Críticas

El retorno de Besson a lo distópico

Valerian y la ciudad de los mil planetas

Otros títulos: Valérian et la Cité des Mille Planètes.

Valerian and the City of a Thousand Planets. Luc Besson. Francia, 2017.

Cada vez que Luc Besson es apuntado como director de algún proyecto, a los cinéfilos se nos dibuja una sonrisa en la cara. A pesar de que en los últimos años no ha dado en la tecla y goza del hecho de vivir de su célebre filmografía del pasado, el realizador francés es garantía de que pasaremos un rato agradable en la sala de cine, especialmente, porque al escribir la gran mayoría de sus guiones, las características de sus personajes y situaciones se repiten bastante de filme a filme.

El último gran lanzamiento de Besson fue Lucy (2014),  que contaba con el protagonismo de Scarlett Johansson, en un tipo de papel que, como ya señalé anteriormente, se va repitiendo a lo largo de casi todos sus películas. Este aspecto particular se puede observar claramente si hacemos una comparación entre los trabajos de Anne Parrillaud en Nikita, dura de matar (La Femme Nikita, 1990), Jean Reno en El Profesional (Léon, 1994) o el de Milla Jovovich en El Quinto Elemento (Le Cinquième Élément, 1997), personajes casi invencibles, pero con conflictos internos que afectaban muy seriamente su psicología. No tan paradójico, pero sí intencional, era ese perfil psicológico que alimentaba tal invencibilidad. Esto no lo encontraremos en Valerian y la ciudad de los mil planetas, no, al menos, centrado sobre un personaje principal, más bien sobre dos de ellos: Valerian y Laureline.

El mundo de las historietas franco-belgas es bastante vasto. Quienes puedan ir a Bruselas, la hermosa capital de Bélgica, no deben dejar de visitar Le Musée de la Bande Dessinée, donde se puede comprobar que los cómics no son propiedad de Marvel ni de DC.  Aún más: muchos de los personajes occidentales más tradicionales provienen de la tradición franco-belga; por citar algunos ejemplos, nada más ni nada menos que Los Pitufos, Asterix, el galo y Tintin. Vale también decir que la historia de Valerian et Laureline quizás no sea tan conocida en el mundo de habla hispana. Es muy importante, entonces, señalar que sus creadores, Pierre Christin y Jean-Claude Mézières, la publicaron unos diez años antes de que George Lucas presentara su universo galáctico con La Guerra de las Galaxias: Una nueva Esperanza (Star Wars: A New Hope, 1977) ¿Por qué menciono esto? Porque George Lucas confesó haberse basado en la tira francesa para muchos aspectos creativos de Star Wars. Y quienes vean Valerian y la ciudad de los mil planetas lo podrán comprobar, tanto en esa dualidad tan pronunciada de lo que es el bien y el mal, hasta en lo que respecta a los personajes, con la similitud entre las duplas Valerian-Laureline y Luke-Leia, o hasta un personaje que parece ser un calco de Jabba the Hutt.

Al inicio del filme, asistimos a un espectáculo visual que nada tiene que envidiarle a Avatar (James Cameron, 2009), con un trabajo de CGI impecable, que nos introduce en la historia de una civilización perdida. A medida que el guion va transcurriendo, puede ocurrir que nos veamos un poco perdidos, y esa es una característica que no extraña en un filme de Besson: el segundo acto no solo es muy largo en vano, sino que muchas veces presenta cosas que son irrelevantes para el desarrollo de la historia. Si debiera citar ejemplos de ello, les pediría un revisionado de El Quinto Elemento y Lucy. También encontraremos otra característica del cine de Besson, pero que en este caso es una cualidad: intercalar momentos de drama y tensión con varios de comedia muy bien logrados, amenizando la historia y quitando ese aire de seriedad que suelen tener este tipo de historias.

No es mi intención criticar el trabajo de Dane DeHaan –debo admitir que su interpretación de James Dean en Life, la vida de James Dean (Life, Anton Corbijn, 2015) me pareció muy buena–, pero su representación de Valerian flaquea por momentos. Aun así, podemos darle una oportunidad,  si recordamos que la actuación de Mark Hamill en La Guerra de las Galaxias: Una nueva Esperanza también tiene sus falencias. No es el caso de Cara DeLevingne, quien da vida a Laureline, a quien sus características parecen sentarle muy bien, mostrándose muy segura y carismática. En tanto, veremos a Clive Owen en un papel bastante desdibujado, interpretando a Arün Filitt, lejos del nivel que solía mostrar en películas como Hijos de los hombres (Children of Men, Alfonso Cuarón, 2006), y también a Rihanna con una participación bastante insólita y fugaz.

Queda por ver si este proyecto tendrá continuidad en el futuro, ya que el cómic original cuenta con múltiples historias que podrían llegar a generar la producción de nuevos capítulos. Aunque también nos queda la duda de si, a pesar de haber costado casi 200 millones de euros, y de tratarse de la película de producción europea más cara de la historia, tendremos la posibilidad de ver en un futuro inmediato un segundo episodio de las aventuras de Valerian y Laureline.

Ficha técnica:

Valerian y la ciudad de los mil planetas  / Valérian et la Cité des Mille Planètes (Valerian and the City of a Thousand Planets),  Francia, 2017.

Dirección: Luc Besson
Duración: 137 minutos
Guion: Pierre Christin, Jean-Claude Mézières (cómic original), Luc Besson (guion adaptado)
Producción: EuropaCorp, Fundamental Films, Gulf Films
Fotografía: Thierry Arbogast
Música: Alexandre Desplat
Reparto: Dane DeHaan, Cara Delevingne,​ Clive Owen, Ethan Hawke, Rihanna

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