Críticas

Una luz en el vacío

Tan fuerte, tan cerca

Extremely Loud & Incredibly Close. Stephen Daldry. EUA, 2011.

Cartel de la película de Stephen DaldryEl 11 de septiembre de 2001, uno de los íconos arquitectónicos de Nueva York, hito de la cultura dominante estadounidense y cumbre de su poderío, fue derribado por dos aviones, desplomándose lentamente a la vista del mundo entero. Cientos de personas murieron y desaparecieron, y miles de familias quedaron profundamente afectadas por sus pérdidas. La realidad se transformó, y una cicatriz comenzó a surgir lentamente.

El caos, la muerte, la destrucción y el derrumbe, se entremezclaron con la vorágine de la Gran Manzana, su transporte, su gente, la velocidad, el tráfico, la vida cotidiana, entretejiendo un remedo de rutina matizada con melancolía y profunda tristeza. Historias hay miles, donde cada neoyorkino debe tener su propia aproximación a los hechos. En medio de todas éstas, Oskar Schell, un niño de nueve años, escucha por la contestadora a su padre desde el World Trade Center durante el atentado.

Stephen Daldry decide, tras su exitosa The reader (2008) regresar a la pantalla grande con una película que retrata uno de los episodios más amargos de Estados Unidos y, sin duda, el que más transformaciones ha generado en la percepción de la humanidad. Tan fuerte, tan cerca relata la historia de aquello que es tan fuerte y está tan cerca que podemos sentirlo, pero que ya no podremos tocar jamás.

Thomas Horn en Extremely Loud & Incredibly CloseBasada en la novela homónima de Jonathan Safran Foer, cuenta la perspectiva del fenómeno social desde la visión de un niño lleno de particularidades. Afectado por un síndrome denominado de Asperger[1], Oskar ha logrado superar sus miedos y fobias con la ayuda de un padre amoroso y en el equilibrio de una familia integrada. A Safran Foer parece gustarle, particularmente, el tema de la familia, sus raíces, el valor de la comunicación y la unión, y acompañar estas características con un personaje protagónico dotado de fijaciones y peculiaridades. Esto muy en el estilo de los ticks que manejan los hermanos Coen, con la diferencia de que Foer se vuelca más en las obsesiones y en desequilibrios menores.

Lamentablemente, el “líquido amniótico” que protege a Oskar del resto del mundo deja de existir, y la única esperanza que le queda para poder sobrevivir, es encontrar unos segundos más de cercanía con su padre. Por ello, vuelca toda su energía en emprender una aventura en la selva de asfalto, entre los rascacielos, los barrios bajos y el sistema de transporte de Nueva York, mientras la ciudad se mantiene a flote tras el colapso.

Esta excusa servirá para poder hacer un recorrido por varias microhistorias que referirán al sufrimiento ocurrido durante el 9/11, y el niño explorador funge como el hilo conductor para poder retratarlas. No obstante la referencia, esta parte de la historia parece no cuajar adecuadamente y, por su brevedad, no logra una empatía tan clara con el espectador, por lo que no es especialmente conmovedora. Lo que realmente va dando movimiento es toda la psique del personaje principal y su relación e interacción con el entorno, sus familiares y su percepción de la realidad.

El pandero y Oskar SchellEl logro mayor de Daldry en esta cinta es construir seres memorables, lo que se apoya con el sólido casting, pero sobre todo con la estructura narrativa que ha elegido para reforzar sus emociones. Si bien Thomas Horn puede verse como una “promesa” por su interpretación, mucho de este resultado ha sido la forma en la que el director inglés ha decidido mostrarlo: agobiado por sus temores, hundido en la agorafobia, transpirando una sinceridad cínica y desequilibrándolo en cada encuadre. No hay que olvidar que este director logra presentar a jóvenes con actuaciones consistentes, como la de Jaime Bell en Billy Elliot (2000).

La película, más que un retrato inminente de un fenómeno social, es una fábula moderna sobre la importancia de las relaciones humanas. Cuando todo es caos, cuando sólo se buscan explicaciones y las respuestas no aparecen, cuando se han perdido las esperanzas y no se ha ganado la batalla, sólo el amor verdadero puede saciar ese vacío y permitir que continúe la vida que parece que ha llegado a su fin.

Tan fuerte, tan cerca muestra que, a veces, los golpes son necesarios para poder reaccionar ante la realidad; por ello, sólo con penas grandes es posible tocar fondo y emerger de las cenizas. Todos los personajes de la película son supervivientes de sus propias emociones, han huido de sus miedos, han vivido sus peores pesadillas y han resarcido lo mejor que han podido sus errores. Esto sobre todo lo encarna el personaje de Max von Sydow, quien regresa a arreglar un pasado que parecía inmejorable y se ha condenado a sí mismo al silencio, convirtiéndose en lo único que el pequeño explorador tolera, en medio del ruido citadino.

Central Park y Nueva York como escenariosEn ocasiones, cuando la vida limita nuestro campo de visión y lo más terrible es lo único que nos cubre el pensamiento, no importa qué tan fuerte suene la verdadera respuesta a los problemas, o qué tan cerca esté la salida, nunca lo veremos, mientras no nos demos la oportunidad de continuar viviendo. Así, Oskar Schell debe descubrir lo que tiene a su alrededor, mientras coexiste con una realidad llena de complejos y repara su reciente pérdida a tumbos, con la ayuda de su pandero, y –sin darse cuenta- con su familia, que siempre está ahí, para acompañarlo en su camino.


[1] Trastorno de tipo neurobiológico que forma parte de un grupo de condiciones llamadas desórdenes del espectro del autismo.

Tráiler:

Ficha técnica:

Tan fuerte, tan cerca (Extremely Loud & Incredibly Close),  EUA, 2011.

Dirección: Stephen Daldry
Guion: Eric Roth. Jonathan Safran Foer (novela)
Producción: Scott Rudin
Fotografía: Chris Menges
Música: Alexandre Desplat
Reparto: Thomas Horn, Tom Hanks, Sandra Bullock, Max von Sydow

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