en una primera instancia la Oficina depositó una especial atención a las tiras cómicas de las contratapas de los periódicos, pero, tras una serie de estudios, decidieron descartar este medio. Una hipótesis al respecto podría apoyarse en la caracterización que los cómics ofrecían sobre la figura de las fuerzas enemigas (nazis y japoneses), estereotipos ridículos que solo contribuían a subestimar al adversario sin concientizar al lector sobre sus verdaderas habilidades ni configurarlos como potenciales amenazas.

A la par de estas primeras iniciativas gubernamentales, el ejército de los Estados Unidos concibió la idea de realizar una serie de largometrajes que concienciaran a la sociedad norteamericana sobre el rol que las Fuerzas Armadas desempeñaban durante la guerra. Apelando al enorme poder de síntesis propio del cine, el ejército contrató al cineasta Frank Capra, quien coordinó la realización de los documentales que conforman la serie de Why We Fight, el aporte cinematográfico más célebre y recordado de los tiempos de guerra.

Private_Snafu01Se dice que el Jefe del Estado Mayor del Ejército, George C. Marshall, quedó levemente disconforme con los resultados de Why We Fight. A la serie, dotada de rigor e inspiración propagandística, al parecer todavía le faltaba alcanzar el suficiente grado de instrucción para llegar a los sectores menos iluminados de la sociedad, entre ellos los propios combatientes. Marshall temía que el mensaje de Why We Fight no fuera lo suficientemente claro y contundente para las masas. Estaba claro que el cine era el medio que más se acercaba a los fines persuasivos e instructivos del “Plan Marshall”, pero todavía faltaba algo que reforzara la eficacia del mensaje. La solución a este entuerto fue encontrada en el cine de animación. El cortometraje producido por UPA, Flat Hatting (dirigido por John Hubley), mostraba las desventuras de un irresponsable aviador de las fuerzas aéreas norteamericanas, que combatía el tedio y el aburrimiento de sus misiones de reconocimiento efectuando peligrosas maniobras aéreas y poniendo en riesgo la vida de los civiles. El éxito del corto demostraba que la instrucción y el adoctrinamiento podían elegir caminos alternativos al de la mera exhibición de virtudes o a la puesta en escena del heroísmo. En la representación humorística de los errores y el fracaso también había una posibilidad de instruir mucho más eficazmente al gran público y a los propios combatientes.

En 1943, los estudios de animación de Warner Brothers, con su principal ejecutivo, Leon Schlesinger, a la cabeza, se hicieron cargo de un proyecto supervisado por el Departamento de Guerra de los Estados Unidos, como parte del programa cinematográfico de la First Motion Picture Unit encabezada por Frank Capra. Tras una disputa previa con Walt Disney por adueñarse del proyecto, la balanza se terminó inclinando favorablemente para el lado de Schlesinger, que obtuvo los derechos de realización de una serie animada llamada Private Snafu. La misma consistió en 26 cortometrajes, todos realizados en blanco y negro por los principales creativos del departamento de animación del estudio. Warner ya contaba en su haber con varios trabajos previos de fuerte posición antinazi (muy notablemente la película The Mortal Storm, de Frank Borzage, realizada en 1940, pocos años antes de la intervención norteamericana en la Segunda Guerra Mundial), lo cual le jugó muy a favor a la hora de que el ejército tuviera que optar por un estudio responsable de la realización de la serie, pero a las autoridades de la FMPU no se les debe haber escapado el detalle de los talentos que iban a estar involucrados en la ejecución de estos cortos. Nada menos que los responsables de las populares Merrie Melodies y los Looney Tunes, que incluían a realizadores de la talla de Chuck Jones, Frank Tashlin y Fritz Freleng, al compositor y director musical Carl Stalling y su arreglador Milt Franklyn, y a los aportes vocales de Mel Blanc (que prestaba su voz para personajes tan populares como Bugs Bunny en los cortos de Warner). La escritura del guion de cada episodio correría a cuenta de Thedor Geisel (más conocido por su seudónimo artístico de “Doctor Seuss”) y de P. D. Eastman (futuro colaborador de UPA en la serie animada de Mr. Magoo). La concepción previa de estos cortometrajes estaría fuertemente supervisada por el Departamento de Guerra y su exhibición estrictamente limitada a los integrantes del ejército que combatirían en el frente.

