Bandas sonoras: 

Música para un pasado inexorable

Título: The Irishman (2019) BSO

Autor/es: Robbie Robertson y artistas varios

Sello: Sony Masterworks.

Año: 2019

El esperadísimo regreso de Martin Scorsese a la pantalla con El irlandés (The Irishman, 2019) ha sido todo un acontecimiento luego de que su nombre fuera referencia obligada del extraordinario éxito de Joker. La película, la más cara del cineasta que hace diez años viene proyectando, es un drama criminal basado en el libro I Heard You Paint Houses (He oído que pintas casas) de Charles Brandt (publicado en España como Jimmy Hoffa, caso cerrado), que cuenta la historia de Frank Sheeran (Robert De Niro), sicario reconocido en el ambiente gangsteril, en el marco de uno de los grandes misterios sin resolver en la historia de los Estados Unidos: la desaparición del legendario jefe sindical Jimmy Hoffa (Al Pacino en su primera y ansiada colaboración con Scorsese). El tema de la mafia y sus personajes es algo que el realizador americano de ascendencia italiana conoce muy bien y ha retratado de manera colorida en anteriores films como Uno de los nuestros (Goodfellas, Arg. Buenos Muchachos, 1990), Casino (1995) e Infiltrados (The Departed, 2006), e incluso en Gangs of New York (Arg. Pandillas de Nueva York, 2002) y Malas calles (Mean Streets / Arg. Calles Salvajes, 1973).

Para la banda sonora de El irlandés Scorsese fue a lo seguro. Con más de cuarenta años de colaboración volvió a confiar en el canadiense Robbie Robertson para la música incidental y, como la historia se extiende a lo largo de varias décadas, echó mano de una muy cuidada selección de canciones de los años cuarenta y cincuenta que compiló con el supervisor musical Randall Poster. “Las canciones de The Irishman son como subirse a una máquina del tiempo, te transportan a la América de otra época. Sólo una película de Scorsese como El irlandés puede encender el pasado con tanta urgencia y ambición”, dijo Poster.

Fats Domino

La utilización de hits populares es un recurso que Scorsese ha reiterado en muchas de sus películas, algo que se convirtió ya en una marca de fábrica de su cine y que, además, le hace ahorrar dinero en presupuesto, ya que muchos de los temas musicales figuran en el dominio público y están exentos de derechos de autor.  Entre esos clásicos se incluyen In the Still of the Night de The Five Satins, Tuxedo Junction (Glenn Miller & His Orchestra), The Fat Man (Fats Domino), Delicado (Percy Faith & His Orchestra), Melancholy Serenade (Jackie Gleason), A White Sport Coat and a Pink Carnation (Marty Robbins with Ray Conniff), Qué Rico el Mambo (Pérez Prado) y el tema Song of the Barefoot Contessa por Hugo Winterhalter & His Orchestra, de la película La condesa descalza (1954), compuesto por Mario Nascimbene, entre otros.

Jackie Gleason

Robertson, fundador de la mítica agrupación canadiense The Band junto a Rick Danko, Garth Hudson, Richard Manuel y Levon Helm, que respaldara la primera gira eléctrica de Bob Dylan por Norteamérica y Europa, trabajó con Scorsese en la concepción misma de la banda sonora de El irlandés: “Esta es la décima película en la que he trabajado con Marty, y cada vez que lo hacemos, es una experiencia totalmente nueva», dijo Robertson. «La partitura de The Irishman fue una hazaña inusual. Tratamos de descubrir un sonido, un estado de ánimo, un sentimiento, que pudiera funcionar a lo largo de las muchas décadas en que se desarrolla la historia». Y remató: “Lo que tuve que hacer con la partitura de la película fue crear un sonido que nunca antes había hecho. No se supone que sea una cosa de dispararles a los ojos para nada. Es una sensación diferente, y me encanta”. Robertson explicó que el primer paso fue dividir la película en períodos. Con Scorsese pensaron específicamente en qué canciones servirían de contrapunto a cada fragmento temporal, pero trataron además de no utilizar las opciones más obvias. “Ahí es donde empezamos, y cuando llegó el momento de conceptualizar la partitura, Marty me dijo que la regla número uno tenía que ser que no debía sonar como la música de una película. ¿Estaba haciendo música para una película, pero no podía sonar como música de película? Eso eliminó muchas posibilidades, así que tuve que ir a un espacio musical en el que nunca había estado antes”.

