Series de TV 

Taboo

Con Taboo cerramos una pequeña trilogía de reseñas dedicadas al desembarco de HBO en España, que ya iniciamos con The Young Pope y Westworld. En realidad, Taboo es una producción de la BBC que podría haberse presentado como una serie de aventuras, pero es mucho más que eso, es un relato extraño, sórdido y oscuro acerca de un personaje que regresa a la civilización tras haber descubierto la barbarie, y lo más sorprendente es que la civilización, ese Londres de la época colonial, es mucho más salvaje y bárbaro que el lugar de procedencia del protagonista, un omnipresente Tom Hardy.

Se han señalado las similitudes entre esta serie y El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, lo que ocurre es que, en esta ocasión, el viaje no se produce desde la civilización hasta la barbarie, sino al contrario, al menos aparentemente. La serie, creada por Steven Knight, el propio Tom Hardy y su padre, Edward “Chips” Hardy, cuenta también con ellos como guionistas y supone una interesante mezcla de géneros. Dos son los directores que han dado cuenta de los ocho episodios de la primera temporada (aunque ya se ha anunciado una segunda): el danés Kristoffer Nyholm ha firmado las cuatro primeras entregas mientras que el finlandés Anders Engström ha hecho lo propio con la segunda mitad de la temporada.

El protagonista indiscutible de Taboo es Tom Hardy, que no solo protagoniza la serie, sino que la escribe y la produce. Hardy interpreta a James Keziah Delaney, un personaje que regresa a Londres en 1814 para reclamar la herencia de su padre, cuando todos lo habían dado por desaparecido e incluso por muerto. En Londres se reencuentra con su hermana, Zilpha (Oona Chaplin), a la que en el pasado le unió una extraña relación, y con la viuda de su padre, la actriz Lorna Bow (Jessie Buckley). Delaney es un personaje que arrastra muchos fantasmas, que ha conocido lo que para la mayoría permanece oculto y, sobre todo, que no está dispuesto a entregar sin más una de las propiedades que le ha legado su padre, el Estrecho de Nutka, enclave fundamental, ya que da acceso a la ruta comercial con China.

Taboo podría haberse convertido en un drama de época e incluso en una película de aventuras, pero poco imaginábamos que escondía intrigas palaciegas, espionaje, corrupción y, sobre todo, las miserias del poder. Delaney se enfrenta a todo y a todos para conservar el Estrecho de Nutka, aunque eso le lleve a situarse en el epicentro de una disputa que tiene como contendientes al gobierno de Estados Unidos, a la Compañía de las Indias Orientales y a la propia Corona británica. Aunque Delaney va por libre y consigue reclutar a un pequeño ejército de fieles, el verdadero antagonista de este antihéroe ejemplar es el señor Stuart Strange (un genial Jonathan Pryce), presidente de la Compañía de las Indias Orientales.

Una de las características más llamativas de la serie es su escenario principal, casi exclusivo: la ciudad de Londres, en concreto la parte más próxima a los muelles del Támesis, lo que convierte todo en un barrizal empantanado y fangoso, donde resulta imposible mantener limpia la ropa. Ese es el mundo en el que se mueve Delaney, cerca de delincuentes, matones y prostitutas, como le corresponde a un personaje lastrado por la locura de su madre, un pasado de esclavista y sus constantes contactos con el más allá.

Sin duda, todo en Taboo gira en torno al personaje interpretado por Delaney, que aguanta por sí solo toda la trama. Tom Hardy borda una interpretación que se sitúa en la misma línea que algunos de sus papeles en cine de los últimos años. Más oscura que la narrativa de Dickens, Taboo es una serie que ya anuncia el mundo de Jack el Destripador, con ciertas resonancias de la narrativa de las hermanas Brontë y algunas películas de Alfred Hitchcock. No está nada mal para tratarse del debut de Tom Hardy en la escritura de guiones y en la dirección de series.

Tráiler:

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