Renegando de todo heroísmo, sin renunciar a la esencia ni al humor propios de todo cartoon y reforzando la idea inicial de adoctrinar mediante las desventuras de un protagonista que oficiara de contraejemplo absoluto, la serie tomó como personaje principal a Snafu (siglas de Situation Normal: All Fucked Up, expresión tomada del argot militar y que alude a desinteligencias que se presentan inesperadamente en situaciones de aparente normalidad). Snafu es la síntesis total de lo que un soldado no debe ser: un inoperante cuya negligencia lo lleva a contraer peligrosas gripes o enfermedades como la malaria, a exponerse innecesariamente a los riesgos del gas tóxico por rehusar a llevar consigo la máscara protectora, a difundir información vital para el ejército y que esta llegue al enemigo, a fingir lesiones o accidentes con tal de evitar el cumplimiento de sus tareas, a renegar de sus labores por más simples que estas pudieran ser, como por ejemplo limpiar ollas y sartenes o acomodar zapatos. Cada torpeza del soldado y las consecuencias de sus errores debían ser aleccionadoras (Snafu llega incluso a perder la vida en varios episodios a causa de sus errores e imprudencias), y no tenían otro objetivo que el de inducir a los integrantes del cuerpo militar norteamericano a que extremaran las precauciones y se aferraran estrictamente a los protocolos de las Fuerzas Armadas. Lo notable de estos cortometrajes no solo recae en su formidable ejecución, algo que puede darse por sentado de antemano teniendo en cuenta los talentos involucrados en su confección, sino en su doble carácter discursivo y formal, en el que conviven exitosamente el didactismo más elemental y lo burdo de toda propaganda con el anarquismo audiovisual, la enorme carga sexual y la violencia festiva propia de los Looney Tunes. La inventiva y la locura habitual en los cortos de Warner se hacen presentes en cada episodio, sumadas a una inusitada libertad en el tratamiento de la sexualidad, seguramente permitida por el carácter interno y confidencial que tenían estos trabajos. Pocas veces la propaganda fue tan feliz y desatada como en estos cortos.

Private_Snafu02Spies (Chuck Jones, 1943) muestra al soldado cantando alegremente mientras declara ser portador de un secreto en torno a una inminente operación militar cuyo objetivo no puede revelar. Acechado por enemigos alemanes y japoneses que se esconden tras periódicos, cochecitos de bebé y cabinas telefónicas, el soldado comete el grave error de beber de más en una taberna y revelar la información secreta a una sexy espía de los nazis, que transmite el dato a sus empleadores a través de sus pechos telegráficos. El mismísimo Adolf Hitler recibe esta valiosa información y logra desplegar un ataque marítimo que llevan al soldado y a los suyos a ser derrotados por las fuerzas alemanas. Snafu termina sus días en una caldera en pleno infierno, con el Führer mostrándole un espejo que refleja el rostro del soldado como si se tratara del trasero de un caballo. Pocas piezas de propaganda fueron tan elocuentes a la hora de mostrar cómo las desatenciones propias son una herramienta indispensable para el enemigo a la hora de alcanzar la victoria.

Booby Traps (Bob Clampett, 1944) es una muestra rotunda de la ineficiencia del soldado, quien cae en todas las trampas mortales sorteadas por el enemigo en algún país innominado del norte de África. Desoyendo las advertencias del locutor que conduce el tramo inicial del relato, Snafu ingresa en un harén repleto de maniquíes de odaliscas provistas de todo tipo de artilugios explosivos. El soldado termina pagando demasiado caro por su imprudencia y encuentra la muerte al hacer detonar un mecanismo explosivo conectado a las teclas de un piano. Contrario a la tradición plástica de la animación que suele hacer de la muerte y su representación un loop infinito del cual sus personajes pueden regresar indefinida cantidad de veces, cuando el soldado Snafu muere raramente consigue volver a la vida. Bromas y entretenimiento aparte, los soldados debían entender que el juego de la guerra no era equiparable a la elasticidad inofensiva del cartoon y que sus errores en el campo de batalla podían ser un camino sin retorno.

