Críticas

Bello batir de alas de mariposa

The Duke of Burgundy

Peter Strickland. Reino Unido, 2014.

Póster promocional de The Duke of BurgundyThe Duke of Burgundy es una película fascinante. Quizá esa fascinación sea producto de la hipnótica forma que adoptan sus imágenes, a lo mejor es por la intimidad malsana en la que nos introduce su director, Peter Strickland. Nos convertimos en auténticos voyeurs, pero pasados por el prisma casi psicodélico con el que el autor de esta sorprendente obra enmarca sus escenas eróticas. Porque hay mucho de erotismo en la propuesta de The Duke of Burgundy, pero alejado de toda zafiedad prosaica o espectáculo  de vodevil. La belleza plástica de cada escena de este inesperado ejercicio de cine con mayúsculas aleja de lo evidente la relación física de las dos protagonistas, más centrado su director en lo sutil, en los detalles, en la extraña atmósfera que rodea  a estas mujeres.

La película nos cuenta la relación entre Cynthia y Evelyn, a todas luces poco convencional, por la época y la propia naturaleza ritual de sus encuentros. Más allá del elemento lésbico, en la relación entre ambas existe un perverso juego de dominación, basado en el fetichismo sadomasoquista, donde la sumisión y la humillación son parte consentida en la intimidad de la pareja. A pesar de que los roles en esta fantasía casi teatral están perfectamente definidos, fuera de la interpretación, las posiciones sobre dominadora y dominada son muy distintos. El enfermizo imaginario de ambas mujeres se cuela en su día a día, hasta el punto de que ambos aspectos de sus vidas se transforman en indiferenciables. El castigo traspasa el erotismo, y el deseo se mezcla con la obsesión.

La complejidad de emociones presentada por la propuesta de Strickland nos deja un relato tan perturbador como humano. Hay una economía tan maravillosa de personajes y espacios que la intimidad entre el espectador y la pareja protagonista es casi mística. El director nos invita a estas habitaciones entre el juego lascivo y la reflexión acerca de la condición humana en todo su esplendor. A pesar de que The Duke of Burgundy presenta un evidente elemento erótico, no es protagonista de las intenciones de la película. No hay una recreación libidinosa en los encuentros sexuales entre las protagonistas, y sí hay mucho de lirismo en la forma escogida por Strickland para presentarnos estos momentos de pareja. A cambio de los excesos, tenemos un fabuloso despliegue de emociones, a través de la poesía de lo pequeño en la imagen de este sorprendente director. Nos invita a mirar por el ojo de las cerraduras, a escuchar a través de las puertas cerradas, a sentirnos cerca de un sueño en sus percepciones sobre la luz y la forma, sobra la anatomía humana, a través de su cámara. Nos sumerge entre las cuatro paredes de un lugar que es mágico y enfermizo al mismo tiempo. Un lugar donde el castigo es deseo, un lugar fuera del tiempo y el espacio concreto, donde a estas mujeres les ha tocado vivir.

Imagen de The Duke of BurgundyHay lirismo en sus imágenes, sí, pero eso sería poco para una película redonda. La historia se mantiene por una magnífica construcción de personajes. La psicología de estas mujeres en un laberinto de pasiones y dudas nos dejan dos caracteres femeninos tan llenos de humanidad que resultan de una ternura inesperada. Strickland las maneja a la perfección para establecer los matices de su relato, plagado de paralelismos. Lo cotidiano se transforma en perverso, y viceversa. Hay fuerte carga de erotismo contenido, pero fuera de tener dos mujeres definidas por su sexualidad, vemos todo eso que las hace creíbles y cercanas, las debilidades que inician el conflicto entre ambas.

Hay ocasiones en las que Strickland se adentra tanto en su propio mundo que parece una renuncia clara a contar una historia. Ofrece poesía visual, abraza lo onírico y fantasmal, y la extravagancia gana enteros. El delirio se puede confundir con el mero ejercicio de estilo, pero el resultado de este juego es tan apabullante que se perdona el exceso. Esto, unido a la contención, elegancia y sobriedad de cada una de las escenas de The Duke of Burgundy, se traduce en una de las películas más bellas, valientes y provocadoras en años. El experimento con lo emocional, tanto en lo literario como en el trabajo en imágenes, constituye una experiencia única. No para todos los públicos, me temo. Muchos se aburrirán en el ritmo, en el decoro contenido de la película, que evita las necedades de erotismo pasado de vueltas. Pero si conectas con la propuesta de Strickland, hay cine de muchos quilates en The Duke Of Burgundy. Añadimos a la fórmula la música de Cat’s Eyes y el resultado es la vivencia sensorial más completa ante una pantalla de cine que hay en cartelera. El barroco e hipnótico acompañamiento musical termina de concretar el brumoso mundo de las dos protagonistas, y es tan especial y lleno de sensibilidad como el resto de las piezas de este perturbador cuento.

Las protagonistas de The Duke of BurgundyLa ternura sirve de contrapunto al juego sexual, la sensualidad se da la mano con la soledad, el erotismo no esconde el amor, y la extravagancia no oculta el hecho de que, al final, la historia de The Duke of Burgundy habla sobre desencuentros, sobre el límite entre la fantasía y lo cotidiano. Algo universal, pequeño y tratado de la manera más hermosa. Un triunfo, por fin, a descubrir en nuestros cines, tras casi dos años desde su estreno internacional. Un poco de justicia para una película sobrecogedora.

Tráiler:

Ficha técnica:

The Duke of Burgundy ,  Reino Unido, 2014.

Dirección: Peter Strickland
Guión: Peter Strickland
Producción: Rook Films / The British Film Institute / Protagonist Pictures
Fotografía: Nicholas D. Knowland
Música: Cat's Eyes
Reparto: Sidse Babett Knudsen, Chiara D'Anna, Monica Swinn, Eugenia Caruso, Eszter Tompa, Zita Kraszkó, Fatma Mohamed, Kata Bartsch

Santiago Negro

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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