Robbie Robertson y The Band

La relación con Scorsese comenzó en 1978, cuando el cineasta dirigió El último Vals (The Last Waltz), un documental que reseña la última presentación en concierto de The Band y su disolución. Robertson compuso para Scorsese las bandas sonoras de El rey de la comedia (The King of Comedy, 1982 – sin acreditación) y El color del dinero (Color of Money, 1986) y colaboró en Toro Salvaje (Raging Bull, 1980) como arreglador y productor musical, en Casino  como consultor musical, en Gangs of New York y El Lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, 2013) como productor musical ejecutivo, y en Shutter Island (Arg. La isla siniestra, 2010) como supervisor musical.

Pese a que Robertson compuso la partitura completa de El irlandés, fue el tema central denominado Theme from The Irishman, el que subyugó a Scorsese. Le aporta una calidad única e intemporal a la cinta y posee una especie de aura cautivadora con un siniestro rasgueo en guitarra acústica apoyado en una base rítmica de tambores que retumban metálicamente, que recuerda mucho al sonido del spaghetti western, en particular la melodía principal ejecutada en armónica solista que se alterna con un violoncello oscuro y lúgubre.

Pero, además, en la película hay una canción que es prácticamente el motivo musical de la trama, incluso más que la banda sonora de Robertson, y resume el concepto temporal de El irlandés. In the Still of the Night del grupo The Five Satins, que alguna vez fue sinónimo de juventud y del primer amor, en manos de Scorsese viene a capturar el paso inexorable del tiempo en la vida de los gangsters protagonistas. La canción, un doo-wop [1] que circula recurrentemente en el film, le infunde un profundo sentido de melancolía, una reflexión sobre el alcance de la vida humana y cómo el dolor, las mentiras y las pérdidas tienden a acumularse tras el tictac de un reloj.

Hace sesenta y tres años, cuando el grupo de adolescentes afroamericanos The Five Satins, en su Connecticut natal, cantaron por primera vez la canción en el sótano de la escuela católica St. Bernadette de New Haven, no podían imaginar que su hit duraría hasta bien entrado el siglo XXI. La canción ya había aparecido en la banda sonora de Dirty Dancing en 1987, que fue un super éxito y les aportó buenos dividendos a los Five Satins y a su líder Fred Parris, que hoy a sus 83 años ve cómo su hit vuelve a recobrar vigencia y llega a nuevas generaciones, de la mano de uno de los directores más prestigiosos de la historia del cine.

The Five Satins

En Malas calles, donde Scorsese ya mostró su amor por el doo-wop desde el principio, se centró en el potencial melódico de la canción Be My Baby de las Ronettes. En Uno de los nuestros aprovechó la legendaria manía paranoica de Harry Nilsson y su hit Jump Into the Fire, en la célebre secuencia del helicóptero que persigue a Ray Liotta. En Casino captó y detonó la violencia contenida de The Animals en su clásico House of the Rising Sun. Para todo aquel que ama estas películas, cada una de estas canciones ha quedado ineludiblemente conectada a su correspondiente film. Es casi un  hecho que dentro de unos años, cuando los fans de Scorsese escuchen In the Still of the Night de los Five Satins, El irlandés se corporizará de inmediato ante sus ojos.

[1] El doo wop (conocido en español con el nombre onomatopéyico du duá) es un estilo vocal de música nacido de la unión de los géneros rhythm and blues y góspel, desarrollado en comunidades afroamericanas de los Estados Unidos durante los años 40, alcanzando su mayor popularidad entre los 50 y los 60.

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