The Home Front (Frank Tashlin, 1943) muestra a Snafu pasando el tiempo en un refugio militar en el Ártico, sufriendo por la soledad y el frío, mientras especula con rencor por la vida llena de comodidades que su familia estará llevando en suelo americano. En su indignada imaginación, el padre del soldado juega despreocupadamente al billar, su madre parlotea en rondas de cartas con sus amigas, su abuelo presencia espectáculos nocturnos de bailarinas en los cabarets y su novia Sally Lou es asediada por un galante acosador. El Hada Técnica de Primera Clase, una presencia recurrente en la serie, representada por la figura de un rudo consejero masculino fumador de cigarros con varita mágica y alas voladoras, emerge para hacerle notar al soldado las enormes contribuciones civiles que su familia está aportando desde territorio norteamericano. Frank Tashlin y sus habituales animadores (Carl Dalton, Arthur Davis e Izzy Ellis) no parecen sentirse muy a gusto con el subrayado sobre el deber cívico y moral de la familia americana, pero dan rienda suelta a su estilo en todo el primer tramo del corto y en el detalle final que concluye el episodio, con el beso que el Hada le estampa en la boca a Snafu, en la mejor tradición del conejo Bugs Bunny con el cazador Elmer.

En Pay Day (Fritz Freleng, 1944), vemos al soldado Snafu paseando por las calles de algún país de Oriente Medio, entre tiendas de alfombras voladoras, encantadores de serpientes y fumadores de narguile. Es día de pago y el soldado camina animadamente entre las tiendas con su abultado salario en la mano, despilfarrando sus posibilidades de una vida decente de posguerra en exóticas antigüedades de bazar, a pesar de los infructuosos intentos del Hada Técnica por mantenerlo alejado del derroche. Seducido por las mieles de un hada maligna que lo lleva a gastar impulsivamente su sueldo de soldado en ridiculeces tales como un inmenso tótem comprado a un esquimal en el Ártico y, como no podía faltar, en incursiones nocturnas de juego y cabaret, el soldado termina en la ruina financiera, derrochando hasta el último centavo en alguna jam session, mientras vemos cómo todas sus futuras pertenencias se desvanecen como sueños.

En Target: Snafu (Fritz Freleng, 1944), uno de los cortos más brillantes de la serie, vemos cómo un ejército de mosquitos portadores de malaria entrenan con la misma infraestructura y logística de las fuerzas armadas de cualquier potencia militar, en pos de encontrar víctimas a las cuales hacer contraer la enfermedad. Luego de una serie de duros entrenamientos, donde adquieren la habilidad necesaria para esquivar obstáculos, tales como el repelente y los mosquiteros, los insectos despliegan un impresionante operativo aéreo en búsqueda del trasero de Snafu, seleccionado como target principal de las fuerzas de ataque, luego de una misión de reconocimiento que brindó el dato del soldado como el único integrante del ejército en dormir sin protección, vulnerable a cualquier ofensiva enemiga. Mientras el soldado padece los síntomas de la enfermedad y pasa del frío extremo al calor agobiante a raíz de la fiebre contraída, los heroicos mosquitos reciben medallas al honor y otras condecoraciones por el éxito obtenido en la misión. El cortometraje logra infundir un atractivo irresistible hacia toda la logística militar implementada por los insectos, equiparable a la de cualquier misión frecuente en la guerra.

Private_Snafu03En Censored (Frank Tashlin, 1944), el soldado Snafu intenta evadir los estrictos controles de censura que imposibilitan que los miembros del ejército intercambien correspondencia con sus familiares en territorio americano y revelen información valiosa para el enemigo. Snafu, ansioso por escribir a su amada Sally Lou, y tras varios intentos previos interceptados por el eficiente control del ejército, logra infiltrar una carta que llega a manos de su despampanante esposa, quien divulga la información de un importante operativo militar planificado contra sus adversarios japoneses. Los detalles de la carta del imprudente soldado llegan a oídos de los altos jerarcas enemigos, quienes logran desbaratar los planes del ejército norteamericano y hacen fracasar la operación. Snafu despierta de su pesadilla y, recapacitando sobre su propia torpeza, destruye la carta que hubiera llevado a su propio ejército a la ruina. Esta es una de las pocas variantes de la serie donde la ineptitud de Snafu se manifiesta en el terreno de los sueños, con la posibilidad de redimirse en el plano consciente y echarse atrás a tiempo para impedir la derrota en manos del enemigo. El director Frank Tashlin tuvo que atenuar la libido en este cortometraje, impidiendo que los enormes pechos de Sally Lou resultaran visibles a los ojos de sus espectadores –recuérdese que la exhibición de estos cortos estaba estrictamente reservada a los soldados que combatían en el frente, en plena abstinencia sexual–. En su lugar, Tashlin desplegó su habitual fetichismo por las piernas femeninas, que explotaría en toda su filmografía posterior.

