Críticas

Humano, demasiado humano

Under the Skin

Under the Skin. Jonathan Glazer. Reino Unido, 2013.

cartel under the skinCon Under the Skin (Jonathan Glazer, 2010) nos adentramos en un tipo de cine muy específico. Una de esas rarezas inclasificables que, en ocasiones, nos brinda el séptimo arte. Me atrevería a decir que no es estéticamente atractiva (sálvese el desnudo integral de Scarlett Johansson) ni alegre, ni siquiera entretenida durante sus 108 minutos de metraje y, sin embargo, se ha convertido ya en un filme de culto. Su gélido y oscuro aspecto, y un mutismo inquietante se caracterizan y cogen las riendas de lo que se puede considerar un filme de una extrañeza poco habitual. No me refiero que estas sean las singularidades esenciales para que una obra sea considerada como tal, quiero decir, que contiene una perplejidad tan sugerente como repelente a primera vista, una creación que puede ser amada y odiada a partes iguales. La observación, el análisis y la reflexión se convierten en parámetros clave para admirar la obra en todo su esplendor, de lo contrario, el rechazo puede ser inminente. Así pues, dispuestos a descodificar la marciana telaraña del director, intentaré poner de relieve ciertas escenas y momentos que resultan reveladores, para averiguar qué palos toca el director y por qué oscuras sendas nos quiere conducir. Dentro de toda esa complejidad, aparentemente sin sentido, hay un pensamiento crítico/filosófico propio al ser humano que nos concierne a todos.

Una solitaria y atractiva mujer (Scarlett Johansson) deambula por las frías calles de Escocia, conquistando hombres, con la intención de mantener relaciones sexuales y arrastrarlos a un destino fatal. Este proceso depredador de viuda negra es debido a que Scarlett es un lobo con piel de cordero, o dicho literalmente, una alienígena con piel de humano. El objetivo de atraer a esos hombres, siempre solitarios o marginados sociales, es la de succionar su sangre para alimentarse. En un principio, vemos a un simple depredador en busca de su objetivo; alimentarse, como un león en busca de su presa, pero a medida que avanza y va adentrándose en la sociedad, vemos como a través de la observación, interioriza ciertos patrones de conducta humana; consumismo vacuo, conversaciones cotidianas, sentimientos…

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Hací

ia los primeros veinte minutos del filme nos encontramos con una escena trascendente que nos muestra un rasgo de la personalidad (si puede llamarse así) de la alienígena, y que resulta capital para entender en qué punto estratégico nos encontramos referente a su capacidad para interactuar o empatizar con el entrono. La escena es magistral; una playa con la mar ajetreada, una madre con su marido, un bebé y un perro. El canino se adentra lo suficiente en el espumoso mar como para no poder regresar por sí mismo a tierra firme, la mujer, desesperada, va en su ayuda, y el marido corre tras ella. El bebé, emite un leve llanto. La indiferencia de la extraterrestre (como la madre naturaleza) ante la tragedia resulta estremecedora. La misma escena se vuelve a repetir de manera metafórica (de aquí la importancia relevante de la escena) pero mucho más tarde. Nuestra marciana ya ha succionado a más personas, ha interactuado más con su entorno, pero su comportamiento ha variado. Se mira largo y tendido el rostro ante un espejo y acto seguido advierte a una mosca atrapada en un cristal, un cristal ondulado que recuerda al mar alterado de aquella tarde gris, y entonces se crea una especie de conexión íntima, se interioriza la complejidad del mundo terrestre.

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De ahí en adelante, la protagonista intentará conectar con el mundo que le rodea, intentará plagiar hábitos y aprender poco a poco. No hay nada de sentimentalismo en estas escenas, aunque parezca una idea romántica, todo se desenvuelve muy despacio y en circunstancias ciertamente inquietantes. Dos escenas más merecen ser citadas por la intencionalidad que tienen de demostrar cómo la interacción con su entorno resulta errática y torpe; la escena del pastel y la escena de la cama son auténticamente increíbles y reveladoras.

¿Sueñan los extraterrestres con ovejas intergalácticas? Pues no lo sabemos, pero lo que sí sabe Jonathan Glazer es que su alienígena tiene capacidad para soñar, y es a través de un sueño donde tendrá ese poderoso contacto espiritual con lo que le rodea en una imagen yuxtapuesta que recuerda al cine clásico, de esa forma es como alcanza un nivel más complejo; dormir y soñar, dos atributos puramente humanos. Pero algo la despierta repentinamente del sueño, algo aterrador e inhumano, aunque su piel diga lo contrario, pero “eso” ya está demasiado adentrado en los vestigios de la complejidad de los sentimientos. En el último tramo, la ironía del director con la idea de la naturaleza humana se muestra impactante, y nos damos cuenta de que todo desemboca en una idea moral sobre el concepto de la condición del ser. Los papeles parecen tornarse, el espectador encoge el estómago por las imágenes, pero la angustia que siente es porque no le queda otra que reconocer que dentro de sí mismo también alberga la misma descendencia.

 

Ficha técnica:

Under the Skin (Under the Skin),  Reino Unido, 2013.

Dirección: Jonathan Glazer
Duración: 108 min. minutos
Guion: Walter Campbell, Jonathan Glazer (Novela: Michel Faber)
Producción: Film4 / Nick Wechsler Productions
Fotografía: Dan Landin
Música: Mica Levi
Reparto: Scarlett Johansson, Paul Brannigan, Robert J. Goodwin, Krystof Hádek, Scott Dymond, Michael Moreland, Jessica Mance, Jeremy McWilliams, Adam Pearson

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