Críticas

Una velada reveladora

The Party

Sally Potter. Reino Unido, 2017.

Cartel de la película The PartyThe Party parece una obra de teatro por diversos motivos. En primer lugar, la acción transcurre en tiempo real, en un pequeño espacio y con reparto reducido. Cinco amigos se reúnen en la casa de una ambiciosa política, Janet (Kristin Scott Thomas), y su marido, Bill –un conocido intelectual ateísta (Timothy Spall)– para celebrar el reciente nombramiento de Janet como ministra de Sanidad. Aparte de los anfitriones, hay otras dos parejas: la cínica y realista April (Patricia Clarkson) y su distanciada pareja, Gottfried (Bruno Ganz) –un gurú espiritual autoproclamado, que a lo largo del filme profiere trivialidades como si fueran mensajes muy importantes, lo que resulta insoportable para April–, además de las recién casadas Martha (Cherry Jones), una profesora de los estudios de la mujer, y Jinny (Emily Mortimer), su esposa embarazada, a través de FIV, con los trillizos. También está el banquero Tom (Cillian Murphy), marido de Marianne, la subordinada de Janet, que llega un poco tarde.

En este microcosmos íntimo lleno de unos personajes tan distintos se desarrolla una comedia negra o, más bien, una farsa –una obra humorística dramática, en la cual los personajes están involucrados en situaciones poco probables.

Días de cine (15-02-2018) afirma que la cinta “derrocha acidez a través de unos diálogos sarcásticos que ajustan cuentas con un puñado de temas de incontestable actualidad”. La directora, la británica Sally Potter, confirma que la película se escribió y se rodó en una atmósfera de crisis política de divisiones, en un contexto de crisis de la verdad. Yo creo que no solo la crisis política tiene su espacio en la cinta, sino también, o más bien, sobre todo, la crisis ideológica. La película me parece una crítica de los tiempos de quiebre moral en los que vivimos y los estilos de vida en los que parecemos perdidos, bajo de la presión del híbrido de múltiples ideologías y dogmas, tales como el posmodernismo, el feminismo y el posfeminismo, el ateísmo, el racismo, etcétera. Eso queda muy bien reflejado a través de los diálogos brillantes, llenos de sarcasmo, como, por ejemplo: “Estoy orgullosa de ti, pero la democracia está acabada” (April); “No todos los días uno se convierta en ministro del corrupto e inútil partido de la oposición” (April); “Por fin tu renqueante partido tiene a alguien a cargo de la sanidad que tiene principios y ambiciones” (Martha). Potter sugiere que ese sarcasmo proviene de la ironía con la que los ingleses nacen en la sangre. La directora explica que “es una forma de ver con ligereza las cosas serias (…) La mortalidad, la salud, la infidelidad, los celos, la muerte (…) Todos esos grandes temas se vuelven mucho más fáciles de asimilar a través de la risa”. Hay algunas buenas secuencias que unen la ironía, el sarcasmo y la crisis, por ejemplo, cuando todos se enteran de la enfermedad terminal de Bill, y él admite que no fue el Servicio Nacional de Salud (inglés NHS), del que su mujer acaba de ser la jefa, sino un servicio privado el que le diagnosticó, porque en NHS habría tenido que esperar unas semanas antes de ver al médico. La crisis de NHS en la vida real es un tema muy grave y sensible en el Reino Unido, pero como ha dicho antes la directora, “a través de la risas, se puede seducir a la gente y atraerla a un espacio donde hacerla reflexionar sobre temas serios”.

The Party, película

Lo que merece un comentario más amplio es el estilo cinematográfico elegido por la directora para contar la historia. Empecemos con la cinematografía. Lo primero que llama la atención es que la película está rodada en blanco y negro. Al ver un filme contemporáneo en blanco y negro, me pregunto por qué los cineastas elijen esta forma de presentar la historia (a menos que sea por bajo presupuesto, por ejemplo) y casi siempre llego a una conclusión, creo que también es pertinente en este caso, que el blanco y negro realmente concentra la atención en el contenido, el argumento, en lo que está en el encuadre. A menudo, el color puede ser una distracción que impide crear una imagen simple y relevante. Además, con esta técnica, Potter hace referencia al medio clásico donde empezó el cine. “Algunas de las mejores películas, de las más inteligentes que he visto, son en blanco y negro”, explica. Y tiene razón, porque los diálogos y la interpretación en su filme son muy avispados. “El blanco y negro, en cierto sentido, es una aproximación más fiel a nuestra percepción de las crisis”, añade Potter, y aquí también estoy de acuerdo. “La vida es en color, pero en blanco y negro es más realista”, declara el camarógrafo Joe en El Estado de las cosas (Wim Wenders, 1982). Tal vez por la falta de distracción, me parece que el blanco y negro permite elevar al máximo el efecto que tiene la iluminación para sacar los emociones que desempeñan los actores, porque, como dice Roger Deakins, un director de fotografía británico, “las imágenes en blanco y negro son mucho más sobre el equilibrio entre la luz y la sombra en el fotograma”. Uno de los ejemplos más eficaces del uso de la iluminación en blanco y negro, en la película, es cuando Bill anuncia a Janet que tiene la intención de pasar lo que le quede de la vida con otra mujer. Otro elemento de cinematografía, a menudo aplicada por Potter en su filme, es la poca profundidad de campo. Parece que la cineasta continuamente intenta llamar la atención a lo que está en el centro de la trama y deja los detalles fuera de foco para que no nos distraigan. Además, esta técnica ayuda crear el microcosmos íntimo que Potter utiliza para reflejar los problemas que tienen lugar en la sociedad (post)moderna.

Timothy Spall en The Party

Lo último, pero no menos importante, que hay que mencionar es el papel que, en la película, desempeña la música. Su fuente es puramente diegética y viene del sofisticado gramófono operado por Bill, obviamente, un entendido en la música del mundo. Quiero decir que Bill selecciona las piezas musicales que perfectamente completan la historia, pero puede ser que sea la música que realmente determina el desarrollo de la trama, incluso cuando parece inapropiada. Tal vez, por esta razón, existen algunos planos que parecen ser tomados desde el punto de vista del gramófono, un testigo de los acontecimientos, a los cuales les dicta el ritmo. Además, la música crea efectos humorísticos, por ejemplo, cuando después de golpear a Bill, que parece muerto, Tom se asusta y pone música para animar a la víctima. Por casualidad, la pieza que elige frenéticamente, resulta ser “El Lamento de Dido” que también se llama “Cuando yazca en la tierra”, que en vez de levantar el ambiente, lo vuelve todavía más sombrío.

The Party es un filme con fuertes raíces dramáticas, es una experiencia completa, tanto para los aficionados al cine como a los que prefieren el teatro. De manera cinemáticamente sofisticada y afinada ofrece un comentario agudo e ingenioso sobre la sociedad contemporánea, dando un resultado entretenido y acertado.

Tráiler:

Ficha técnica:

The Party ,  Reino Unido, 2017.

Dirección: Sally Potter
Duración: 71 minutos
Producción: Christopher Sheppard
Fotografía: Aleksei Rodionov
Reparto: Timothy Spall, Kristin Scott Thomas, Patricia Clarkson, Bruno Ganz, Cherry Jones, Emily Mortimer, Cillian Murphy

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