It’s Murder She Says (Chuck Jones, 1945) es otro de los highlights de la serie y está protagonizado por una mosquita retirada en clave de femme fatale, quien evoca el recuerdo de la piel y la carne del soldado Snafu, el único de sus trofeos al que pudo saborear durante su trayectoria profesional en tiempos de guerra. Un relato en la mejor tradición del film noir, que muestra con claridad la enorme capacidad de absorción de estos cortometrajes en su diálogo con otras formas narrativas en vigencia en aquellos años, y el tercer exponente de la serie en alertar sobre los riesgos de la malaria (junto con el mencionado Target: Snafu y Private Snafu vs. Malaria Mike, también dirigido por Chuck Jones).

En Hot Spot (Fritz Freleng, 1945), el diablo recibe la información de que en un país llamado Irán las temperaturas superan todos los niveles conocidos del calor y decide trasladarse hacia allí para interiorizarse sobre la situación. Mientras se informa y lee en voz alta sobre algunas condiciones geográficas específicas del país, vemos cómo el ejército norteamericano –con el protagonismo excluyente de Snafu– desempeña sus labores y se adapta a las difíciles condiciones climáticas de Oriente Medio en pos del esfuerzo militar. Este corto es, junto a In The Aleutians – Isles of Enchantment, de Chuck Jones, uno de los trabajos que cubre la cuota de exotismo combinada con el didactismo, a través de la exploración geográfica que el ejército norteamericano estaba realizando en su incursión bélica durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras tanto, ni el propio Lucifer puede resistir las altas temperaturas iraníes, tomando baños de agua helada para contrarrestar el infernal calor.

No Buddy Atoll (Chuck Jones, 1945) puede ser leído como una apología del triunfo norteamericano sobre su enemigo japonés después de los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki, teniendo en cuenta que fue realizado tras la victoria norteamericana sobre las fuerzas del Eje. El relato reduce el conflicto bélico a una disputa territorial entre el soldado Snafu y un militar asiático por una pequeña isla en la que ambos desembarcan después de naufragar solitariamente en el mar. Es uno de los pocos episodios donde Snafu demuestra superioridad y triunfa sobre su adversario, ultimando a su rival con el lanzamiento de decenas de cocos como si se trataran de bombas atómicas. En Operation Snafu (Fritz Freleng, 1945), uno de los últimos cortos de la serie, el protagonista también logra salir victorioso al arrebatar un valioso documento clasificado de una gigantesca bóveda donde había sido escondido por las autoridades japonesas. Había otra alusión a la bomba atómica presente en Going Home (Chuck Jones, 1944), pero su exhibición fue prohibida por las autoridades militares, ya que consideraron que revelaba demasiada información sobre el futuro operativo (fue realizado un año antes del lanzamiento de las bombas sobre territorio japonés).

La mayoría de los cortos de la serie de Private Snafu apenas superan los cuatro minutos de duración. Todos se encuentran disponibles en You Tube y, al haber sido producidos por el Departamento de Guerra de los Estados Unidos, fueron considerados de dominio público, por lo cual su reproducción no infringe derechos de autor.

Nota del autor: mucha de la información presente en este texto fue extraída del artículo “Private Snafu’s Hidden War Historical Survey and Analytical Perspective”, de Christopher Dow, al cual se puede acceder en su idioma original a través de este link:

http://brightlightsfilm.com/42/snafu.php#.Uy-EY_mSySo

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