Críticas

Ella es tu hermana

Un asunto de familia

Otros títulos: Shoplifters.

Manbiki Kazoku. Hirokazu Koreeda. JApón, 2018.

Cartel de la película Un asunto de familiaNo es necesario el dinero ni el lujo cuando tienes una familia que te contiene. Al menos este parece ser el planteamiento inicial de la película de Hirokazu Koreeda. Cuando Osamu y su hijo Shota encuentran a una nena abandonada en el balcón, deciden traerla a su casa con ellos para que no se muera de frío. Tras un intento fallido de regresarla a su casa, la situación se complica cuando la nena se queda a pasar la noche. Los días pasan, pero ella sigue ahí. Claro, los Shibata no tienen mucho que ofrecer, pero cualquier cosa es mejor que el maltrato físico que ella recibe en su casa.

La precariedad de los espacios se define por una cámara que apenas cabe dentro de la pieza, que busca lugares donde meterse, entre ropas y mandarinas, como el armario donde vive Shota, o el alborotado comedor que funciona como sala de estar y dormitorio a la vez. De la misma manera, la casa de la familia Shibata es un refugio que esconde y contiene a sus habitantes lejos del hostil mundo exterior, donde personas como ellos no tienen cabida. El desempleo y la pobreza los ha marginado y confinado a una pieza de dos por dos. Cuando salen, es para robar tiendas; a los ojos de Osamu, los alimentos y objetos dispuestos en las estanterías “no tienen dueño todavía”. Aún estando afuera, estos espacios comprimen su existencia. La composición de los planos enmarca a sus personajes con pasillos llenos, ventanas o marcos que se erigen como una barrera física entre ellos y los otros, porque ellos no son como los otros, deben robar para comer. Pero, y aquí viene el gran pero, parecen ser felices.

Si bien la historia es acerca de toda la familia, hay una especial atención a la relación paternal entre Osamu y Shota. En aquellos momentos de afinidad entre padre e hijo, la cámara se aleja a un plano general abierto, bien de lejos, para que ellos dos queden como puntos minúsculos dentro un escenario mucho mayor. ¿Acaso es un llamado a que miremos esta relación desde afuera? La dualidad lejanía visual pero cercanía emocional propone y desafía al espectador ansioso que quiere absorber este momento con la mayor intensidad posible, pero el respeto a la intimidad nos obliga a conformarnos con una mirada lejana, ya que no podemos ser partícipes ni interrumpir su privacidad.

Un asunto de familia

No es casualidad que la historia se desarrolle en el lapso de un año. El frío trae consigo a un nuevo integrante de la familia, y de nuevo, como cerrando un ciclo, es el invierno que cae como un balde de agua helada con cruda realidad. Los momentos de mayor felicidad se vivieron en el verano, en la playa, como si el calor del hogar se hubiera correspondido con las estaciones. Cuando el calor se va, llegan los problemas.

El paso del tiempo se siente en la piel, en los pies fríos y en los cuerpos sudados, así también en la gradual aceptación de la nena como parte de la familia y las implicancias que acarrea su presencia dentro de la dinámica del hogar. «Ella es tu hermana», le dice Osamu a Shota, cuando él, como cualquier hijo único, cae en los celos. ¿Es su hermana o no lo es? ¿Dónde están los padres de la nena? Son tan solo algunas preguntas que se disipan con el trascurso del tiempo y se borran con la sonrisa y profunda veneración con la que la nena observa a su hermano mayor.

Shoplifters

Con la nieve que se derrite, vamos conociendo a nuestros personajes. Más que secretos, son pedazos de información que se van revelando de a poco, dosificados en un ritmo desinteresado en exponer, de buenas a primeras, la complejidad de los lazos familiares entre los personajes. Es probable que muchas cosas resulten confusas al inicio, y que muchos detalles que se dicen en diálogo no sean registrados de buenas a primeras, como la vaga mención de uno de los colegas de Osamu sobre su familia o el encuentro entre la abuela y un agente de bienes de raíces. Pero es este lento deglutir, y descubrimiento gradual, el que construye paso a paso las relaciones, como tejiendo una tela de arañas con la minuciosidad que se requeriría para tal efecto. Lo importante no es saber por qué la abuela le recrimina a Aki que ella adopte el nombre de su hermana, lo importante es su rostro cuando observa, con profunda gratificación, a la familia saltando las olas en un día de playa, un lujo al que seguramente están privados.  Y el resultado es devastador. Porque Koreeda jamás advirtió las consecuencias que podría tener la complicidad del espectador. Jamás prometió un final feliz, pero caímos, y con gusto, en la esperanza.

Sí, el viaje fue placentero. Las sonrisas, las miradas y las comidas que compartimos con los Shibata nos permitieron comprender a estos criminales inadaptados, quienes, ante los ojos de la sociedad (y los nuestros quizás), actuaron al margen de la ley, tanto así que las ganas de ser testigos en su defensa no faltaron. ¿Acaso Osamu no rescató a la nena de una vida violenta? Es verdad, les enseñó a robar, pero ¿acaso tiene la culpa de enseñar a sus hijos lo único que sabe hacer o es una víctima más de la desigualdad social? Shoplifters levanta estas preguntas y muchas más, lo doloroso es, al fin y al cabo, que pretende desmantelar con un solo golpe el concepto que cada uno de nosotros daba por sentado desde el día uno de nuestra existencia: la familia.

Ficha técnica:

Un asunto de familia  / Shoplifters (Manbiki Kazoku),  JApón, 2018.

Dirección: Hirokazu Koreeda
Duración: 121 minutos
Guion: Hirokazu Koreeda
Fotografía: Ryûto Kondô
Música: Haruomi Hosono
Reparto: Kirin Kiki, Sôsuke Ikematsu, Lily Franky, Moemi Katayama, Sakura Ando, Mayu Matsuoka

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