Viñetas y celuloide 

The Punisher en la pantalla

The Punisher

El drama de Frank Castle ha regresado a las pantallas gracias a la nueva serie de Netflix ambientada en el universo Marvel. La producción da impulso a la iniciativa, tras una sucesión de anodinas entregas, que ha tenido su colofón en The Defenders, un ejemplo de lo que pudo haber sido y no fue. No es la primera vez que vemos al renovado Castle en Netflix, ya que su sangrienta cruzada fue una de las tramas que se trataron en la segunda temporada de Daredevil. La trágica figura del antihéroe dejaba para el recuerdo los mejores momentos de aquella tanda de episodios, que mantenían el tono urbano y callejero, que tan bien sentaba a la serie.

The Punisher es un bicho raro dentro de Marvel, y se adelantó por mucho a la tendencia de los héroes duros y expeditivos que se harían protagonistas a partir de finales de la década de los 80. Su génesis corresponde al trabajo conjunto de Gerry Conway y Ross Andru, guionista y dibujante de Spiderman, ayudados en el diseño final del personaje por una leyenda del noveno arte como John Romita. En aquella época, los cines estaban plagados por películas de justicieros vengadores por encima de la ley. Marvel, siempre con el ojo puesto en el gusto popular, trasladó estas crudas (y fascistoides) venganzas a la viñeta, con la incorporación de Pubisher a su elenco de villanos.

Efectivamente, las primeras apariciones de Frank Castle en la viñeta, a mediados de los 70, dejaban claro que, aunque compartía el mismo fin que los enmascarados de la casa, sus métodos lo alejaban por completo de la definición de héroe. De hecho, en las primeras apariciones el personaje estaba al borde de la locura, absorbido por el obsesivo código que regía sus actos. Básicamente, su lema es “si eres culpable, estás muerto”.

A pesar de esta naturaleza, Pubisher cayó en gracia entre el público, que veía con muy buenos ojos su ambigüedad. El contexto de este ex combatiente de Vietnam ofrecía novedades frente al anquilosado mundo en blanco y negro de los superhéroes tradicionales. Con el tiempo, Frank Castle protagonizaría varias cabeceras con su nombre, que gozaron de bastante éxito.

No podía ser de otra forma, ese favor del público era cuestión de tiempo que fuese aprovechado en Marvel para el lanzamiento del personaje en otros formatos distintos al cómic. Lo cierto es que era mucho más sencillo trasladar a la pantalla las peripecias de Frank Castle que cualquiera de los otros pintorescos justicieros de La Casa de las Ideas. No tiene ningún tipo de superpoder que exija grandes alardes técnicos en efectos especiales, por ejemplo, e incluso se podía acoplar a la pléyade de héroes de acción que plagaban las pantallas de los cines, gracias a su contexto callejero de violencia desatada.

En esta tesitura, llega a los cines la primera versión en acción real de The Punisher, en 1989. Vengador (Mark Goldblatt, 1989), como se bautizó en España, contaba con la presencia de Dolph Lundgren, estrella menor del firmamento de especialistas en el golpe y porrazo, que saltó a la fama como el imponente boxeador ruso Ivan Drago en Rocky IV (Silvester Stallone, 1985). Acompañaba al protagonista Louis Gossett Jr., actor con algo de predicamento en subproductos de acción. Una versión algo libre de la historia de Punisher que pasó a título de culto, a pesar de que apenas alcanza para serie B resultona, con el bueno de Lundgren repartiendo plomo como si fuese gratis. Casi pasa por ser la primera adaptación de un cómic de Marvel, mucho antes siquiera que alguien imaginese un universo de la categoría actual, pero el honor lo tiene Howard el Pato, por culpa de una muy sospechosa producción de George Lucas en 1986.

Pasaron muchos antes del regreso de Frank Castle a la pantalla grande. No fue hasta 2004 que el antihéroe de Marvel se pasease de nuevo por las pantallas de todo el mundo, a bordo de The Punisher (Jonathan Hensleigh, 2004), una película fallida en todos sus aspectos, en manos de un antiguo guionista de taquillazos, como La Roca ( 1996) o Amageddon (1988), ambas dirigidas por el inefable Michael Bay. El paso a la silla de dirección no pudo ser más insípido. En esta versión, Frank Castle se convierte en un agente de la CIA que paga muy caro su último caso para la agencia, con toda su familia asesinada por el capo de turno. El villano con la cara de John Travolta es lo mejor de una película que no supo tratar los conflictos que el personaje plantea, la dualidad entre sus objetivos y sus métodos, y poco menos que justificaba la venganza sanguinaria de un personaje con demasiados matices de gris para el reduccionismo al que se sometía en esta película.

Contó con una continuación que no mejoraba lo presente, otra función de ultraviolencia sin mucho sentido, protagonizado por el gigantesco Ray Stevenson, que daba un aspecto más amenazador que nunca a este despiadado justiciero. The Punisher: Zona de guerra (Lexi Alexander, 2008) ponía fin a las peripecias de Frank Castle en la pantalla grande.

Por suerte, un personaje tan jugoso entró en juego de nuevo, en la segunda temporada del exitoso Daredevil de Netflix. En esta ocasión, sí se supo tocar la tecla adecuada, y el dualismo trágico del personaje se convirtió en uno de los grandes alicientes de una tanda de episodios sustentado en una tediosa trama de ninjas que encontró en El Castigador una fabulosa vía de escape. John Bernthal es el nuevo rostro del personaje, capaz de humanizar a un desquiciado al borde del precipicio. Tanto gustó el tratamiento de Punisher que era cuestión de tiempo la llegada de una serie con su nombre.

Así ha sido, y hace unas semanas se estrenaba la serie con el nombre del personaje en la cabecera. Áspera, dura, sin concesiones, en equilibrados grises morales y nada complaciente, The Punisher se ha situado a la cabeza en cuanto a producciones Netflix relacionadas con Marvel. Un camino de redención (o quizá de justicia retributiva, y no siempre para los villanos), la versión adulta e inteligente del oscuro mundo de violencia callejera que sirve de contexto a Castle luce más cuidado que nunca. Todo un acierto.

Ha tenido que ser la televisión del siglo XXI la que salve a un carácter maltratado en sus anteriores versiones, incapaces de ver a sus responsables más allá de la anécdota de sus salvajes correrías. La sofisticación del inevitable romance entre el audiovisual y los cómics parece ser que, con más frecuencia de la que muchos quieren admitir, nos trae productos sobresalientes.  The Punisher es buena muestra de ello, y, desde luego, una alegría para los muchos fans del personaje.

Una respuesta a “The Punisher en la pantalla”

  1. Estupendo repaso a las versiones de un personaje con un atractivo muy oscuro: el vengador que secretamente llevamos dentro. Totalmente de acuerdo en el acierto de su último rostro, el de la serie de Netflix. Me acerqué a ella con pocas expectativas y me llevé una sorpresa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *