Críticas

El osito o la chica, o ambos

Ted

Seth McFarlane. EUA, 2012.

Seth McFarlane se ha convertido en un referente de la parodia y el escarnio mundial, gracias a Padre de familia (Family Guy), primero, y a Padre Made in USA (American Dad!), después, dos seriales televisivos de animación que copiaban con descaro el exitoso formato de los decanos Los Simpson, para engrosar hasta la exageración las dosis de los tres elementos que elevaron a los altares catódicos la creación de Matt Groening: un cóctel de humor entre absurdo y gamberro, los cameos de celebrities y la crítica al estilo de vida y los valores tradicionales norteamericanos. McFarlane compensó su desafortunada reputación de imitador, demostrando ser todo un experto y un adicto en lo que a cultura pop estadounidense se refiere, condición que le ha llevado a triunfar en la televisión y a terminar exportando al cine su fórmula adulterada.

Todo en Ted, partiendo desde su magnífica idea original (que, una vez más, no es tan original si pensamos en Toy Story -John Lasseter, 1995-, aunque media una notable diferencia: ¿quién no quiso ser amigo de sus juguetes?), hasta ciertos chistes muy selectivos, no parecen responder más que al personalísimo capricho del director. Es su propia fantasía injertada en el patrón más común y trillado de la Nueva Comedia Americana: la incorporación a la vida adulta del hombre inmaduro. Sin embargo, esta deficiencia goza de una coartada que, desde el cobijo de la metáfora, incluso podríamos imaginar autobiográfica, la de vivir pegado a un osito de peluche desde los ocho años. Como en sus anteriores trabajos, McFarlane vuelve a presentar un producto tentador para los niños, pero no apto para ellos. Creaciones adultas en envases infantiles, corriente que es ya todo un signo de identidad de nuestro tiempo (y de sus artífices).

El arranque de Ted promete una diversión que nunca consigue cuajar en regularidad, pero, a cambio, puede presumir de un tempo delirante y una frecuencia más que aceptable de gags que guardan uniformidad casi matemática entre lo físico y lo verbal. Si el esqueleto del guión resulta tan endeble como el de una comedia romántica tipo, cada situación, por separado, se percibe como un sketch impecable y bien estructurado, indispensable para materializar el todo con soltura y eficacia. Y aunque hay secuencias y chistes que sobran por defecto (al contrario que unos flashbacks que rebosan cachondeo), no es más que otra de las privaciones del gusto de McFarlane: basarse en un criterio propio sin atender a una correcta pegada como fin ulterior. El deleite personal es lo que puede haberle llevado a cimentar la cosmogonía del filme en el mito hortera de Flash Gordon, incluyendo el correspondiente cameo del malogrado Sam J. Jones -que fuera nominado a los premios Razzie en la categoría de peor actor.

Paul (Greg Mottola, 2011) constituyó un digno paradigma posmoderno de la certera combinación entre animación tridimensional e imagen real (por cierto, ¿existe algo así como un contrato no escrito que exija que Santi Millán doble a los personajes animados de estas películas?) Ted sabe entrar mejor por los ojos: es más entrañable, más previsible y la integración de la animación está tan lograda que hace pensar en Mark Wahlberg como un gran monologuista (por mucho que McFarlane le diera la réplica). Tal y como ocurría en Los otros dos (The Other Guys, Adam McKay, 2010), donde dejó constancia de su aptitud para la comedia (que no vis cómica), Wahlberg vuelve a ceder toda la atención a su “compañero” de reparto. La situación también se ha extremado en este caso; Will Ferrel se bastaba y se sobraba para sacar adelante una parodia, pero no es nadie comparado con un peluche maleducado y salido a la hora de seducir a un público ávido de inventos. De hecho, la única duda que ocupa la mente tras ver al osito con vida es la que concierne a las posibles resoluciones dramáticas del filme. Porque Ted, aún con toda su incorrección política, es una especie de buddy movie a la inversa, donde el peluche pasa de tierno compañero de fatigas, a involuntario y pernicioso antagonista.

Así, el borrón más criticable de la cinta, que es esa diluida amenaza de los secuestradores, se antoja necesaria -por ser el único tramo del metraje que libera un poco de incertidumbre a tiempo real- para una catarsis también inversa e involutiva. Todo vuelve a su estado original: la chica cede por cansancio, cunde esa irresponsabilidad masculina tan salada y el bolsillo de McFarlane se llena con una rompedora taquilla y un jugoso merchandising que se aprovecha de la nostalgia analógica de los juguetes.

Ficha técnica:

Ted ,  EUA, 2012.

Dirección: Seth McFarlane
Guion: Seth McFarlane, Alec Sulkin y Wellesley Wild
Producción: Seth McFarlane, Jason Clark, John Jacobs, Scott Stuber y Wellesley Wild
Fotografía: Michael Barrett
Música: Walter Murphy
Reparto: Mark Wahlberg, Mila Kunis, Seth MacFarlane, Giovanni Ribisi, Laura Vandervoort, Joel McHale, Patrick Warburton, Jessica Stroup

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *