Críticas

Será...o no será

Sospecha

Suspicion. Alfred Hitchcock. EUA, 1941.

suspicion-cartelEl lenguaje cinematográfico ofrece, como en ningún otro arte, la oportunidad de entregarse al juego de la sugestión, de lo posible y lo oculto, de aventurarnos a pensar que algo podría o puede ocurrir sin tener pruebas directas de ello, el juego de hacernos creer si …, de facilitar información por el discurrir de las insinuaciones indirectas, de mostrar parcialmente, seducir mediante la interrogación y la incógnita y poner a trabajar a tiempo completo a nuestra imaginación. Esto puede ofrecerlo el lenguaje del cine, precisamente, por tener en la imagen su más alta expresión, y la imagen, sabemos, es selectiva y cargada de significado, por lo que es posible jugar con ese significado, alterarlo y crear otro nuevo en otro juego de superposiciones, fruto de un buen montaje. Lo sabemos, del mismo modo que sabemos que el maestro por excelencia de trabajar la sugestión, con la misma técnica y refinamiento que Miguel Ángel el mármol de Carrara, es y siempre será Alfred Hitchcock.

Con Sospecha (Suspicion, 1941), Hitchcock firma su segundo largometraje para la productora Selznick, esta vez prestando sus servicios como director cedido temporalmente a la RKO, pero manteniendo su esencia británica en el equipo técnico, ambiente e intérpretes protagonistas. Las dos estrellas que llenan de vitalidad, dinamismo y, sobre todo, calidad a la cinta son, para esta ocasión, una excelsa Joan Fontaine, quien había trabajado el año anterior con Hitchcock en la memorable Rebeca (Rebecca, 1940) y un encantador (en las dos acepciones del término, la positiva y la sombría) Cary Grant, en su primera colaboración con el director de Vértigo (Vertigo, 1958). Precisamente los dos únicos Oscar principales que han obtenido películas dirigidas por el genio del suspense han sido dos en las que ha intervenido la recientemente desaparecida Joan Fontaine, primero Rebeca ganó el galardón a Mejor Película en 1940 y con Sospecha la actriz británica se alzó con la estatuilla a Mejor Actriz Principal.

suspicion-1El argumento es sencillo, pero no por eso menos rico e interesante. Johnny Asgarth (Cary Grant) es un vividor que sólo se preocupa por aprovecharse de los demás para seguir disfrutando de los placeres de la vida, haciendo uso de su atractivo físico y sus dotes de encanto, lo que se conoce como un “playboy” modélico, un seductor egocéntrico que consigue atraer a las demás personas en su propio beneficio. Un día, casualmente, en un tren conoce a una bella joven, Lina (Joan Fontaine), de la que su padre piensa que nunca llegará a casarse. La atracción surge entre ambos, rápidamente. Él, atrapado por su belleza, y ella, por la posibilidad de desafiar a su progenitor en un acto de reafirmación que demuestre su capacidad de contraer matrimonio. La boda se celebra poco tiempo después y lo que parece que va a ser el inicio de una feliz vida conyugal se ve completamente alterado por una ligera sospecha, la sombra de una duda que se apoderará de la mente de Lina, hasta la angustia y desesperación: la idea de que su reciente marido quiera matarla para cobrar una cuantiosa suma y quedarse con su fortuna.

Esta es la pieza clave, la pregunta que perseguriá a Lina y a nosotros como espectadores, plenamente implicados en la trama, ¿de verdad quiere Johnny matar a su mujer o es sólo una impresión que tiene ella, resultado de dar un sentido equivocado a lo que ve en las acciones de su marido?

suspicion-4A partir de aquí, la duda, la intriga y la sugestión se apoderarán de cada fotograma y cada plano, impulsando al observador a creer y pensar como Lina, convenciéndose de que su marido prepara lo peor para ella. De hecho, uno de los mayores logros del filme es esa habilidad y maestría de Hitchcock por hacer ver al espectador con los ojos de sus protagonistas la historia narrada, en este caso nos sumergimos en la mente de Lina, vemos con sus ojos aquello que cree que ocurre a su alrededor, pensamos y creemos que de verdad su vida está amenazada, nos sentimos inmersos en una espiral de desconfianza creciente, transformada en obsesiva sospecha, sin que, y he aquí lo mejor, nada nos confirme clara y rotundamente que, en efecto, Johnny pretende lo que parece pretender.

