Tres, ya no son multitud

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Otros títulos: Tres, Three.

Drei. Tom Tykwer. Alemania, 2010.

cartel de la película tresTom Tykwer, reconocido por sus films Corre Lola, corre (Lola Rennt, 1998), La princesa y el guerrero (Der Krieger und die Kaiserin, 2000) y El Perfume (Das Parfum  Die Geschichte eines Mörders, 2010), en esta ocasión presenta, en tono de comedia, una propuesta ácida e intimista, y en ocasiones extrema, que toca fondo en los todavía existentes prejuicios sociales de una Alemania cosmopolita. El film, rodado en su totalidad en su país natal con actores alemanes, propone una innegable representación de una sociedad en la que se están gestando cambios desde la individualidad y que, tarde o temprano, tendrá que reconocer y garantizar la incursión social de los grupos minoritarios poliamorosos. Otros films que tienen el mismo sesgo son: Le trio (Hermine Huntgeburth, Francia, 1998) y Lola and Billy the Kid (Kutlug Ataman, 1999), propuesta sórdida y lumpenesca desarrollada también en Alemania.

En Tres, la anécdota es mínima. Los protagonistas, una pareja de edad madura, se enamoran por separado del mismo hombre, y terminan aceptándolo. Es muy recurrente que este tipo de interpretaciones muchas veces se asignen a actores extranjeros o, en caso de ser nacionales, se utilizan actores poco conocidos, por lo incómodas que puedan resultar las escenas homoeróticas para un público ario masculinizado y heterosexual,  sin embargo,  Tykwer dirige a sus compatriotas Sophie Rois,  (Hanna), Sebastien Schipper (Simon, su pareja con quien vive) y David Striesow (Adam, el tercer personaje del cual ambos se enamoran),  con una precisión tal, que logra en una forma natural que los actores se metan en la piel de los personajes,  que poco importa si se trata de actores reconocidos o noveles, el personaje rebasa, como debe ser, la persona del intérprete.Actores de reparto de la película tres

El film está pleno de simbolismos y de imágenes que aluden a historias paralelas, a diálogos inconexos que auguran casualidades, a escenas múltiples que van preparando al espectador para asumir una realidad que puede resultar ajena o familiar. Al igual que en sus anteriores films, Tykwer se inspira en personajes solitarios, parcos, ordinarios, que deambulan entre sus propios miedos, para quienes la soledad es la mejor aliada y el dolor físico no es tan intenso como el dolor de sus almas.

En esta ocasión, la representación femenina es sustancial, crucial, para dar fuerza dramática a la historia objetiva; para ello, Tykwer desmenuza lo femenino, a través de varios polos: la histeria, la frigidez y la neurosis, pero también la sensibilidad, la aventura, el placer, el deseo, la posesión y la necesidad de ser feliz; buscando en lo establecido, en lo sistémico, la anhelada respuesta. Todo debe ser regido por una lógica, no hay una causa sin un efecto; la infidelidad como parte de un proceso de reconocimiento, en un juego contrastante de imágenes en la pantalla que el espectador experimenta como testigo y al mismo tiempo lo humaniza con el sufrimiento ajeno, donde la virilidad está en juego. Sin preámbulo alguno y de manera irónica, la realidad debe ser afrontada en su manifestación más cruda.

Un aniversario no recordado, la angustia por no tener un hijo, actos de infidelidad, escenas inconexas que nos llevan a la otra vertiente de la historia, en donde el azar es el único punto tambaleante de verosimilitud de este film. El encuentro casual de Simón con un hombre en las albercas da lugar a la coincidencia de que es Adam, el mismo hombre con el que Hanna está teniendo relaciones sexuales. Desde su primer encuentro con Adam,  Simon experimenta placeres extraños. Aunque no le son ajenos, sí le son desconocidos. El placer descubierto lo lleva a buscar más encuentros sexuales para descubrirse y cultivar su personalidad narcisista.

La escena del encuentro sexual entre Adam y Simon -escena perturbadora para una sociedad orgullosamente falocéntrica, en donde el  falo es símbolo de poder y todo gira alrededor de él-, no tiene cuestionamientos. La entrega mutua de los cuerpos masculinos representa la liberación del espíritu, un segundo paso en esta propuesta fílmica que une la infidelidad y el homoerotismo en una expresión poliamorosa, como una forma de vivir plenamente, por primera vez, sin temores y sin culpa. Ahora, la casualidad retoma verosimilitud, la espontaneidad es parte de su vida. La integridad de “tres” personajes es perfecta. Tykwer no juzga, no toma posturas, tampoco diluye la historia en tonos de comedia o tragedia,  ¿cómo hacerlo?, ¿y para qué?, en su lugar la cámara se aleja de lo dramático, dando lugar a una madurez poco usual en el tratamiento de estos temas, por lo menos en el cine, para hacernos sentir que no hay tal diferencia, y si la hubiere, no deviene importante, el amor no tiene sexo, el ser humano es complejo y cambiante, y los comportamientos de unos, no son siempre los de los otros.

Sophie Rois en la película 3Finalmente, el encuentro de los tres es inevitable, el tiempo hace lo propio, el último proceso ha llegado, es momento de enfrentar la verdad; la culpa social tiene que ser superada por encima del permitirse ser; el espíritu es más grande que toda moral dictada; es tiempo de empezar una nueva lucha, en la que sus emociones y sentimientos encuentren lo que socialmente han perdido y, por ser diferentes, han sido juzgados como perversos. El film cierra con un plano cenital de antología, cuyo fin es hacer sentir al espectador su vulnerabilidad ante lo impredecible.

Trailer:

Ficha técnica:

3  / Tres, Three (Drei),  Alemania, 2010.

Dirección: Tom Tykwer
Guion: Tom Tykwer
Fotografía: Frank Griebe
Música: Reinhold Heil, Johnny Klimek, Gabriel Isaac Mounsey
Reparto: Sophie Rois, Sebastian Schipper, Devid Striesow

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