Críticas

Los caminos del azar son inescrutables

Solo las bestias

Seules les bêtes. Dominik Moll. Francia, 2019.

En una fría mañana en Minnesota, la jefa de policía Marge Gunderson se coloca un café caliente entre sus guantes mientras observa un coche volcado fuera de la calzada. Su compañero le comunica que ha habido un triple homicidio. Mientras inspecciona lo sucedido con minuciosidad, contémplanos una Minneapolis enterrada bajo la nieve donde el suelo y el cielo no se distinguen en color. Esto ocurre unos cuantos minutos después del inicio de la estrambótica y genial Fargo, de los hermanos Coen. Dominik Moll homenajea intencionadamente a la obra de culto de los noventa y sitúa la acción en un paisaje remoto en el sur de Francia donde los bosques están completamente teñidos de blanco. Hogar de agricultores y granjeros, un lugar en donde hay quilómetros de distancia entre casa y casa y en donde la mayor compañía de un hombre puede ser su mascota o su ganado. Pero aunque cinematográficamente su acercamiento a Fargo sea indiscutible (véase también el parecido entre los carteles promocionales de ambas películas), lo cierto es que la historia está basada en la novela de Colin Niel bautizada con el mismo nombre.

Alice, la protagonista de la primera historia, encuentra por casualidad un coche mal apeado fuera de la calzada. Al horizonte solo se vislumbra una extensión de nieve e incertidumbre. Los primeros respiros del filme parecen tomar el desvío clásico del cine de intriga, pero enseguida advertimos una fractura en cinco partes que recrean cinco historias diferentes; la desaparición y el crimen existen, pero las formas de contarlo cambian. Con una narrativa complementaria y accesoria, intenta explicar los motivos azarosos y las conexiones que los protagonistas tienen con lo sucedido.

A medida que vemos las historias de los cinco (o más) personajes involucrados, nos vamos adentrando en el relato de una forma desestructurada, e incluso pasamos del paisaje francés remoto y capado por la nieve a un barrio africano donde el sol y la manga corta poco tienen que ver, en apariencia, con los sucesos. Nosotros, como espectadores, tenemos el privilegio y, gracias a la forma de contarlo del realizador, de ser testigos desde las alturas de todo lo que ocurre y del por qué chocan fortuitamente todos estos personajes entre sí. Es una vista de pájaro, divina, diría, la que Moll nos invita a acceder, pues somos testigos de todos los puntos de vista posibles.

Dentro de esta amalgama de sucesos que se van dando la mano minuto a minuto, cada personaje de la historia tiene sus propios anhelos interiores que hacen avanzar la historia hacia un drama endiabladamente entretenido. Cada historia tiene una carga emocional que cobra vida por si sola y se independiza de su cordón umbilical, dejando que los pequeños detalles e incidentes desemboquen en un mismo punto. Es meritorio ver como Moll se las arregla para enlazar todo el puzle y como crea la tela de araña para dar a entender aquella famosa frase: “el aleteo de una simple mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo”.

Externamente lo apreciamos de esa forma y aplaudimos su estructura, pero, ¿qué hay dentro de Solo las bestias? Pese a que se trata el tema del adulterio, la búsqueda de la felicidad mediante lo material, el deseo o el tema de la incomunicación, todo esto dividido entre los diferentes personajes de las cinco historias, hay dos temas recurrentes que unen internamente y de manera emocional a todos sus protagonistas independientemente de que se ubiquen en la helada Francia o en la calurosa Costa de Marfil: la incomunicación y la soledad. ¿Por qué, si no, un hombre dormiría todas las noches junto a un cadáver?

Está claro que en la obra de Moll contiene mensaje, el único inconveniente es que la capa de hielo de su narrativa es tan compacta, que lo peor que le puede suceder es que el resultado final quede congelado bajo su ficción. Es una película atrapante desde el minuto cero, su forma de contar nos hace ver todos los movimientos y, gracias al montaje, volvemos a las mismas historias desde punto de vistas diferentes, no solo estéticamente, sino desde la subjetividad de otro protagonista que, minutos atrás aparecía como un hueco que aparentaba no tener mayor importancia. Y así se completan 120 minutos de una película que va hacia atrás y hacia adelante, que va tapando agujeros argumentales mientras se las arregla perfectamente para hablar de relaciones prohibidas, del deseo, de las esperanzas depositadas en el amor y de la soledad. Como bien reza en una de sus frases que bien podría aparecer en su cartel promocional: el azar es superior a todo.

Ficha técnica:

Solo las bestias (Seules les bêtes),  Francia, 2019.

Dirección: Dominik Moll
Duración: 117 minutos
Guion: Gilles Marchand, Dominik Moll (Novela: Colin Niel)
Producción: France 3 Cinéma, Haut et Court, Razor Film
Fotografía: Patrick Ghiringhelli
Música: Benedikt Schiefer
Reparto: Denis Menochet, Valeria Bruni Tedeschi, Laure Calamy, Nadia Tereszkiewicz, Damien Bonnard, Bastien Bouillon, Guy Roger 'Bibisse' N'Drin

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