La cinta está inspirada en una novela de Francis Isles, titulada Before the Fact (1932), y para la adaptación del guion contó con el trabajo de la esposa del mismo maestro del misterio, Alma Reville, y con Joan Harris y Samson Raphaelson, quien trabajó en diversos títulos del exquisito Ernst Lubitsch.

suspicion-2Entre los recursos para crear el ambiente de duda y misterio tan característicos del filme, el maestro inglés utiliza los habituales contrastes entre luces y sombras, aprendidos de su estancia como cineasta en Alemania, en los estudios UFA, una música adaptada al contexto y filigranas estilísticas e ingeniosas de entre las que resalta. por encima de todas, la ocurrencia de introducir una bombilla encendida dentro del vaso de leche ¿envenenado? que Cary Grant está subiendo por la escalera para llevárselo a su esposa, una imagen icónica para la memoria cinematográfica, en la que desde la parte superior de la escalera se vislumbra una negra silueta con un brillante vaso en la bandeja que porta en la mano y que resulta ser, por su efecto resplandeciente, el centro obligado de nuestra atención, como si Hitchcock dijera “mirad, fijaos en el vaso, brilla y… utilizad la imaginación”, sencillamente magistral.

Esta parte más oscura de la película contrasta con una previa, en la que parece reinar un ambiente de comedia y buenas sensaciones, un seductor que empieza lo que podría ser una nueva vida más estable con su encantadora y rica esposa, pero de la comedia, en la que Cary Grant se mueve como pez en el agua y fuera de ella, pasamos a la angustia de pensar que sobre la feliz vida matrimonial se ha erigido el manto del miedo y el terror tejido de desconfianza y aislamiento, duda y sombras.

suspicion-3Entre los aspectos que mayor controversia han ocasionado, está la imposición de un final “adecuado” a la necesidad de no presentar a Cary Grant como un criminal evidente, cuando había destacado por papeles simpáticos dentro de la dulce comedia romántica y fresca de los años treinta. En lugar del desenlace pensado por el director británico, el cual consistía en la confesión de Johnnie a su esposa de haberla envenenado, éste cumpliría la última voluntad de ella de enviar una carta, en la que se explicaba paso a paso el plan seguido por su marido, de manera que tirando la carta al buzón, estaría al mismo tiempo firmando su propia sentencia. En lugar de este final, como decimos, se optó por dejar la sugerencia, la posibilidad, de que Johnnie pudiera haber planeado realmente el asesinato de su esposa o, por el contrario, todo habría sido fruto de la imaginación de ella y de un conjunto de acciones malinterpretadas.

Con este final, lo cierto es que, a un servidor, le parece que se resalta y potencia el auténtico sentido de la piedra angular que da forma a todo el filme, que no es otra que la preparación de los dominios donde reina y gobierna la señora de todas las dudas: la sospecha. En este caso, la brillante sospecha.

Tráiler:

Ficha técnica:

Sospecha (Suspicion),  EUA, 1941.

Dirección: Alfred Hitchcock
Guión: Alma Reville, joan Harris, Samson Raphaelson
Producción: RKO Radio Pictures
Fotografía: Harry Stradling (B&W)
Música: Franz Waxman
Reparto: Joan Fontaine, Cary Grant, Sir Cedric Hardwicke, Dame May Whitty, Nigel Bruce

Álvaro Esteve Ferrer

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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